Volví a hablarte de flores amarillas, de citas. Y como si me hubieran escuchado una de ellas se cumplió.
Mi familia insistió en que preguntara si querias aquello tanto como yo, y aunque teníamos miedo de la respuesta nos dijeron algo a medias. Algo que de todas formas nos alegro el corazón.
Ahora estoy en una esquina, mirando flores tan bien organizadas que me revuelven el corazón y quise compartir lo que mis ojos ven con una foto.
Pero tus palabras me afectaron más que un te quiero, que un te amo; Voy a ser completamente sincero, cuando me enseñas esas flores la primera cosa que aparece en mi mente es comprarlas para ti.
Y aunque hace un momento me ayudabas a crear criaturas para una historia que quiero hacer, lo que dijiste con tan falsa tranquilidad me puso a dar vueltas entre cuanto te quería y cuánto eso iba aumentando. Eres adorable, ¿sabías?
Disfruto tanto cada día a tu lado que antes de irme a dormir pienso en lo que haremos mañana, en aquello a lo que diré si, como un abrazo, tan simple como eso, pero que de todas formas nos hacen fundir el cerebro, la vida, todo. Porque lo único que queremos es no volver a soltarnos.