Estuve todo el día pensando en lo bonito que sería si estuvieras, en tu cara sonriente cuando volviéramos a vernos. Cuando tratara de engañarte diciendo que tardaría más tiempo. Pero no era cierto. Estuve ahí en poco tiempo.
Esperando que entraras por esa puerta y te dieras cuenta de que estaba allí, mirándote a la distancia. Con las manos temblorosas y el corazón en las manos a punto de ir detrás de ti. Me tomo por sorpresa tu reacción, todavía no me acostumbro a la dulce sensación que se arremolina en el centro de mi existencia.
Tal vez sean los efectos del primer amor. Del primero intento, del primer abrazo conociendo que eramos más que solo tu y yo. Eramos nosotros dos. Y pensé en un despiste, ¿que tan buena idea sería si realmente hubieras sido tu quien se sentaba a mi lado?
Quizá mi día no se habría sentido tan extraño, sin poder hablar de ti ni de mi misma porque no había nadie para escucharlo y sin embargo, estaba tan contenta con el simple hecho de pensarnos. Con el simple saber que en cuanto pasará el tiempo me tomarías de la mano y dirías todo aquello que hace que mi mente y corazón vuele demasiado lejos como para alcanzarlos.
Y es entonces donde me he descubierto a mi misma sonriendo como una tonta, mientras veia, sin aun ir a tu encuentro, a mi buena amiga abrazando a su pareja y he pensado en ti, en decirle a todo el mundo que gane algo valioso solo por ser yo. Y que tu habias llegado a mi siento tu. Unicamente tu. Y no miento y lo sabes, cuando digo que imaginaba muchas cosas diferentes.
Nunca me sente a pensar que algun dia tendria a alguien regalandome sueños ni esperanzas ni ansolutamente nada, pero ahora que vuelvo a sentir tus manos en mi cabello o tu cabeza ligeramente recostada sobre mi hombro es que logro entender que siempre quise esto pero me negaba a gritarlo con firmeza a los cuatro vientos porque aun no habias llegado para escuchar mi voz. Por que aun no eras tu quien estaria al otro lado. Por que eras tu y solo tu.