De nuevo volvimos a hablar de historias y deseos que queríamos lograr. Y como si siempre hubieras estado preparado, comenzaste a incluirme en cada una de esas veces donde parecía correcto estar.
Mi corazón vive entre ilusiones y nubes hechas de azúcar. De tus apodos que me agitan los nervios, provocando que mi alma se sienta un poco extraña.
Tal vez comprendida sea la palabra.
Y recordé las veces que me llamabas hermosa.
Y a todas esas parejas que aparecían frente a mis ojos para decirme que ahora formaba parte de aquel universo que nunca me atreví a desear en voz alta.
Pero como si leyeras mi mente... ahí estabas.
Esperando a que volteara. Manos entrelazadas con dulzura, tanto que el frío en las tuyas no se sentía.
Solo se que me gusta mirarte, abrazarte, saber que estas en alguna parte.
Aunque lejos.
Porque ahora no solo soy yo quien se siente de esta forma hacia alguien más, ahora no es otro que me oberve de formas que no entiendo y que me revuelven el estómago. Ahora los dos sentimos tal comodidad que es difícil descifrar como pudimos estar tanto tiempo sin habernos encontrado.