Mi corazón no es tuyo

Capítulo 8: Verdadero miedo

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Su primer encuentro con Honey después de que regresara al Grupo Ferraro no había sido sencillo de procesar. Verla frente al consejo, segura de sí misma y anunciando que pronto dejaría de llevar su apellido todavía le daba vueltas en la cabeza.

Pero encontrar a sus padres y a Kylian Ferraro reunidos en su despacho, claramente esperándolo, consiguió que Bruno tragara saliva. Ninguno de los tres parecía estar allí para conversar de negocios.

Su madre fue la primera en levantarse. —Por fin llegas.

Bruno cerró la puerta detrás de él y recorrió los tres rostros con la mirada. Su padre permanecía sentado con expresión seria, mientras Kylian ocupaba el sillón frente al escritorio con una tranquilidad que, conociéndolo, resultaba mucho más preocupante que verlo enfadado.

—¿Qué ocurre?

Su madre tomó el teléfono que había dejado sobre la mesa y levantó la pantalla frente a él.

—¿Quieres explicarnos por qué tuvimos que enterarnos por un canal de chismes de que tu esposa te dejó?

Bruno extendió la mano y tomó el aparato. Una fotografía de Honey entrando al Grupo Ferraro ocupaba gran parte de la pantalla: El titular hablaba de una posible ruptura entre los herederos De Santis y Ferraro, especulaba sobre las consecuencias empresariales de la separación.

—No deberían creer todo lo que publican —dijo, olvidando por un instante que su suegro estaba allí.

—¿Está viviendo contigo? —preguntó su padre.

Bruno apretó la mandíbula. —No.

—Entonces esa parte parece bastante acertada.

Dejó el teléfono sobre el escritorio con más fuerza de la necesaria y miró a Kylian. Su suegro se incorporó lentamente.

—Mi hija no me contó qué ocurrió entre ustedes y no voy a obligarla a hacerlo, pero conozco a Honey. Para que dejara su casa con Gartze en brazos en mitad de la noche, tuvo que pasar algo serio.

Bruno desvió la mirada.

—Fue una discusión entre mi esposa y yo.

—Lo sé. —Kylian acomodó los puños de su camisa. —Y seguirá siendo asunto de ustedes mientras Honey quiera que así sea.

La calma de su suegro lo incomodó más que si hubiera levantado la voz. La advertencia estaba allí, aunque Kylian no necesitará pronunciarla.

—Entonces ¿por qué estás aquí?

Kylian sostuvo su mirada.

—Porque esa mujer sigue siendo mi hija. No voy a quedarme de brazos cruzados mientras se convierte en el tema de conversación de media ciudad. Si la lastimaste, espero que al menos tengas la suficiente hombría para dejarla ir.

Bruno permaneció en silencio, Kylian no necesitó ninguna respuesta, tomó la chaqueta que había dejado sobre el respaldo del sillón y se puso de pie.

—Lo que ocurra con tu matrimonio tendrán que resolverlo ustedes. Pero la próxima vez que vea el nombre de mi hija convertido en entretenimiento para desconocidos, espero que no sea porque tú decidiste alimentar esos rumores.

Bruno tensó la mandíbula. Kylian caminó hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo. Mantuvo una mano sobre el picaporte y giró lo suficiente para mirar nuevamente a Bruno.

—Honey no necesita que yo pelee sus batallas, pero sigue siendo mi hija y voy a defenderla. Si alguien intenta humillarla o lastimarla, me tendrá enfrente, y te aseguro que hundiré a quien sea necesario por protegerla.

Bruno sostuvo su mirada, pero Kylian todavía no había terminado.

—Nunca me gustó tenerte como yerno.

La confesión lo tomó desprevenido. Kylian soltó una respiración y negó lentamente.

—Cuando surgió el acuerdo, consideré perderlo todo antes que verla casarse contigo, jamás quise que sintiera que tenía que sacrificarse para salvar lo que yo había construido.

La mandíbula de Bruno se tensó. —Honey tomó su propia decisión al casarse conmigo.

—Lo sé. —La respuesta de Kylian fue inmediata. —Por eso la respeté. Ella te eligió aun sabiendo cómo comenzaría ese matrimonio y durante tres años hizo todo lo posible por convertirlo en algo verdadero.

Sus ojos se endurecieron y sin más salió del lugar dejándolo solo con sus padres. La puerta se cerró detrás de él.

Bruno permaneció mirando el lugar por donde había desaparecido durante unos segundos antes de girarse hacia sus padres.

—¿Algo más?

Su madre caminó directamente hacia él. La bofetada llegó sin previo aviso y Bruno permaneció inmóvil durante un segundo antes de mirarla con incredulidad.

—Mamá.

—Eso es por conseguir que una mujer como Honey abandonara su propia casa con una niña de dos años en brazos.

Bruno apretó la mandíbula.

—No sabes qué ocurrió.

—No necesito saber cada detalle para entender una cosa. —Su madre señaló hacia él con evidente indignación. —Si alguien tenía que largarse esa noche, debiste ser tú.

Su madre alzó la mano nuevamente.




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