~ Narrador ~
Me encontraba en mi empresa, sentado frente a mi computadora, aunque por unos minutos había dejado de lado todos los asuntos relacionados con el trabajo.
Había algo que disfrutaba hacer incluso después de un día lleno de reuniones, documentos y decisiones importantes.
Hacer streaming.
Encendí la cámara y, casi de inmediato, comenzaron a aparecer cientos de mensajes en el chat.
-¡Por fin llegaste!
-¡Te estábamos esperando!
-¡Haz otro directo mañana!
Sonreí mientras leía algunos de los comentarios.
Había pasado bastante tiempo desde que comencé a hacer streams y todavía me parecía increíble ver hasta dónde había llegado.
Más de un millón de personas seguían mis transmisiones.
Millones de personas conocían mi nombre, estaban pendientes de lo que hacía y esperaban verme frente a una cámara.
También había conseguido convertirme en un empresario importante.
Pero, a pesar de todo lo que había conseguido, había algo que el dinero, la fama y los seguidores jamás podrían reemplazar.
Las personas que realmente me importaban.
Solo había tres personas a las que consideraba verdaderamente importantes en mi vida.
De esas tres, podía ver a dos con frecuencia.
Pero había una persona a la que llevaba muchísimo tiempo sin ver.
Rosa.
Hacía demasiado tiempo que no sabía nada de ella.
Ni una llamada.
Ni un mensaje.
Ni siquiera una pequeña señal que me hiciera saber cómo estaba.
Muchas veces había pensado en escribirle por Instagram, pero siempre terminaba deteniéndome.
No sabía si quería hablar conmigo.
No sabía si había seguido adelante con su vida.
Y tampoco sabía si después de tantos años todavía se acordaba de mí.
Aun así, nunca dejé de preguntarme cómo estaría.
Después de aproximadamente una hora, decidí terminar el streaming.
-Bueno, chicos, creo que por hoy es suficiente. Gracias por estar aquí conmigo. Nos vemos en el próximo directo.
Me despedí de mis seguidores y apagué la transmisión.
La habitación quedó completamente en silencio.
Me recosté unos segundos en mi silla y miré fijamente la pantalla apagada.
Había sido un buen streaming, como casi todos últimamente.
Pero aquella noche me sentía diferente.
Sin saber exactamente por qué, volví a pensar en Rosa.
Me pregunté dónde estaría.
Qué estaría haciendo.
Si habría cambiado mucho.
Si todavía conservaría aquella forma tan particular de hacerme reír.
Y, sobre todo, si alguna vez habría pensado en mí.
Suspiré y traté de sacar esos pensamientos de mi cabeza.
Tenía trabajo pendiente.
Tomé algunos documentos que estaban sobre mi escritorio y comencé a revisarlos. Había contratos que debía analizar, algunos asuntos de la empresa que necesitaban mi atención y varios pendientes que había estado posponiendo.
Intenté concentrarme.
Pero entonces...
Mi celular vibró.
Lo miré de reojo.
Había recibido un mensaje.
Tomé el teléfono sin darle demasiada importancia.
Hasta que vi el nombre de la persona que lo había enviado.
Me quedé completamente quieto.
Rosa.
Por unos segundos pensé que quizá estaba imaginándolo.
Después de tanto tiempo...
¿Realmente me había escrito?
Sentí una alegría difícil de explicar.
Abrí inmediatamente el mensaje.
Rosa:
Hola, después de tanto tiempo sé que tendrás muchas preguntas y pronto te las responderé. He visto todos los seguidores que tienes en Twitch. Te felicito, también eres un gran empresario. Estoy muy contenta por ti.
Luego iré a visitarte. Espero que no te hayas olvidado de mí.
No pude evitar sonreír.
Sentí una especie de nostalgia recorrerme por completo.
Había esperado tanto tiempo para volver a saber de ella que ahora no sabía ni siquiera qué responder.
Todo lo que había conseguido era, en parte, gracias a ella.
Rosa había sido una de las pocas personas que creyó en mí cuando todavía no tenía nada.
Cuando apenas tenía sueños y muchas dudas sobre lo que quería hacer con mi vida, ella siempre encontraba la manera de animarme.
Nunca olvidé eso.
Por eso, leer nuevamente su nombre en mi pantalla significaba mucho más de lo que ella podía imaginar.
Tomé aire antes de comenzar a escribir.
No quería responder demasiado rápido.
Pero tampoco quería tardar.
Sabía que si no aprovechaba aquel momento, quizá volvería a pasar muchísimo tiempo antes de recibir otro mensaje suyo.
Finalmente, escribí:
Yo:
Claro que me acuerdo de ti. Te extraño mucho, amiga.
Y claro que puedes venir cuando quieras a mi empresa.
Pero ya no te vuelvas a perder, Rosa.
Le di enviar.
Después dejé el celular sobre el escritorio.
Intenté volver a los documentos.
No pude.
Cada pocos segundos miraba el teléfono esperando que apareciera una nueva notificación.
Hasta que finalmente...
Vibró otra vez.
Lo tomé rápidamente.
Rosa:
Sí, amiguito. Te seguiré mandando mensajes siempre y me mantendré en comunicación contigo.
Sonreí.
-Eso espero... -murmuré para mí.
Por primera vez en mucho tiempo sentí que algo que había perdido estaba regresando a mi vida.
Estaba a punto de dejar nuevamente el celular cuando apareció otra notificación.
Esta vez el mensaje era diferente.
Lo abrí.
Rosa:
¿Te acuerdas de que hace tiempo casi me enfermaba de cáncer?
Mi sonrisa desapareció.
Me quedé mirando la pantalla sin saber qué responder.
Aquellas palabras habían conseguido llevarme varios años atrás en cuestión de segundos.
Recordé aquel momento.
Las llamadas.
Las preocupaciones.
El miedo.
Las noches en las que ninguno de los dos sabía qué podía suceder al día siguiente.
Rosa había pasado por una de las etapas más difíciles de su vida y yo había estado junto a ella.