Mr. Dcbx. (corrigiendo y editando)

Capitulo 6

Parte 1

Tiempo atrás

~ Rodrigo ~

Desde que había terminado mi relación, mi casa se sentía un poco diferente.

Ya no tenía a alguien esperando mis mensajes, ni planes que hacer después del trabajo, ni una persona a la que contarle cómo había sido mi día.

Y, sinceramente, al principio pensé que estaría bien.

No necesitaba una relación.

Eso me repetía cada vez que alguien me preguntaba si pensaba volver a salir con alguien.

Pero entonces Daniela comenzó a aparecer cada vez más seguido.

Al principio venía simplemente porque quería pasar tiempo con mi familia.

Después empezó a quedarse a comer.

A veces hablaba con mi mamá durante horas.

Otras veces se encerraba en la cocina con Roxana mientras yo escuchaba sus risas desde otra habitación.

Y, sin darme cuenta, empecé a acostumbrarme a verla en casa.

—¿Vas a salir? —preguntó Roxana una tarde mientras bajaba las escaleras.

—No.

—¿Entonces por qué llevas media hora arreglándote?

La miré confundido.

—No llevo media hora arreglándome.

Roxana sonrió.

—Claro.

—¿Qué?

—Nada.

No entendía por qué me miraba así.

Hasta que escuché el timbre.

Daniela.

Bajé la mirada hacia mi ropa y después volví a mirar a Roxana.

Ella soltó una pequeña risa.

—No digas nada —le advertí.

—Yo no he dicho nada.

Daniela entró unos segundos después.

—Hola.

—Hola —respondí.

Y no sé por qué, pero sonreí.

Ella también.

Fue algo pequeño.

Un simple saludo.

Pero últimamente esas pequeñas cosas comenzaban a importar demasiado.

Con el paso de los días, Daniela y yo empezamos a pasar más tiempo juntos.

No era algo planeado.

Simplemente ocurría.

A veces veíamos películas con Roxana.

Otras veces terminábamos hablando hasta tarde.

Incluso había días en los que Daniela llegaba a casa y lo primero que hacía era preguntarme cómo había estado mi día.

Y yo hacía lo mismo con ella.

Era fácil hablar con Daniela.

No tenía que fingir.

No tenía que pensar demasiado antes de decir algo.

Podía ser yo mismo.

Y quizá ese era el problema.

Porque cada vez me gustaba más tenerla cerca.

Una tarde, mientras Roxana y Daniela estaban en la cocina, me quedé observándolas desde la sala.

Roxana se reía de algo que Daniela acababa de decir.

Daniela tenía esa sonrisa que parecía aparecer con facilidad cuando estaba cómoda.

No sé cuánto tiempo me quedé mirándola.

—¿Qué miras?

La voz de Roxana me hizo reaccionar.

—Nada.

—Claro.

—¿Qué quieres?

—Nada. Solo preguntaba.

Se fue hacia la cocina.

Yo negué con la cabeza.

No entendía por qué últimamente todo el mundo parecía darse cuenta de cosas que yo ni siquiera entendía.

Los días siguieron pasando.

Daniela comenzó a formar parte de nuestra rutina casi sin que nos diéramos cuenta.

Si Roxana quería salir, Daniela estaba invitada.

Si mi mamá preparaba algo especial, preguntaba si Daniela vendría.

Y si yo tenía un día complicado, de alguna manera terminaba contándoselo.

Ella también empezó a confiar más en mí.

Aunque había momentos en los que parecía distraída.

A veces la encontraba mirando hacia algún punto, como si estuviera pensando en algo que no quería contar.

Cuando le preguntaba si estaba bien, siempre sonreía.

—Sí, estoy bien.

Y yo le creía.

O al menos eso pensaba.

Una tarde estábamos sentados en la sala.

Roxana hablaba de cualquier cosa mientras Daniela la escuchaba.

Yo apenas prestaba atención.

Estaba mirando a Daniela.

No sabía exactamente qué había cambiado.

Antes podía verla y no pensar demasiado.

Ahora comenzaba a fijarme en cosas pequeñas.

En la manera en que sonreía.

En cómo se acomodaba el cabello cuando estaba nerviosa.

En cómo bajaba la mirada cuando alguien la hacía sentir avergonzada.

Y eso empezaba a confundirme.

Porque estaba soltero.

No le debía explicaciones a nadie.

Pero tampoco estaba buscando enamorarme.

O eso creía.

—¿Por qué me miras tanto? —preguntó Daniela de repente.

Me quedé quieto.

—¿Yo?

Ella sonrió.

—Sí, tú.

—Estaba pensando.

—¿En qué?

—En nada importante.

—Entonces estabas pensando en mí.

Roxana soltó una carcajada desde el otro lado de la sala.

Yo negué con la cabeza.

—Qué creída.

Daniela se rio.

—Solo preguntaba.

Pero cuando volvió a mirar hacia otro lado, me descubrí sonriendo.

Y no pude evitar preguntarme desde cuándo estar cerca de ella se había vuelto algo que esperaba con tantas ganas.

Esa noche, Daniela se despidió de mi familia y caminó hacia la puerta.

—Nos vemos mañana —dijo.

—¿Mañana?

Ella sonrió.

—Si quieres.

—Claro que quiero.

La respuesta salió demasiado rápido.

Roxana, que estaba detrás de nosotros, levantó una ceja.

Daniela soltó una pequeña risa.

—Entonces nos vemos mañana.

—Sí.

La vi alejarse por la calle.

Y cuando cerré la puerta, me quedé unos segundos en silencio.

No sabía qué estaba pasando.

Solo sabía una cosa.

Desde que Daniela había llegado a mi vida, mi casa ya no se sentía tan vacía.

Y quizá yo tampoco.

Lo que todavía no sabía era que Daniela estaba guardando algo que podía cambiarlo todo.

Algo que Roxana ya conocía.

Y que, por alguna razón, ninguna de las dos estaba preparada para contarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.