(Ahora)
Desde aquella comida en mi casa, Daniela ya no había vuelto a la oficina.
Al principio pensé que simplemente estaría ocupada, pero después pasaron los días y tampoco contestaba mis mensajes.
Eso comenzó a preocuparme.
Sobre todo porque apenas unos días atrás me había dicho que ya no volvería a desaparecer de esa manera.
No entendía qué estaba pasando con esa niña.
Así que decidí investigar un poco.
Llamé a su trabajo y pregunté por ella.
Me dijeron que estaba en el hospital, pero no quisieron darme más información.
Eso fue suficiente para que tomara mis cosas y saliera de la oficina lo más rápido posible.
Cuando llegué al hospital, comencé a buscarla por todas partes.
Pasé por varios pasillos hasta que finalmente la encontré.
Estaba en el área destinada a pacientes con cáncer, conversando con unas jovencitas.
Me quedé unos segundos en la entrada.
Las chicas voltearon a verme y algunas se quedaron mirándome con curiosidad.
Supongo que después de tantos días sin ver a Daniela me había dedicado demasiado al ejercicio y al trabajo, porque incluso yo notaba que había cambiado un poco.
Daniela levantó la mirada.
En cuanto me vio, se puso nerviosa.
—Hola... ¿qué haces aquí?
Su voz sonó un poco tensa.
—Es que me preocupé por ti. Ya no contestabas mis mensajes y no sabía dónde estabas.
Ella bajó la mirada.
Antes de que pudiera decir algo, una de las chicas sonrió.
—Entonces este es el famoso novio del que nunca nos habías hablado.
Daniela abrió los ojos sorprendida.
—¡No es mi...!
No la dejé terminar.
—¿Así que hablas de mí cuando no estoy?
La miré con una sonrisa divertida.
Las chicas soltaron una carcajada.
Daniela se puso roja inmediatamente.
—¡Rodrigo! No les hagas caso.
—¿Qué? Yo solo quiero saber qué les has contado de mí.
—Nada —respondió rápidamente.
—Eso sonó sospechoso.
Las chicas volvieron a reír.
Una de ellas negó con la cabeza, divertida.
—Definitivamente parecen novios.
Daniela se quedó callada unos segundos y bajó la mirada.
Yo también guardé silencio.
No sabía por qué, pero escuchar aquello no me había molestado en absoluto.
—Bueno... —dijo la chica—, ya que estamos hablando del misterioso novio, ¿cómo se llama?
Sonreí.
—Rodrigo. Mucho gusto.
La chica de cabello rubio, con algunos mechones rosados y ojos azules, sonrió.
—Charlotte.
La otra chica, de cabello castaño y ojos verdes, levantó la mano.
—Anahí.
—Un placer conocerlas.
Daniela miró la hora y después volvió a mirar a sus amigas.
—Bueno, ya me voy. Nos vemos la próxima semana. Ya saben, por el trabajo. Aunque después pediré permiso para venir a verlas.
Las dos sonrieron.
—Sí, Dani. No te preocupes. Nos hablamos por mensaje y llamada.
Salimos juntos del hospital.
Apenas estuvimos afuera, noté que Daniela estaba bastante nerviosa.
Caminamos unos pasos en silencio hasta que finalmente me miró.
—¿En serio estabas muy preocupado?
La observé durante unos segundos antes de responder.
—Sí. Estaba muy preocupado por ti. ¿Por qué no me dijiste que venías a ver a tus amigas?
Ella sonrió.
—Perdón, tontito. Es que mi teléfono estaba apagado y perdí la noción del tiempo.
Hizo una pequeña pausa.
—Además, me gusta disfrutar cada minuto con ellas. Nunca sabes cuándo te toca, Rodrigo.
Sus palabras me hicieron quedarme en silencio.
Daniela me miró fijamente y después acarició suavemente mi brazo.
No sé qué pasó por mi cabeza en ese momento.
Solo sé que quería acercarme.
Un poco más.
Y otro poco.
Hasta que nuestros rostros quedaron demasiado cerca.
Mi mirada volvió a caer sobre sus labios.
Ella tampoco se apartó.
Por un instante pensé que finalmente iba a besarla.
Pero justo antes de que nuestros labios llegaran a tocarse, mi teléfono comenzó a sonar.
Los dos nos alejamos inmediatamente.
Solté una pequeña risa nerviosa y contesté.
Era una llamada de la empresa.
Tenía que regresar porque había una reunión importante.
Guardé el teléfono y miré a Daniela.
—¿Te llevo a tu casa?
Ella desvió la mirada.
—Gracias, pero mi casa está cerca. Además, debes regresar pronto a tu trabajo. No te preocupes, Rodrigo.
Me dio un beso en la mejilla y comenzó a caminar en dirección contraria.
—Daniela, cuando llegues a tu casa me avisas.
Ella se dio la vuelta y me sonrió.
Pensé que simplemente se iría.
Pero ocurrió algo inesperado.
Daniela comenzó a correr hacia mí.
Antes de que pudiera reaccionar, me dio un abrazo.
La sujeté por impulso y ella terminó rodeándome con las piernas por la cintura.
Los dos nos quedamos así durante unos segundos.
Entonces se acercó a mi oído y susurró:
—Claro que te mandaré un mensaje, Mr. DCBX.
Después me soltó.
La vi alejarse hasta llegar a donde estaba esperando un taxi.
Antes de subir, volvió a mirarme y sonrió.
Yo levanté la mano para despedirme.
El taxi comenzó a avanzar y me quedé observándolo hasta que desapareció.
Me quedé quieto unos segundos.
Había algo diferente.
Algo que no sabía cómo explicar.
Durante mucho tiempo había pensado en Daniela como mi amiga.
Mi compañera.
Una persona importante para mí.
Pero después de aquel día, ya no estaba tan seguro.
Quizá lo que sentía por ella había cambiado mucho antes de que yo quisiera admitirlo.
Tal vez ya no era solamente cariño.
Y por primera vez tuve que hacerme una pregunta que llevaba demasiado tiempo evitando:
¿En qué momento dejé de verla solamente como mi amiga?