Por el valle de tus pecas

Capítulo 2: El chico del mirador

A la mañana siguiente desperté antes de que sonara mi alarma. Durante unos segundos no recordé dónde estaba. Miré el techo, todavía medio dormida, esperando reconocer algo familiar. Pero entonces vi las cajas apiladas junto a la pared, las cortinas nuevas y los muebles que todavía no terminaba de acomodar.

Pinewood.

La mudanza.

La nueva casa.

La nueva vida.

Cerré los ojos otra vez y suspiré. Había sido solo una noche, una sola noche desde que había llegado y ya había algo que no podía dejar de pensar.

El mirador.

Y el chico que había encontrado allí.

Ethan Anderson.

No entendía por qué seguía pensando en él. No había ocurrido nada, ni siquiera habíamos tenido una conversación realmente importante. Solo habíamos intercambiado algunas palabras. Sin embargo, había algo en él que se había quedado en mi cabeza.

Quizá eran sus ojos.

O aquella manera tranquila de observarme, como si intentara descubrir quién era sin necesidad de preguntarme demasiado.

Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana, las montañas estaban cubiertas por una ligera niebla. Durante el día parecían diferentes, menos misteriosas, más tranquilas. Pero aun así, había algo en ellas que me atraía.

Recordé las palabras de Ethan.

"Pinewood suele hacer que la gente cambie de opinión."

No sabía si quería cambiar de opinión, todavía extrañaba mi antigua vida. Extrañaba a mis amigos, mi habitación, mis lugares favoritos. La sensación de conocer cada rincón de una ciudad sin tener que pensar hacia dónde ir. Pero también tenía que admitir algo, el mirador me había gustado.

Y quería volver.

Sacudí la cabeza.

No.

No iba a convertir un simple mirador en una excusa para pensar en un chico al que apenas conocía, tenía cosas más importantes que hacer. Como sobrevivir a mi primer día en una escuela nueva.

Bajé a desayunar, mis padres ya estaban en la cocina. Mi madre hablaba sobre las cajas que todavía faltaban por abrir y mi padre revisaba algo en su celular.

—Buenos días —dije.

—Buenos días, cariño —respondió mi madre.

Me senté frente a ellos.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

Otra mentira. Había dormido poco, cada vez que cerraba los ojos volvía a aparecer el mirador.

Y Ethan.

—Hoy es tu primer día —dijo mi padre.

—Lo sé.

—Todo va a salir bien.

Tomé un sorbo de mi café.

—Eso dicen todos cuando saben que algo probablemente va a salir mal.

Mi madre sonrió.

—Solo intenta no pensar demasiado.

La miré.

—Ese consejo llega un poco tarde.

Después del desayuno subí a mi habitación y me preparé. Elegí unos jeans oscuros, una camiseta blanca y una chaqueta negra. Me miré frente al espejo, no parecía una persona que estuviera a punto de comenzar una vida completamente diferente. Parecía la misma Harper de siempre, pero yo sabía que no era cierto.

Algo había cambiado.

Quizá no en mí.

Quizá solo en el lugar donde estaba.

Tomé mi mochila y salí, el camino hacia la escuela fue más corto de lo que esperaba. Pinewood High estaba cerca del centro del pueblo. Era un edificio grande de ladrillo, rodeado de árboles y una cancha deportiva, había estudiantes por todas partes.

Grupos de amigos hablando.

Personas corriendo para no llegar tarde.

Parejas caminando juntas.

Y yo.

Sola.

Entré intentando aparentar seguridad, no quería que nadie supiera que estaba nerviosa. Pero lo estaba, muchísimo. Cuando entré al pasillo principal sentí todas las miradas sobre mí. Probablemente no eran tantas como imaginaba. Pero cuando eres la persona nueva, parece que todo el mundo está observándote.

Busqué mi salón, cuando finalmente lo encontré, entré y elegí un asiento cerca de la ventana. Me gustaba sentarme allí, podía mirar hacia afuera cuando necesitaba escapar mentalmente. La profesora llegó unos minutos después. Comenzó a pasar lista, todo era normal hasta que llegó a mi nombre.

—Harper Wilson.

Levanté la mano.

—Aquí.

La profesora sonrió.

—Bienvenida a Pinewood.

—Gracias.

Algunos estudiantes me miraron. Después la clase continuó, intenté concentrarme. Pero mi mente seguía regresando al día anterior.

A la montaña.

Al mirador.

A Ethan.

Me pregunté si él estudiaría allí, probablemente no. Pinewood no parecía tan pequeño como él decía. Además, no tenía ninguna razón para volver a verlo, y eso debería haberme tranquilizado. Pero, por alguna razón, me decepcionó un poco.

Durante el descanso salí al patio, me senté sola en una de las bancas y saqué mi celular. Tenía varios mensajes de mis antiguos amigos.

"¿Cómo es tu nueva escuela?"

"¿Ya hiciste amigos?"

"¿Hay chicos guapos?"

Sonreí al leer el último mensaje, no sabía cómo responder.

Había un chico.

Pero no era precisamente alguien que hubiera conocido en la escuela.

Y tampoco sabía si podía llamarlo guapo. Aunque, siendo sincera conmigo misma...

Sí.

Lo era.

Guardé el celular.

—¿Eres nueva?

Levanté la mirada. Una chica estaba frente a mí, tenía el cabello rubio y una sonrisa amable.

—Sí.

—Lo sabía.

—¿Cómo?

—Porque tienes cara de estar pensando seriamente en escapar.

Me reí.

—¿Se nota tanto?

—Un poco.

Se sentó a mi lado.

—Soy Lily.

—Harper.

—Ya sé. La profesora dijo tu nombre.

Sonreí.

Lily comenzó a hablarme sobre la escuela. Me explicó dónde estaban los salones, cuáles profesores eran más estrictos y qué lugares del pueblo valía la pena conocer. Por primera vez desde que había llegado, sentí que quizá no iba a estar completamente sola.

El día continuó lentamente. Cuando terminaron las clases, salí del edificio con la mochila sobre el hombro.

Había sobrevivido.

No había sido maravilloso.

Pero tampoco había sido terrible.




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