Por el valle de tus pecas

Capítulo 5: El mensaje

No dormí aquella noche.

El mensaje seguía apareciendo en mi cabeza incluso cuando dejaba el celular boca abajo.

"Ten cuidado con las personas que conoces en Pinewood."

No sabía quién lo había enviado.

Tampoco sabía por qué.

Podía ser una broma.

Quizá alguien había conseguido mi número por casualidad. Tal vez era uno de esos mensajes absurdos que las personas enviaban solo para asustar a alguien.

Eso era lo que intentaba decirme.

Pero había algo que no podía ignorar.

El mensaje había llegado justo después de mi encuentro con Ethan. Y eso hacía que todo se sintiera diferente. Me levanté de la cama y caminé hasta la ventana, la noche estaba tranquila. Las luces del pueblo se veían a lo lejos y las montañas permanecían oscuras, casi ocultas por las nubes.

Pensé en bajar el celular y olvidarme del asunto.

No pude.

Volví a mirar el mensaje.

Lo abrí nuevamente.

No había ninguna foto.

Ningún nombre.

Ninguna explicación.

Solo aquella frase.

Ten cuidado.

Me quedé mirando la pantalla durante varios segundos.

Después escribí:

"¿Quién eres?"

Esperé.

Nada.

Escribí otro mensaje.

"¿Qué quieres decir?"

Nada.

Pasaron cinco minutos.

Diez.

Quince.

Nunca respondió.

Finalmente dejé el celular sobre la mesa de noche. Quizá estaba exagerando, era mi primer fin de semana en Pinewood. No conocía a casi nadie. No tenía sentido pensar que alguien quisiera hacerme daño.

Me repetí eso varias veces.

Aun así, algo dentro de mí seguía sintiéndose incómodo.

Me acosté otra vez.

Cerré los ojos.

Intenté dormir.

Pero cada vez que lo hacía, una pregunta aparecía en mi cabeza.

¿De quién debía tener cuidado?

Y, peor aún...

¿Por qué?

***

A la mañana siguiente me desperté agotada. Había dormido pocas horas y tenía la sensación de no haber descansado nada. Bajé a desayunar intentando comportarme con normalidad.

Mi madre estaba preparando café.

—Buenos días —dijo.

—Buenos días.

Me senté.

—Tienes cara de no haber dormido.

Levanté la mirada.

—Dormí.

—Harper.

Suspiré.

—Un poco.

Mi madre se sentó frente a mí.

—¿Pasó algo?

Por un instante pensé en contarle lo del mensaje.

Pero no lo hice.

No sabía qué significaba y no quería preocuparla por algo que quizá no era nada.

—Solo estoy cansada.

Ella me observó durante unos segundos.

—Si necesitas hablar, sabes que puedes hacerlo.

—Lo sé.

Sonreí ligeramente.

Y esa vez no estaba mintiendo.

Después del desayuno subí a mi habitación.

El celular estaba sobre la cama.

Había una notificación.

Mi corazón dio un pequeño salto.

Lo tomé.

No era otro mensaje.

Era una notificación de una aplicación.

Solté el aire.

Me estaba volviendo paranoica.

Guardé el teléfono en mi mochila y me preparé para salir.

Era sábado, así que no tenía clases.

No sabía qué hacer con el día.

Podía quedarme en casa.

Podía caminar por el pueblo.

O podía ir al mirador.

La última opción apareció en mi cabeza demasiado rápido.

Me quedé quieta.

Después sonreí.

No.

No iba a dejar que un mensaje anónimo cambiara mis planes.

Tomé mi chaqueta y salí.

***

Pinewood parecía diferente durante el día.

Las calles estaban más llenas.

Había familias caminando, personas entrando a cafeterías y niños jugando en el parque.

Me detuve en una pequeña cafetería que había visto el día anterior.

Compré algo para beber y continué caminando.

Quería conocer el pueblo.

Quería demostrarme a mí misma que no había ninguna razón para sentir miedo.

Pero mientras caminaba, no pude evitar observar a las personas a mi alrededor.

¿Quién podía haber enviado el mensaje?

¿Alguien de la escuela?

¿Alguien que me había visto con Ethan?

¿Alguien que conocía a mis padres?

Cada posibilidad me parecía más absurda que la anterior.

Seguí caminando hasta llegar al comienzo del sendero.

Miré hacia arriba.

El cielo estaba despejado.

No había lluvia.

Eso significaba que podía subir.

Comencé a caminar.

Esta vez no sentía la misma tranquilidad de los días anteriores.

Miraba hacia atrás de vez en cuando.

No había nadie.

Solo árboles.

El sonido del viento.

Mis propios pasos.

Intenté convencerme de que estaba imaginando cosas.

Después de varios minutos llegué al mirador.

Y allí estaba Ethan.

Estaba sentado en el capó de su camioneta.

Cuando me vio, sonrió.

—Pensé que hoy no vendrías.

Me acerqué.

—¿Por qué?

—Después de lo de ayer pensé que quizá habías tenido suficiente montaña por un tiempo.

—No voy a dejar que una tormenta me asuste.

—No era la tormenta lo que me preocupaba.

Lo miré.

—¿Entonces qué?

—Que te caigas.

Sonreí.

—Eso no va a pasar.

Ethan bajó de la camioneta.

—Eso dijiste ayer.

—Y sobreviví.

—Por poco.

Me reí.

Durante unos segundos todo volvió a sentirse normal.

Como si no hubiera recibido ningún mensaje.

Como si no hubiera nada extraño.

Ethan se quedó mirándome.

—¿Estás bien?

La pregunta me tomó por sorpresa.

—Sí.

—No pareces estarlo.

—Estoy cansada.

—Eso no es lo que pregunté.

Aparté la mirada.

No sabía si debía contarle.

Una parte de mí quería hacerlo.

Otra parte tenía miedo de que, al hacerlo, todo cambiara.

—Recibí un mensaje anoche.

Ethan dejó de sonreír.

—¿Qué mensaje?

Saqué mi celular.

Abrí la conversación y se lo mostré.

Él leyó.

Su expresión cambió.

No mucho.

Pero lo suficiente para que pudiera notarlo.




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