Nunca había corrido tan rápido por un sendero de montaña.
Las ramas golpeaban mis brazos mientras bajaba detrás de Ethan. El suelo estaba húmedo por la lluvia de los últimos días y varias veces mis zapatos resbalaron sobre las piedras, pero no me detuve.
No después de haber visto aquella fotografía.
No después de saber que alguien había estado observándonos.
No después de entender que aquello ya no era solamente un juego de mensajes anónimos.
Alguien nos estaba siguiendo.
Y lo peor era que esa persona sabía exactamente dónde encontrarnos.
—¡Harper, cuidado!
La voz de Ethan me hizo reaccionar justo a tiempo.
Mi pie resbaló sobre una piedra y mi cuerpo se inclinó hacia un lado. Antes de que pudiera caer, Ethan tomó mi mano y tiró de mí hacia él.
Choqué contra su pecho.
Por unos segundos ninguno de los dos dijo nada.
Podía escuchar su respiración agitada.
La mía tampoco estaba mucho mejor.
—¿Estás bien? —preguntó finalmente.
Asentí.
—Sí.
Pero no era cierto.
No estaba bien.
Y él lo sabía.
Ethan bajó la mirada hacia nuestras manos.
Todavía seguía sosteniendo la mía.
Cuando pareció darse cuenta, la soltó lentamente.
—Tenemos que seguir.
—¿A dónde vamos?
—A un lugar donde podamos pensar.
—¿Y cuál es ese lugar?
Ethan miró hacia el sendero que descendía entre los árboles.
—Mi casa.
Me quedé quieta.
—¿Tu casa?
—Sí.
—¿Y estás seguro de que es buena idea?
—No.
Lo miré sorprendida.
Ethan soltó una pequeña sonrisa, aunque sus ojos seguían mostrando preocupación.
—Pero ahora mismo no tengo muchas ideas buenas.
Eso consiguió que soltara una pequeña risa nerviosa.
Una risa que desapareció casi inmediatamente.
Porque detrás de nosotros se escuchó un ruido.
Una rama rompiéndose.
Ethan levantó la cabeza.
Los dos nos quedamos en silencio.
—¿Lo escuchaste? —susurré.
—Sí.
—¿Crees que...
—No lo sé.
Su respuesta fue demasiado rápida.
Ethan tomó mi mano otra vez.
Esta vez no pareció importarle.
—Vamos.
Y corrimos.
***
La casa de Ethan estaba a unos quince minutos del sendero.
Era una casa de dos pisos, bastante sencilla, rodeada de árboles. Tenía un pequeño porche de madera y varias ventanas grandes desde las que se podía ver parte del bosque.
Cuando entramos, Ethan cerró la puerta con llave.
Después volvió a comprobarla.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
—Ethan...
—¿Qué?
—Vas a romper la cerradura.
Me miró.
—Prefiero romper la cerradura antes que dejar la puerta abierta.
No supe qué responder.
Me quedé cerca de la entrada mientras él caminaba por la sala revisando las ventanas.
Todo aquello se sentía extraño.
Hacía apenas unos días, mi mayor problema era adaptarme a Pinewood.
Ahora estaba en la casa de un chico al que apenas conocía, después de encontrar una fotografía tomada secretamente desde los árboles de la montaña.
Y alguien parecía estar relacionado con la muerte de su hermano.
Mi corazón todavía latía con fuerza.
—Siéntate —dijo Ethan.
—Estoy bien.
—Harper.
Su tono fue diferente.
Más serio.
—Siéntate.
Obedecí.
Me senté en el sofá mientras Ethan desaparecía por el pasillo.
Un minuto después regresó con dos vasos de agua.
Me entregó uno.
—Gracias.
Él se sentó en el sillón que estaba frente a mí.
Durante unos segundos ninguno habló.
La fotografía seguía en mi cabeza.
La imagen de nosotros dos en el mirador.
La montaña.
Los árboles.
La frase.
"Ahora ya sabes demasiado."
Tragué saliva.
—¿Crees que la persona que tomó la fotografía estaba ahí cuando llegamos?
Ethan dejó el vaso sobre la mesa.
—Sí.
—¿Y por qué no hizo nada?
—No lo sé.
—¿Entonces qué quería?
Ethan se quedó pensando.
—Que supiéramos que podía vernos.
Sentí un escalofrío.
—Eso no tiene sentido.
—Precisamente.
Lo miré.
—¿Qué quieres decir?
—Si quisiera hacernos daño, probablemente habría tenido una oportunidad.
Me quedé callada.
—Entonces...
—Entonces creo que quiere asustarnos.
—¿Por qué?
Ethan bajó la mirada.
—Porque está intentando que dejemos de buscar.
—¿Buscar qué?
No respondió.
Lo observé durante unos segundos.
—A Noah.
Ethan levantó los ojos.
Había dado en el punto exacto.
—Sí.
El silencio volvió a instalarse entre nosotros.
Me acomodé en el sofá.
—Quiero saber todo.
—Harper...
—No.
Lo interrumpí.
—Ya estoy involucrada, Ethan.
Él apartó la mirada.
—No quería que lo estuvieras.
—Pero lo estoy.
—Precisamente por eso quiero que te alejes.
—No puedo.
—Sí puedes.
—No.
Mi voz salió más firme de lo que esperaba.
—Porque alguien me está enviando los mismos mensajes que te enviaron cuando murió tu hermano.
Ethan se quedó completamente quieto.
—Y si esa persona sabe que estoy contigo...
Me detuve.
No quería decirlo.
Pero tenía que hacerlo.
—Entonces quizás también sabe que estamos intentando descubrir qué pasó.
Ethan se pasó una mano por el cabello.
Parecía cansado.
Mucho más cansado de lo que lo había visto nunca.
—No entiendes lo que significa esto.
—Entonces explícame.
Él me miró.
Y por primera vez desde que lo conocía, Ethan parecía realmente asustado.
—Significa que quizás quien mató a Noah nunca se fue.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
—Pero las autoridades dijeron que fue un accidente.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué piensas que lo mataron?
Ethan se levantó.
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Editado: 05.10.2026