Había algo extraño en empezar una nueva vida. Durante los primeros días, todo parecía incómodo, la cama no era la misma, las paredes no tenían mis fotografías. El camino hacia la escuela todavía me parecía desconocido. Incluso el sonido de la casa durante la noche era diferente.
Pero había algo que empezaba a cambiar
Ya no sentía que Pinewood fuera completamente ajeno. Había comenzado a reconocer algunas calles, algunas tiendas y hasta algunos rostros de la escuela. Y, sin darme cuenta, había empezado a reconocer un lugar por encima de todos los demás.
El mirador
No sabía exactamente por qué me gustaba tanto, quizá porque desde allí podía ver todo el pueblo sin sentirme atrapada dentro de él. Quizá porque era silencioso. O quizá porque allí había conocido a Ethan.
Intentaba no pensar demasiado en la última posibilidad, no quería convertir cada cosa que me gustaba en algo relacionado con él.
Pero era difícil
Desde que lo había conocido, aparecía en mis pensamientos con demasiada frecuencia, no porque hubiéramos vivido algo importante...
Todavía no
Solo porque había algo en él que despertaba mi curiosidad, y la curiosidad podía ser peligrosa. Especialmente cuando se trataba de una persona.
Los días siguientes comenzaron a convertirse en una rutina.
Escuela
Casa
Tareas
Y, algunas tardes, el mirador
No siempre encontraba a Ethan, a veces estaba completamente sola. Y eso estaba bien. De hecho, había días en los que prefería estar sola. Me sentaba en la baranda, escuchaba música y observaba las montañas mientras pensaba en todo lo que había cambiado. Pero otras veces, cuando llegaba y veía la camioneta negra estacionada cerca del sendero, sentía una pequeña emoción que intentaba ignorar.
Ese viernes ocurrió exactamente eso, después de clases, caminé directamente hacia la montaña. El cielo estaba despejado y el aire era frío. Llevaba una mochila sobre un hombro y unos audífonos alrededor del cuello. Cuando llegué al mirador, vi la camioneta, sonreí antes de poder evitarlo. Ethan estaba sentado en el suelo, apoyado contra uno de los árboles, tenía un libro entre las manos. Me detuve unos segundos.
Nunca había imaginado que alguien como él leyera
No sabía por qué había pensado eso, quizá porque tenía esa apariencia de chico al que parecía no importarle demasiado nada Pero allí estaba, leyendo tranquilamente.
—No sabía que sabías leer —dije.
Levantó la mirada. Durante un segundo pareció confundido, después sonrió.
—Y yo no sabía que sabías hacer bromas
Me acerqué
—Tengo muchas habilidades ocultas
—Lo tendré en cuenta
Me senté a unos pasos de él
—¿Qué lees?
Ethan levantó el libro
—Una novela
—Eso puedo verlo
—Entonces no preguntes
—Solo tenía curiosidad
—La curiosidad puede ser peligrosa
Lo miré—¿Siempre respondes con frases misteriosas?
—Solo cuando me hacen demasiadas preguntas
Sonreí
Ethan volvió a mirar el libro, durante un rato permanecimos en silencio. Yo observaba las montañas. Él leía. Y, aunque apenas hablábamos, no me sentía incómoda. Eso era algo que comenzaba a gustarme de estar con él. No necesitábamos llenar cada segundo con palabras, podíamos simplemente estar allí, dos personas compartiendo el mismo lugar.
Sin explicaciones
Sin obligaciones
Sin tener que fingir
—¿Te gusta leer? —preguntó después de un rato
—Sí
—¿Qué tipo de libros?
—Romance
Ethan levantó una ceja.
—¿Romance?
—Sí
—No lo habría imaginado
—¿Y qué habías imaginado?
—No sé
—Eso no responde
Sonrió
—Todavía estoy descubriéndolo
Sentí que algo se movía dentro de mí. No sabía si había sido la frase o la forma en que la había dicho. Aparté la mirada.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Qué te gusta leer?
—Historias reales.
Lo miré
—¿Por qué?
Se quedó pensando
—Porque las personas reales son más complicadas que los personajes
Aquella respuesta me sorprendió
—Eso fue profundo
—No te acostumbres
Me reí, y él también. Fue un momento pequeño, pero me gustó. Cada vez me resultaba más fácil hablar con él, cada vez me sentía más cómoda. Y eso era precisamente lo que empezaba a preocuparme, porque no quería acostumbrarme demasiado. No sabía cuánto tiempo iba a durar mi vida en Pinewood. No sabía si algún día mis padres decidirían volver a mudarnos, no sabía qué iba a pasar conmigo. Y mucho menos sabía qué lugar tendría Ethan en todo aquello. Por eso intentaba mantener cierta distancia, aunque cada vez me costaba más.
El viento comenzó a hacerse más fuerte, me abracé a mí misma. Ethan lo notó.
—¿Tienes frío?
—Un poco
Se quitó su chaqueta
—Toma
Negué con la cabeza
—No hace falta
—Harper
—Estoy bien
—Te estás congelando
—No exageres
Ethan me lanzó la chaqueta, la atrapé antes de que cayera al suelo.
—Póntela
Miré la chaqueta, después lo miré a él
—¿Y tú?
—Tengo una camiseta
—Eso no tiene sentido
—Yo no tengo frío
—Porque eres raro
—Probablemente
Finalmente me puse la chaqueta, todavía tenía un poco de calor. Y olía ligeramente a él, me quedé inmóvil durante un segundo. No sabía por qué había notado aquello, aparté rápidamente ese pensamiento.
—Gracias
—De nada
Miré nuevamente el paisaje. El sol comenzaba a descender lentamente, las montañas adquirían tonos anaranjados y dorados. Era hermoso. Tan hermoso que me quedé sin palabras, entonces recordé algo.
—¿Sabes qué es lo más raro?
—¿Qué?
—Hace una semana odiaba este lugar
Ethan me miró
—¿Y ahora?
Pensé durante unos segundos
—Ahora no estoy tan segura
Sonrió
—Eso significa que estoy haciendo bien mi trabajo
—¿Cuál trabajo?
#4859 en Novela romántica
#310 en Fanfic
romance, drama amor celos intrigas mentiras, juvenil romance juvenil
Editado: 05.10.2026