¿qué somos?

Capítulo 2 - La chica nueva

Visitamos cinco colegios antes de las diez de la mañana. Cinco colegios en cinco zonas distintas de Bloomsbury, Londres. Todos con la misma respuesta envuelta en distintos grados de amabilidad. No hay cupos disponibles. Lo sentimos mucho. Quizás el año que viene. Mamá anotaba cada negativa en su agenda con una eficiencia que yo admiraba porque yo habría tirado la agenda al suelo después de la tercera vez.

Para la quinta puerta cerrada ya no tenía hambre, tenía frío y llevaba dos horas caminando en zapatos que no eran los indicados para tanto pavimento mojado. Londres en marzo no era exactamente lo que nadie llamaría acogedor.

— Nos queda uno más. — Dijo mamá consultando su lista sin levantar la vista. — Si no es este tendremos que buscar fuera de la zona.

— O podemos dejarlo para el año que viene. — Sugerí con toda la inocencia que pude reunir.

Mamá me miró por encima de su agenda con una expresión que no necesitaba palabras.

— El Lloyd Williamson. — Leyó. —Se ve prometedor.

— Todos se ven prometedores hasta que te cierran la puerta en la cara. Puedo estudiar el próximo año mamá, no te estreses.

—Olvidalo Noa, no vas a quedarte un año sin estudiar, te atrasarias más. Necesitas distraerte, hacer amigos, solo te faltan dos años para terminar la secundaria. Así que se cierra el tema. — Sentenció. — Probaremos con este colegio.

— Bien, pero será muy extraño que sea la nueva. — Suspiré.

— Puedes vivir con eso.

El Lloyd Williamson era más grande de lo que esperaba.

Mientras mamá pasaba a hablar con admisiones me quedé en la entrada mirando el campus evaluando todo lo que había a mi alrededor. Había un edificio principal de ladrillo oscuro con ventanas altas, y conectado a él, un edificio secundario que según un cartel en la entrada albergaba la biblioteca, los salones de música y los talleres de arte.

Eso último lo noté dos veces.

Arte. Bien. Al menos habría algún lugar donde esconderme si todo lo demás salía mal.

Los estudiantes que cruzaban el campus entre clases, algunos me miraban con esa curiosidad rápida y descartable que tiene la gente cuando ve a alguien que no reconoce. Nadie se detuvo. Nadie saludó. Yo tampoco esperaba que lo hicieran. Me sentía como un bicho raro queriendo encajar.

Mi mamá salió unos segundos después de la dirección, haciéndome señas para entrar con la directora. La directora era una mujer de mediana edad con el pelo recogido y una forma de hablar directa y sin rodeos que de alguna manera me generó más confianza que toda la amabilidad forzada de los cinco colegios anteriores. Revisó mi expediente, hizo dos preguntas sobre mi nivel académico anterior y luego cerró la carpeta con una decisión ya tomada.

— Mañana puede empezar. —Dijo.

Mamá parecía a punto de abrazar a la directora. Yo me asentí con una calma que no sentía del todo.

— Qué suerte tuvimos, la directora me cayó super bien. Ya tienes el uniforme, los libros, iremos a buscar tus cuadernos y mochila. — Mamá parecía más emocionada que yo.

Después de todo un día yendo de aquí para allá, después de haber comido un fish and chips y haber escogido mis materiales, solo me quedaba mentalizarme para el día de mañana. Traté de convencer a Andy de salir un rato al parque del vecindario, pero estaba encerrado en su cuarto jugando videojuegos y seguía molesto por iniciar clases mañana.

Me fui a explorar las calles del vecindario, por las tardes al parecer todos permanecían en sus casas. Parecía más un lugar para viejitos retirados que para jóvenes. Desde lejos, estaba otra vez aquel chico que paseaba a su Golden. Me quedé en una de las bancas observando el área, saqué mi agenda y mi boligrafo y me puse a dibujar lo que veía. Garabatos por aquí, garabatos por allá y había dibujado al chico con su perro. No era un dibujo realista, más bien caricaturesco.

— ¿Eres nueva en el vecindario? — Se detuvo el chico con su perro, quien me estaba olfateando los zapatos.

— Eh hola, si, soy nueva aquí y tengo poco de haber llegado a Londres.

El chico parecía ser amigable, sus ojos miel se veían aun más bonitos con el sol, era mucho más alto que yo y se le veía seguro de sí mismo.

— Pues bienvenida a Londres, Soy Charlie y este es mi perro Maple. — Estrechamos las manos.

— Un gusto Charlie, soy Noa, Noa Wilsom. Que lindo es Maple. — Lo acarie sin medir si podía morderme o no, pero Maple se acostó de panza para que lo acariciara.

— Le caes bien. — Rió. — Tu nombre es curioso, digo, he conocido a algunos Noah y son de chicos. — Soltó con tono gracioso.

— Supongo que tienes razón. — Reí. — Mis padres decidieron ir en contra de eso y declarar el nombre como unisex. — Ambos nos soltamos a reír por las decisiones de adultos que en ese momento al registrarme, pensaron que Noa sonaba femenino.

— ¿tú eres de acá? es que tienes un leve acento. — Pregunté muy curiosa si era Alemán o algo así.

— Nací en Rusia, me crié en Londrés. Mis papás tienen aún más el acento marcado y no querrías escucharlos discutir. — Ambos nos soltamos a reír.

— Creo que me daría miedo. — Reí por lo bajo.

Charlie me invitó a una heladería que estaba por el parque y nos quedamos un buen rato hablando de mi vida en San Francisco, omitiendo los hechos pasados.

— Me alegra conocerte, me parece que seremos buenos amigos. — Sonó emocionado.

— Dalo por hecho. — Asentí.

Nos quedamos unas horas más platicando hasta que mamá llegó a buscarme preocupada.

— ¡Por qué no contestas el celular! ¿En qué habíamos quedado Noa? — Mi madre se veía furibunda.

— Perdón, lo traía en vibrador. Estaba con... él es Charlie, es nuestro vecino. — Charlie le tendió la mano pero mi mamá no respondió.

— Un gusto Charlie, me debo llevar a Noa. — Mi madre me agarró del brazo y no pude despedirme de Charlie.

— ¿Qué te pasa? no estaba haciendo nada malo. — Me defendí.

— Noa, no quiero que salgas sin decirme donde vas o con quien estás. ¿Está claro?




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