El proyecto de geografía lo entregamos un jueves y la maestra nos puso la nota más alta del salón.
Dereck entró en medio de la clase y soltó un grito que hizo que la maestra lo mirara con una expresión que mezclaba el orgullo con el agotamiento y que era básicamente la cara que Dereck le provocaba a todo el mundo tarde o temprano. Melody le dio un golpe en el brazo para que se callara. Yo me reí, Nicolás negó con la cabeza, pero sonrió por lo bajo. Era ese tipo de sonrisas suyas que aparecían cuando algo le parecía bien aunque no quisiera admitirlo del todo.
Dereck propuso celebrar que habíamos sacado la nota más alta.
— Vamos a comer unas hamburguesas. Hoy, después de clase. ¡Yo invito!
— ¡Oye calma, piojo!, nadie ha dicho que sí. — señaló Melody.
— Pero nadie dijo que no. — respondió Dereck con toda la lógica del mundo.
Melody lo pensó dos segundos.
— Okey, vamos.
— Por mí está bien, suenan rico unas hamburguesas. — Asentí.
Los tres miramos a Nicolás.
Nicolás nos miró a los tres durante un momento como si estuviera evaluando si ir o no.
— Bien, pero yo me quedaré una hora.— dijo al fin.
Dereck levantó el puño como si hubiera ganado algo importante.
Todos amábamos McDonald’s. Estaba a diez minutos del instituto caminando, en una calle lateral que Dereck conoció porque según él conocía toda el área en un radio de tres kilómetros a la redonda, lo cual yo creía completamente.
Entramos los cuatro con el uniforme todavía puesto y nos sentamos en la mesa del fondo que era la más grande. Dereck pidió una mcnífica.
Melody y él se pusieron a hablar de algo de la clase de literatura y yo los escuchaba a medias mientras miraba el menú aunque ya sabía lo que iba a pedir. Era un hábito tonto que tenía de leer los menús completos aunque no fuera a cambiar de opinión.
— ¿Siempre lo haces? —dijo una voz a mi lado.
Giré. Nicolás me estaba mirando con esa expresión suya entre curiosa y divertida.
— ¿Hacer qué?
— Leer el menú completo cuando ya sabes lo que vas a pedir.
Me sorprendí de que lo hubiera notado. No dije nada por un segundo.
— ¿Cómo sabes que ya sé lo que voy a pedir?
— Porque llevas dos minutos leyendo y viendo lo mismo a la vez, tu cara me dice que ya sabes que vas a pedir. — Se encogió de hombros como si fuera obvio.
No supe qué responder a eso. No porque fuera algo difícil sino porque era raro que alguien describiera una cara mía, sentía que era un libro abierto para todo el mundo. Toda la vida me han dicho que mis expresiones, mis inconformidades y mi carácter es algo que se nota con solo mirarme, soy doña cara.
— ¿Y cuál es esa cara? — Pregunté.
— Una cara. — dijo simplemente.
— Muy descriptivo Nico, gracias. ¡Qué bobo! — Esto último lo dije sin pensarlo y me llevé las manos a la boca. Le había dicho prácticamente tonto a alguien que no estaba acostumbrada a decírselo. — perdón. — otra vez me sentía avergonzada y con Nicolás.
— Noa Wilson ofendiéndome. — soltó en tono divertido. — No te preocupes, a veces pasa que uno se apendeja. — Contestó con la sonrisa ladeada.
— ¡Uh!, te acaba de llamar pendeja. — Soltó Dereck señalando a Nicolás.
— ¡Pues pendejo tú! — Contesté retándolo con la mirada.
— Okey, todos son pendejos. — finalizó Melody.
Nicolás se río. No la media sonrisa de siempre sino una risa corta y real que me agarró desprevenida porque no la esperaba y porque sonaba diferente a como lo escuchaba reírse en el salón cuando Dereck decía algo. Era más tranquila. Más para adentro. Parecía estar divirtiéndose y no pude evitar sonreír. No nos estábamos ofendiendo ni siendo groseros, solo la estábamos pasando bien.
Pedí mi big mac de siempre sin mirar el menú otra vez, Nicolás Cheeseburger y Melody una Bigmac como yo.
Estuvimos casi dos horas en el restaurante.
Dereck habló la mayor parte del tiempo, que era su estado natural, y lo hacía de una forma donde uno no podía aburrirse aunque quisiera porque saltaba de un tema a otro con una energía que arrastraba a todos sin que se dieran cuenta. Nos contó de su familia, de un primo suyo que vivía en Manchester y que según Dereck era la persona más aburrida del planeta tierra, de una vez que se perdió en el metro de Londres a los doce años y pasó tres horas dando vueltas antes de admitir que necesitaba ayuda.
— ¿Tres horas? — Dijo Melody incrédula.
— El orgullo es mi peor defecto. — respondió Dereck con total dignidad.
Nicolás que había estado escuchando más que hablando, como era su costumbre, dijo algo entonces que hizo que Dereck lo mirara con los ojos abiertos.
— A mí me pasó algo parecido cuando tenía once. —Dijo. — Pero yo sí pedí ayuda. A los cinco minutos.
— ¡Eso es admitir la derrota muy rápido! — Protestó Dereck. — hay que hacerse el interesante.
— A veces creo que toda tu vida es una comedia. — soltó Melody riendo.
— Se llama ser cool nena. — Ladeo una sonrisa.
— Es ser práctico. — Respondió Nicolás.
— ¿Ves? — Dereck nos miró a Melody y a mí señalando a Nicolás. — Así es imposible. Demasiado razonable. No me das nada con qué trabajar.
Nicolás lo miró con esa expresión nueva que yo le había empezado a notar cuando estaba con Dereck. No era exactamente diversión, pero tampoco era la indiferencia de siempre. Era algo intermedio, como cuando uno baja la guardia sin darse cuenta del momento exacto en que lo hizo.
Me pregunté cuándo había empezado a notar esas cosas con tanta precisión.
Decidí no responderme.
Salimos cuando ya estaba oscureciendo. Dereck y Melody se fueron juntos porque vivían en direcciones parecidas, discutiendo sobre algo del primo de Manchester que Melody defendía sin haberlo conocido nunca, solo por llevarle la contraria a Dereck, al parecer era una dinámica que habían desarrollado en tres semanas y que funcionaba perfectamente.
Nicolás y yo salimos detrás.