Aquella noche, Aria no pudo dormir.
La tercera llave permanecía sobre su mesa.
Aria estaba acostada mirando el techo mientras pensaba en todo lo que había ocurrido.
Dana había regresado.
Isabella sabía más de lo que decía.
Nicol y Steven también parecían conocer secretos.
Y al día siguiente...
abrirían la última puerta.
—¿En quién puedo confiar...? —susurró Aria.
Se levantó lentamente y tomó la tercera llave.
Era diferente a las otras dos.
Las tres juntas parecían formar algo.
Como si siempre hubieran pertenecido al mismo lugar.
De repente, alguien tocó la puerta.
—¿Aria? —preguntó Miguel desde afuera.
Aria abrió rápidamente.
—¿Miguel?
Miguel estaba acompañado por Sonia y Lucila.
—¿Qué hacen aquí?
Lucila sonrió.
—Vinimos a hacerte una visita secreta.
—Lucila, vivimos cerca —dijo Sonia—. No es una visita secreta.
—¡Déjame ser interesante!
Aria no pudo evitar reír.
Los tres entraron en su habitación.
Miguel observó la llave sobre la mesa.
—¿Todavía estás pensando en mañana?
Aria asintió.
—No sé qué hacer.
Sonia se sentó junto a ella.
—¿Qué quieres decir?
—Dana me dijo que tengo que decidir en quién confío.
Lucila cruzó los brazos.
—Yo no confío en Isabella.
—Yo tampoco —dijo Sonia rápidamente.
Miguel se quedó callado.
Aria lo miró.
—¿Tú sí?
—No sé —respondió Miguel—. Ella hizo cosas malas antes, pero también puede haber cambiado.
Aria recordó todo lo que había pasado con Isabella.
Su enojo.
Sus insultos.
La forma en que la había tratado cuando era pequeña.
Pero también recordó que Isabella había regresado a su vida.
—No quiero volver a equivocarme —dijo Aria.
Miguel se acercó.
—Entonces no tienes que confiar en alguien porque te lo diga.
Aria levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Confía en las personas que te demuestran que están contigo.
Sonia sonrió.
—Como nosotros.
Lucila levantó una mano.
—Yo también, aunque a veces sea un poco insoportable.
—Un poco bastante —respondió Sonia.
—¡Oye!
Todos comenzaron a reír.
Por primera vez esa noche, Aria dejó de sentirse tan preocupada.
Miró a sus amigos.
—Gracias.
Miguel sonrió.
—No vas a abrir esa puerta sola.
Aria miró nuevamente las llaves.
—Eso espero.
A la mañana siguiente, Aria se levantó temprano.
Se preparó rápidamente y bajó las escaleras.
En la sala estaban Nicol y Steven.
—Buenos días —dijo Nicol.
Aria los miró.
—¿Ustedes también van a venir?
Steven asintió.
—Claro.
—¿Y saben dónde está la puerta?
Los dos guardaron silencio.
Aria suspiró.
—Otra vez secretos.
Nicol se acercó.
—No queremos ocultarte nada, cariño.
Aria cruzó los brazos.
—Pues tienen una forma muy extraña de demostrarlo.
Steven soltó una pequeña risa.
—Eso lo aprendiste de Antonella.
Aria intentó no reírse.
—Abuelo...
En ese momento, tocaron la puerta.
Cuando Aria abrió...
todos estaban allí.
Sonia.
Miguel.
Lucila.
Antonella.
Adrián.
Victoria.
Sury.
Jonathan.
Y, al final...
Isabella.
Aria se quedó mirándola.
Isabella bajó la mirada.
—Sé que no quieres que vaya.
Aria guardó silencio.
—Pero necesito estar allí.
—¿Por qué? —preguntó Aria.
Isabella respiró profundamente.
—Porque hay algo que debo decirte.
Aria la observó durante unos segundos.
Finalmente respondió:
—Entonces tendrás que decirlo.
Isabella asintió.
Todos comenzaron a caminar.
Dana los esperaba frente a la antigua biblioteca.
—Pensé que no vendrían —dijo.
Aria se acercó.
—Dijiste que hoy abriríamos la puerta.
Dana miró las tres llaves.
—Sí.
Todos entraron en la biblioteca.
Aura Estela no estaba trabajando aquel día, así que el lugar se encontraba completamente vacío.
Dana caminó hasta el fondo de la biblioteca.
Se detuvo frente a un enorme estante lleno de libros.
—Aquí es.
Aria frunció el ceño.
—¿Un estante?
Dana colocó una mano sobre uno de los libros.
CLIC.
El estante comenzó a moverse lentamente.
Todos retrocedieron sorprendidos.
Detrás de él...
había una puerta antigua.
Aria se quedó completamente quieta.
La puerta tenía tres cerraduras.
Una para cada llave.
—No puede ser... —susurró.
Dana miró a Aria.
—Este es el momento.
Aria tomó la primera llave.
La colocó en la cerradura.
CLIC.
Tomó la segunda.
CLIC.
Finalmente...
levantó la tercera llave.
Todos guardaron silencio.
Pero antes de colocarla...
Isabella habló.
—¡Espera!
Aria se detuvo.
—¿Qué pasa ahora?
Isabella caminó lentamente hacia ella.
Todos la observaban.
—Antes de abrir esa puerta...
Isabella comenzó a temblar.
—Tengo que decirte la verdad.
Aria frunció el ceño.
—¿Sobre qué?
Isabella miró a Nicol.
Luego a Steven.
Después a Sury.
Finalmente volvió a mirar a Aria.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Sobre tu madre.
Aria abrió los ojos.
—¿Qué sabes sobre mi mamá?
Isabella respiró profundamente.
—Yo...
De repente, todas las luces de la biblioteca se apagaron.
¡PUM!
Sonia gritó.
—¡¿QUÉ PASÓ?!
Lucila tomó la mano de Sonia.
—¡No sé!
Aria apretó la tercera llave.
En medio de la oscuridad...
se escuchó una voz desconocida.
—No dejes que Isabella hable.