Aria miró la carta sin saber qué hacer.
—¿La carta que cambia todo? —preguntó confundida.
Dana asintió lentamente.
—Sí.
—¡Pero no entiendo nada! —exclamó Aria—. Primero aparecen las pistas, después las llaves, luego tú apareces del futuro, después Isabella sabe cosas, Damián aparece y ahora hay una habitación secreta.
Sonia levantó la mano.
—La verdad... yo tampoco entiendo mucho.
Lucila la miró.
—¡Por fin dices algo inteligente!
—¡Oye!
Miguel observó la habitación.
—Quizás deberíamos revisar todo antes de abrir la carta.
Aria asintió.
—Sí. No quiero volver a cometer un error.
Todos comenzaron a mirar las fotografías que estaban sobre las paredes.
Había fotografías de Irene.
Algunas eran de cuando era joven.
Otras eran de cuando Aria era pequeña.
Pero había algo extraño.
En varias fotografías aparecía la misma puerta.
Aria se acercó.
—Miren.
Señaló una fotografía antigua.
En ella aparecía Irene frente a la puerta.
Pero junto a ella estaba otra persona.
Aria acercó la fotografía a su rostro.
—¿Quién es ella?
Nicol se acercó lentamente.
Su expresión cambió.
—Esa es...
Se quedó callada.
Aria la miró.
—¿Quién?
Nicol suspiró.
—Una amiga de Irene.
Damián negó con la cabeza.
—No era solamente una amiga.
Aria se volvió hacia él.
—¿Entonces qué era?
Damián miró la fotografía.
—Era la persona que ayudó a Irene a esconder todas las pistas.
Aria abrió los ojos.
—¿¡Había otra persona?!
Dana se acercó.
—Sí.
—¿Y quién es?
Dana miró a Nicol.
Nicol bajó la mirada.
—No creo que sea buena idea que lo sepas todavía.
Aria se llevó las manos a la cabeza.
—¡Eso es justamente lo que me confunde!
De repente, algo cayó de uno de los estantes.
¡PUM!
Todos se asustaron.
Miguel corrió hacia el objeto.
Era una pequeña caja.
Aria la tomó.
—¿Otra caja?
La abrió cuidadosamente.
Dentro había varias fotografías pequeñas y un papel doblado.
Aria sacó el papel.
—Hay algo escrito.
Lo abrió.
“Cuando no entiendas lo que ocurre, busca a quien estuvo allí desde el principio.”
Aria frunció el ceño.
—¿Quién estuvo desde el principio?
Todos comenzaron a pensar.
Sonia miró a Nicol.
Lucila miró a Steven.
Miguel miró a Damián.
Aria permaneció en silencio.
Entonces recordó algo.
—Mi abuela Nicol.
Nicol levantó la mirada.
—¿Yo?
—Tú siempre estuviste conmigo desde que comenzaron las pistas.
Nicol sonrió con tristeza.
—Sí, cariño.
Aria se acercó.
—Entonces dime la verdad.
Nicol guardó silencio.
—¿Tú sabes quién dejó todas estas pistas?
Nicol respiró profundamente.
—Sé algunas cosas.
Aria bajó la mirada.
—Otra vez...
Nicol tomó sus manos.
—No quería mentirte.
—Pero todos me esconden cosas.
—Porque algunas verdades pueden doler.
Aria miró la carta que todavía tenía en sus manos.
—¿Y esta carta?
Nicol miró el sobre.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Esa carta...
Aria se dio cuenta.
—¿La conoces?
Nicol no respondió.
Aria abrió mucho los ojos.
—¡Abuela!
Nicol cerró los ojos durante unos segundos.
—Sí.
Todos quedaron en silencio.
—Yo sé quién escribió esa carta.
Aria sintió que su confusión aumentaba.
—¿Quién?
Nicol miró directamente a Aria.
—Tu mamá.
Aria se quedó completamente quieta.
—¿Irene?
Nicol asintió.
—Sí.
Aria miró nuevamente el sobre.
Por primera vez, entendió que aquella carta no era una pista cualquiera.
Era un mensaje que su madre había preparado para ella.
Pero todavía quedaba una pregunta.
—¿Por qué dice “cuando llegue el momento”?
Nicol respondió en voz baja:
—Porque Irene sabía que algún día encontrarías esta habitación.
Aria apretó el sobre.
—¿Y cuándo es el momento?
Nicol miró a Dana.
Dana bajó la mirada.
—Cuando cumplas doce años.
Aria abrió los ojos.
—¿Doce?
Dana asintió.
—Esa es la razón por la que regresé.
Aria miró el calendario que llevaba en su mochila.
Faltaban pocos meses.
La carta final estaba cada vez más cerca.
Y ahora Aria entendía menos que antes.
No sabía qué significaba la puerta.
No sabía quién era aquella mujer de las fotografías.
No sabía por qué Isabella estaba involucrada.
Y tampoco sabía qué había querido decir Irene al dejarle aquella carta.
Aria guardó lentamente el sobre.
—Entonces...
Miró a todos.
—Tendré que esperar.
Dana sonrió.
—Sí.
Aria suspiró.
—Odio esperar.
Miguel soltó una pequeña risa.
—Eso sí lo sabemos todos.
Aria lo miró seria durante unos segundos.
Después sonrió.
Pero antes de salir de la habitación...
vio algo escrito detrás de una de las fotografías.
Se acercó.
Era una fecha.
El día en que Aria nació.
Debajo había una frase:
“Ese día comenzó la última historia.”
Aria se quedó mirando las palabras.
—¿La última historia...?
Nadie respondió.
Y ahora tenía una nueva pregunta que resolver.