Fitz habla de Bárbara y Brandon
¡Hola! En esta primera semana de la historia por suscripción el contenido nuevo está llegando todos los días. Es todo un reto poder narrar lo que los personajes tienen para decir, pero nos ayuda a comprender mejor la historia.
Si aún no te suscribes, te dejo un fragmento de lo que va sucediendo:
Aunque los últimos días de su vida fueron como una mujer rica, Bárbara no era feliz. Sigo aún pensando en la razón de sus tormentos, pero ciertamente nuestra comunicación decayó muchísimo en esas jornadas. La última conversación significativa que tuvimos fue dos meses antes de su muerte, cuando hablamos de si íbamos a tener hijos o no.
—Sabes que una fábrica vieja no produce —fue su respuesta. Tenía un cigarrillo en la boca y fumaba al lado de una de las ventanas de la casa. Su pelo rojizo lo llevaba corto y se veía más arrugada de lo habitual. No tengo una confirmación certera, pero algo es seguro: sufría. Tras su respuesta me sentí superinsensible. Un tipo en los veintitantos hablando de hijos con una mujer que había hecho su vida y no los tuvo.
—Perdona, amor —le dije. Me tendió el cigarrillo.
—Estoy dejándolo, no me tientes así.
—Qué joven eres —sonrió. Dejó el cigarrillo en el alfeizar de la ventana, humeante. Me dio un pellizco en una mejilla y me dijo que era demasiado tierno para ser tan inteligente.
Fitz nos cuenta un poco de Bárbara Allyn y además qué sucedió con Brandon. Espero que estés disfrutando cada día de lo nuevo de Vidas Secretas en su segunda entrega.

Recuerda que actualizo además tres veces por semana Una noche no alcanza.
Aquí te dejo la sinopsis:
Elena, la mejor amiga de Ana Lía, se suicida dejando como única pista la foto de un hombre desnudo con un clavel tatuado.
Al parecer esa marca la comparte también Diego, el chico que Ana Lía acaba de conocer. Se trata de un sensual joven que se dedica a extraños negocios con mujeres de la alta sociedad. Ella intentará seducirlo para llegar más a fondo sobre por qué su amiga se quitó la vida.
Pero el corazón puede ser caprichoso y a veces la vida disfraza sus peores pruebas en los envoltorios más apetecibles.
Besos,
B.


Sí, quiero
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