Matías
He aprendido dos cosas trabajando con niños. La primera: pueden detectar una mentira mejor que muchos adultos. La segunda: jamás debes prometerles que todo estará bien, porque algunas veces no lo estará.
—¿Entonces Bruno sí se llama Bruno? — Miro al pequeño Samuel y niego con absoluta seriedad.
—Sigo pensando que tiene cara de Roberto— el niño sonríe débilmente, eso me basta.
Está acostado en la cama de Pediatría, con una vía en el brazo y demasiados aparatos alrededor para alguien que debería estar jugando fútbol o ensuciándose las rodillas en algún parque.
—¿Cuándo vienen mis papás? — cuestiona y la sonrisa se me borra.
Ahí está la pregunta que llevo evitando desde que entré, miro a la enfermera, ella baja los ojos, Samuel sobrevivió al accidente, sus padres no.
—Pronto hablaremos de eso, campeón— claudico, odio mentir.
Pero odio todavía más destruir a un niño. Reviso sus pupilas y después el expediente que dejaron junto a la cama. Hay algo que no me gusta en sus análisis.
—¿Estos resultados son de hoy? — cuestiono en dirección a la enfermera que me acompaña.
—Sí, doctor —responde la enfermera.
Paso a la siguiente hoja, creatinina elevada, anemia. Otros valores alterados que no deberían estar relacionados únicamente con el accidente, frunzo el ceño.
—Quiero repetir estos estudios— ordeno, necesito estar seguro antes de tener un diagnóstico.
—La doctora Serrano ya los solicitó— indica, y se le nota en la expresión que la Dra. mencionada no es su favorita.
—¿Doctora Serrano? — cuestiono y levanto la mirada.
—La médica que recibió al niño en Urgencias— me indica y hace un gesto.
Ah. Doctora Tormenta deberían llamarla, interesante. Además de tener poca paciencia, sabe hacer su trabajo.
—Avísame cuando estén los resultados— pido con una sonrisa.
—Sí, doctor.
Me despido de Samuel y salgo al pasillo, primer día, nuevo hospital, nueva ciudad. Y ya conseguí que una colega quiera asesinarme. Nada mal, Ferrer.
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—¡Matías! — Reconozco la voz de Esteban antes de verlo. Se acerca con una carpeta bajo el brazo—. Pensé que comenzarías mañana.
—Oficialmente— comento, porque hoy he venido a firmar nada más.
—¿Y extraoficialmente? — cuestiona con su tono informal que tiene.
—Ya tengo una enemiga— indico encogiendome de hombros. Esteban se ríe.
—¿Tan rápido? — cuestiona de nuevo.
—Tengo talento— entramos al ascensor.
—¿Quién? — enarca una ceja esperando por la pregunta.
—Serrano— apostillo, es lo único que sé de ella, su apellido, gracias a la enfermera que la odia.
Su sonrisa desaparece, eso llama mi atención.
—¿Qué? — Es mi turno de preguntar.
—Nada— es todo lo que dice.
—Esa cara no significa nada— Esteban suspira.
—Solo procura no molestarla demasiado— es una clara recomendación que me mantenga lejos de ella,
—¿Por qué? — la duda surge en mí, demasiado.
—Porque Serrano es complicada— informa y parece que ya no quiere seguir con el tema.
—Eso ya lo noté— indico, lo poco que vi en emergencias me ha dicho mucho.
—No me refiero a eso— las puertas del ascensor se abren, Esteban sale. Yo lo sigo.
—Entonces explícate.
—No me corresponde contar su vida.
—Tampoco la estoy pidiendo— Se detiene.
—Serrano es una excelente médica. Probablemente una de las mejores que tenemos. Pero lleva demasiado tiempo trabajando como si quisiera demostrar que puede con todo.
Recuerdo su rostro, las ojeras, el tono cortante, la forma en que perdió la paciencia con Samuel. Y algo más. Ese segundo en el que el niño pidió a su madre y ella se quedó completamente inmóvil.
Lo vi, fue apenas un instante, lo suficiente para que pudiera ver cuánto le afecto.
—¿Tiene familia? — Esteban me observa.
—Te acabo de decir que no me corresponde contar su vida.
—Era una pregunta.
—Pues deja de hacer preguntas— sonrío.
—Ahora tengo más.
—Eres insoportable.
—También me lo han dicho.
Seguimos caminando, no sé por qué continúo pensando en ella. Tal vez porque me irritó, tal vez porque me gustan los casos difíciles o quizá porque reconozco esa mirada.
La he visto demasiadas veces, en familiares esperando fuera de un quirófano, en médicos después de perder a un paciente y algunas noches… en mi propio espejo. Mi teléfono vibra, reviso el mensaje.