Ecos De Silencio

CAPITULO 7

POV Massimiliano

Mierda.

Maldita, mi suerte.

Aurora acababa de salir de mi oficina, donde me había encontrado con la rubia.

Su reacción había sido inesperada.

Por un instante, incluso me pareció tierna la expresión de sorpresa en su rostro.

Pero apenas salió, mi humor cambió.

Me tensé inmediatamente y le indiqué a la mujer que se marchara.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde entonces.

Solo sabía que estaba molesto.

Con ella.

Con la situación.

Pero, sobre todo, conmigo mismo.

¿Por qué demonios había permitido que aquello ocurriera en mi oficina?

Tomé mi teléfono justo cuando comenzó a sonar.

Era Aurora.

—Señor De Luca, quería informarle que ya avisé que llegará unos minutos tarde a la reunión.

—Está bien.

Colgué.

Respiré profundamente y salí de mi oficina.

Ya me había recompuesto.

Caminé por el pasillo y la encontré sentada en su escritorio.

Tenía una enorme sonrisa en el rostro.

Cuando notó mi presencia, levantó la mirada.

Nuestra vista se cruzó.

Su sonrisa desapareció inmediatamente.

En cuestión de segundos volvió a adoptar aquella expresión profesional que utilizaba conmigo.

Seguí caminando.

Ella se levantó y comenzó a seguirme, mientras me explicaba algunos de los temas que se tratarían en la reunión del consejo.

Escuchaba atentamente sus palabras, aunque una parte de mi mente seguía pensando en lo ocurrido minutos antes.

Finalmente llegamos a la sala de reuniones.

Como siempre, todos se pusieron de pie al verme entrar.

Aurora tomó su lugar detrás de mí.

Me senté y comenzamos con la reunión.

Revisamos las ganancias del último mes, las variaciones de las acciones y varios proyectos que estaban próximos a comenzar.

Después de casi una hora, decidí darla por terminada.

—Bien. Doy por terminada la reunión.

Me levanté y salí de la sala.

Aurora me alcanzó rápidamente.

Caminamos juntos por el pasillo de regreso a nuestras oficinas.

Podía sentir la incomodidad entre nosotros.

Ninguno decía una palabra.

Finalmente llegamos a su escritorio.

Ella se detuvo.

—Señor De Luca, me retiro.

Me giré hacia ella.

—¿Ya terminó su jornada?

—Sí, señor.

Asentí.

Durante unos segundos no supe qué decir.

No estaba acostumbrado a tener que explicar mis asuntos personales.

Mucho menos a alguien como ella.

—Espero que no diga nada —dije finalmente con un tono serio— sobre lo que ocurrió...

Ella me interrumpió antes de que pudiera terminar.

—No diré nada, señor De Luca.

Ella me interrumpió antes de que pudiera terminar.

—No diré nada, señor De Luca.

Su tono era cortante.

Pude notar el disgusto en sus ojos.

—En mi contrato se menciona claramente la confidencialidad.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Además, usted es mi jefe. Lo que haga con su vida no es asunto mío.

Hizo una pequeña pausa.

—Supongo que todo el mundo necesita un buen polvo de vez en cuando.

Aquella última frase consiguió irritarme.

No sabía exactamente por qué.

Tal vez era la manera en que lo había dicho.

O quizá porque imaginé a otros hombres intentando acercarse a ella.

Una oleada de posesividad me recorrió.

"¿Cuántos idiotas habrán intentado acercarse a ella?"

Apreté la mandíbula.

Contrólate, Massimiliano.

—Eso espero, Aurora.

Mi respuesta salió mucho más dura de lo que pretendía.

En cuanto pronuncié aquellas palabras, supe que había vuelto a meter la pata.

Si mi hermana estuviera aquí, probablemente me habría hecho un discurso interminable por comportarme como un completo imbécil.

urora soltó un pequeño suspiro.

Era evidente que estaba intentando controlar su frustración.

—Si no necesita nada más, señor De Luca, me retiro.

Tomó su bolso.

—Alguien me está esperando.

Se giró y comenzó a caminar hacia el ascensor.

Me quedé inmóvil.

¿Alguien la está esperando?

La observé hasta que desapareció de mi vista.

Mi mente comenzó a trabajar inmediatamente.

¿Quién?

¿Dimitri?

¿Algún amigo?

¿Un novio?

Sentí cómo mi mandíbula volvía a tensarse.

No tenía ningún derecho a sentir aquello.

Aurora era mi secretaria.

Nada más.

Entonces, ¿por qué demonios me molestaba tanto pensar que alguien podía estar esperándola?

Me pasé una mano por el cabello y solté un suspiro frustrado.

—¿Quién carajos la está esperando?




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