El aliento de las mariposas

Cap 1

El sol de la tarde caía con una calidez dorada sobre las calles de Eldervale cuando nuestro auto cruzó las imponentes rejas de hierro forjado. Al fondo de un sendero impecable, rodeado de árboles que mecían sus hojas con la brisa marina, se alzaba la propiedad. Respiré aliviada al notar que no había sombras ni una neblina lúgubre en este lugar; la mansión era una verdadera obra de arte de la arquitectura moderna, con líneas limpias, paredes de piedra clara y colosales ventanales de vidrio que reflejaban el azul del cielo de Vaeloria.

Apoyé la frente contra el cristal de la ventanilla trasera, dejando escapar un suspiro que empañó el vidrio por unos segundos. Mis propios dedos, delgados y de uñas cuidadas, tamborilearon inconscientemente sobre mis rodillas. Yo no necesitaba una varita para sentir la vibración del mundo; la magia fluía por mis manos de forma natural, y en ese momento, mis yemas hormigueaban por los nervios de este nuevo comienzo.

—Es hermosa… —susurró una voz a mi lado.

Parpadeé y miré a Violet. Mi amiga del alma sostenía su vientre de seis meses con ambas manos, una caricia protectora que se había vuelto un tic en ella durante las últimas semanas. A sus veintiún años, su silueta ya delataba la vida que crecía en su interior, un milagro puro que se abría paso en medio de tanta incertidumbre tras la pérdida de su pareja.

—Es enorme —corrigió Dafne desde el asiento del copiloto, volteándose hacia atrás para mirarnos con una sonrisa brillante—. Miren ese jardín. Podríamos poner un huerto entero de lavanda ahí fuera.

Al volante, André soltó una risa suave mientras estacionaba el vehículo frente a la escalinata principal. El esposo de mi prima era un brujo joven y apuesto, y en ese momento se limitó a meter las manos en los bolsillos de su chaqueta humana, conteniendo el impulso de usar un sutil movimiento de muñeca para levitar nuestro equipaje. En este país, las reglas eran claras: frente al mundo, éramos humanos comunes.

Las puertas del auto se abrieron y el aire fresco de Eldervale nos recibió, impregnado de un sutil aroma a sal marina y flores silvestres. Antes de que pudiéramos dar dos pasos, las grandes puertas de la mansión se abrieron de par en par.

Una mujer de porte elegante, vestida con un traje sastre de lino color crema y un collar de perlas que destellaba bajo el sol, bajó las escaleras con los brazos abiertos. Su sonrisa era genuina, desprovista de cualquier arrogancia a pesar de la inmensa fortuna que gritaba su ropa. Detrás de ella, un hombre de cabello canoso y mirada serena la seguía con paso firme. Al verme, los ojos del hombre brillaron con una intensa emoción contenida. Sé que en ese segundo recordó a mi padre, su viejo amigo que había fallecido hacía dos años; ver su mirada fue como recuperar un pedacito de mi pasado.

—¡Bienvenidos! —exclamó la dueña de la casa, estrechando primero a Violet en un abrazo tan cálido e instintivo que disipó de golpe el frío que traíamos del viaje—. Por fin están aquí. Pasen, pasen, deben estar agotados.

El recorrido por la planta baja de la mansión fue un desfile de asombro para mí. Los anfitriones, lejos de presionarnos con discursos solemnes o recordatorios de la crisis que habíamos dejado atrás en nuestro hogar natal, se esmeraron en mostrarnos que este lugar no era un escondite, sino un verdadero hogar.

Nos llevaron por un jardín gigante donde una piscina de agua cristalina brillaba como un espejo, decorada en los bordes con estatuas de mármol claro tan estéticas que parecían sacadas de un museo. Luego nos mostraron la biblioteca gigante, un santuario con paredes tapizadas de libros desde el suelo hasta el techo, donde el olor a papel viejo se mezclaba con el de la madera pulida. Pero nuestra mayor sorpresa llegó cuando abrieron las puertas de una enorme ala de entretenimiento: una sala de juegos moderna equipada con una mesa de billar profesional y, para asombro de todas, ¡una pista de bolos privada! André miró el billar con un brillo de entusiasmo en los ojos, y por primera vez en días, sentimos que podíamos respirar.

—Queremos que se sientan cómodas —dijo el señor de la casa, dedicándome una mirada reconfortante que me llenó el pecho de gratitud—. Esta casa es suya. Y ahora, subamos a ver dónde van a descansar.

En el segundo piso, nuestro anfitrión se detuvo frente a un pasillo iluminado por la luz natural y abrió tres puertas consecutivas.

—No les asignamos una habitación a cada una porque pensamos que sería mejor que ustedes mismas eligieran su rincón favorito. Los dejaremos solos para que decidan —dijo la elegante humana con una sonrisa antes de retirarse junto a su esposo, dándonos nuestro espacio.

Las tres y André nos quedamos en el pasillo, mirándonos entre nosotros antes de asomarnos a curiosear.

Entré a la primera habitación y me quedé sin aliento. El cuarto se abría hacia un balcón precioso, con una pequeña mesa de hierro forjado blanca y dos sillas a juego. Desde ahí, la vista de la ciudad de Eldervale era simplemente perfecta.

Dafne y Violet se asomaron detrás de mí, intercambiando una mirada de complicidad que ya conocía muy bien.

—Este es tuyo, Psique —sentenció Dafne de inmediato, cruzándose de brazos con una sonrisa—. No acepto un no por respuesta. Sabemos cuánto amas sentarte a ver el paisaje y disfrutar de esos pequeños detalles.

—Pero… —intenté protestar, aunque mis ojos debían estar brillando de la emoción.

—Nada de peros —intervino Violet, empujándome suavemente hacia el balcón—. Te pertenece.

Violet caminó hacia la habitación de al lado y soltó una exclamación de alegría. Su cuarto no tenía balcón, pero poseía una ventana grande y preciosa con un alféizar de piedra lo suficientemente amplio para colocar una hilera de macetas. La luz del sol inundaba el espacio de una forma tan cálida que ver su rostro relajarse me devolvió el alma al cuerpo.

—Aquí pondré mis flores —dijo Violet, acariciando el marco de madera—. Al bebé le sentará bien esta luz.



#1163 en Fantasía
#215 en Magia
#306 en Joven Adulto

En el texto hay: fantasia, amor, brujas

Editado: 16.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.