El sábado por la mañana nos recibió con la misma calidez dorada que nos había enamorado de Eldervale. En la cocina de la mansión, el ambiente era inusualmente relajado. El gerente de L'Éclipse me había avisado la noche anterior que este fin de semana no hacía falta que fuera a trabajar porque el personal de la barra estaba completo. Al principio me entristeció un poco, ya que le estaba agarrando un gusto inmenso al ritmo de la discoteca y a las propinas, pero casi de inmediato sentí un profundo alivio. Mi cuerpo me estaba pasando la factura; había estado muy cansada y mis horas de sueño se habían reducido drásticamente por el sacrificio del turno nocturno. Necesitaba parar un momento.
Dafne se levantó de la mesa limpiándose las manos con una servilleta.
—Voy un segundo al piso de arriba a contestar una llamada de un cliente de la agencia de Miriam —dijo, mostrándonos la pantalla de su teléfono con una sonrisa profesional—. No me tardo.
En cuanto sus pasos se alejaron por el pasillo, André se inclinó hacia adelante sobre la mesa, barriendo la cocina con la mirada para asegurarse de que su esposa estuviera lejos. Su rostro joven y apuesto se iluminó con una complicidad traviesa.
—Chicas, necesito su ayuda —nos pidió en un susurro, mirando fijamente a Violet y a mí—. El cumpleaños de Dafne ya está a la vuelta de la esquina, cumple veintitrés años, y quiero prepararle algo realmente especial. Necesito que me ayuden a planear una sorpresa sin que ella sospeche absolutamente nada.
Violet sonrió con entusiasmo y metió la mano en su bolso, sacando un pequeño papel brillante.
—Yo tengo que ir a los grandes almacenes a buscar unas cosas para el bebé, pero toma esto, Psique —me dijo, extendiéndome un cupón—. Es un boleto de descuento exclusivo para empleados de la boutique donde trabajo. Tienen una sección hermosa de vestidos de gala y decoración de alta gama. Ve tú sola a echar un vistazo a ver si encuentras el regalo ideal o algo para la fiesta mientras yo avanzo con mis compras.
—Hecho —le aseguré, tomando el cupón—. Yo me encargo.
Mientras André se preparaba para pasar el resto del día pegado a su esposa, tratando con mucha astucia de averiguar qué era lo que ella más deseaba de regalo de cumpleaños, yo me encaminé sola hacia el centro de la ciudad.
Cuando entré a la elegante boutique de novias, las campanillas de la puerta de cristal tintinearon suavemente. El ambiente refinado, silencioso y extrañamente íntimo de la tienda vacía me envolvió de inmediato. Caminé sola entre los imponentes percheros, rozando las telas finas con las yemas de mis dedos, buscando alguna inspiración.
—Buenas tardes —arrastró una voz varonil, suave y perfectamente modulada desde el fondo del salón principal.
Ulises emergió de entre unos percheros de seda, y al verlo bajo la luz directa de los focos de la boutique, mi respiración se cortó por completo. El jefe de Violet era la viva imagen de un aristócrata misterioso de otra época. Tenía una estructura ósea perfecta, con pómulos prominentes y una muesca en la mandíbula tan afilada que parecía esculpida a mano. Su cabello castaño oscuro, con sutiles reflejos y un aspecto ligeramente rebelde, caía de forma perfecta sobre su frente, enmarcando unos ojos de un gris verdoso felino y sumamente penetrante. Tenía esa belleza pálida, magnética y peligrosamente elegante, realzada por una chaqueta de cuero negro y una camisa oscura que rompía con la formalidad habitual pero mantenía un porte imponente que desbordaba clase en cada movimiento .
Un pensamiento súbito, salvaje y completamente atrevido me cruzó la mente al recorrerlo con la mirada: «Qué ganas de quitarle esa ropa y descubrir qué se esconde bajo tanta pulcritud». El deseo me encendió la piel de golpe, haciéndome pasar saliva con dificultad mientras intentaba procesar el impacto de su presencia física.
Al notar que estaba completamente sola, Ulises se detuvo a pocos pasos de mí. Aquella mirada fría y distante con la que solía dirigirse a los demás se transformó de inmediato en una expresión de absoluto interés y caballerosidad. Sus ojos me recorrieron con una lentitud casi deliberada, deteniéndose un instante de más en mis labios antes de volver a encontrarse con mis ojos. Un silencio pesado, denso y cargado de una electricidad innegable se apoderó de los dos.
Mis dedos comenzaron a tamborilear suavemente contra mis rodillas debido a los nervios y al calor repentino que me subía por el cuello al tenerlo tan cerca.
—Buenas tardes —atiné a decir, rompiendo el trance y tratando de mantener mi voz firme—. Violet no está... me dio este cupón para buscar un regalo de gala para una fiesta de cumpleaños.
Ulises guardó las manos en los bolsillos, dándose cuenta perfectamente del efecto que causaba en mí. Lejos de mostrarse espeso o arrogante como con mi amiga, me dedicó una sonrisa ligera, ladeada y sumamente cautivadora que acentuó el magnetismo de sus facciones.
—Lo sé, la señorita Violet tiene el día libre —respondió, dando un paso lento hacia mí que acortó peligrosamente la distancia entre nuestros cuerpos—. Pero por favor, no se preocupe por el cupón. Será un auténtico placer ayudarla personalmente a encontrar el vestido perfecto esta tarde, Psique. Déjeme guiarla por nuestra colección privada... Estoy seguro de que encontraremos algo que nos fascine a ambos.
Editado: 21.10.2026