El peso de un secreto es capaz de sofocar el alma más poderosa. Durante los días siguientes a aquella tormentosa noche en el auto, mi mente se convirtió en un laberinto sin salida. No dejaba de pensar en Elian, en la frialdad de su mirada y en ese anillo de hierro oscuro con la runa maldita de las brujas negras. Aunque en ese momento yo no sabía bien qué significaba la runa, ni tenía la certeza de si Elian era un cómplice directo de Marfil enviado a cazarnos, una intuición mística me lo gritaba con fuerza en el pecho: ese chico no traía absolutamente nada bueno.
Sin embargo, me tragué todo ese pánico sola. Miraba a mi alrededor en la mansión y sentía que no tenía derecho a romper la paz que tanto nos había costado conseguir; todos parecían estar sumergidos en sus propios mundos, intentando sanar. Violet pasaba los días acariciando su pancita, que crecía cada vez más fuerte, concentrada por completo en la hermosa vida que se abría paso en su interior. Dafne, por su parte, desbordaba una alegría contagiosa, contando emocionada los muy pocos días que faltaban para su cumpleaños veintitrés. Al mismo tiempo, André trabajaba lo más que podía en los muelles del puerto, llegando exhausto pero con una sonrisa de orgullo por estar ganando el dinero suficiente para su hogar. Nadie merecía que yo los arrastrara de vuelta al terror, así que decidí guardar silencio.
Buscando un respiro para mis propios pensamientos, decidí salir a caminar sola. Me refugié en un pequeño café de la zona comercial, viendo la lluvia golpear los cristales mientras saboreaba una taza caliente. Al salir, de regreso a la mansión, mis pasos me guiaron de forma casi magnética hacia la boutique de vestidos de novia.
Mientras me acercaba a la imponente fachada de cristal, me lo admití a mí misma por primera vez: no iba solo porque me gustara el estilo aristocrático y refinado del lugar, sino porque sentía que esa tienda tenía su propia "magia". A pesar de que yo seguía siendo una bruja poderosa, desde que pisé el mundo de los humanos había sentido que perdía un poco de esa conexión mística con la tierra, como si mi energía se evaporara en la rutina mortal. Pero ese local, con su olor a seda y su silencio sagrado, lograba reavivar el hormigueo en mis dedos de una manera que no podía explicar.
Empujé la puerta y, para mi sorpresa, cedió sin resistencia. Al entrar, me di cuenta de que la boutique estaba completamente sola. No había clientas, ni costureras, ni rastro de Violet. Ulises se encontraba en el centro del salón principal, rodeada de catálogos de diseño y planos arquitectónicos extendidos sobre un mostrador de mármol. Les había dado el día libre a todos sus empleados para poder evaluar personalmente qué remodelaciones y cambios estructurales iba a hacer en la boutique.
Al escuchar el tintineo de las campanillas, Ulises levantó la vista. Sus intensos ojos de un gris verdoso se abrieron con una genuina sorpresa al descubrirme allí, dándose cuenta de inmediato de que había olvidado echar llave a la puerta principal [image_PeEJ6R.png]. Sin embargo, la rigidez de su rostro desapareció de golpe, sustituida por esa suavidad íntima que reservaba exclusivamente para mí.
—Vaya… parece que mi distracción ha traído la mejor de las consecuencias —arrastró con su voz grave, cerrando los planos y dedicándome una sonrisa ligera y cautivadora—. Olvidé cerrar la puerta por completo, pero puedes quedarte si quieres, Psique. La boutique está cerrada al público, pero jamás para ti.
—No quería interrumpir tu trabajo —respondí, dando un paso hacia el interior, sintiendo cómo el calor de la calefacción y su sola presencia me encendían la piel de inmediato.
—No interrumpes nada —aseguró, rodeando el mostrador con esa elegancia innata, casi felina, que me robaba el aliento.
Ulises vestía una camisa oscura ligeramente desabrochada en el cuello, desprendiendo ese magnetismo peligroso de caballero misterioso que tanto me perturbaba . A medida que acortaba la distancia entre los dos, la atmósfera de la tienda vacía se volvió asfixiante, cargada de una atracción y una tensión sexual tan cruda y brutal que el aire pareció espesar. Esta vez no había vestidos de por medio, ni misiones para Dafne, ni la sombra de Violet. Éramos solo nosotros dos, acorralados en un santuario de seda blanca.
Se detuvo a escasos centímetros de mí. Podía oler el aroma amaderado de su piel y sentir el calor de su respiración golpeando directamente mis labios. Sus ojos grises descendieron de forma descarada hacia mi boca, fijos, devorándome en silencio con un hambre contenida que me hizo estremecer. Mis manos comenzaron a tamborilear frenéticamente contra mis rodillas debido al pulso eléctrico que me recorría el cuerpo entero. El deseo acumulado durante días, el miedo sordo por lo de Elian y la necesidad de sentirme viva estallaron dentro de mí en una combinación salvaje. Había tanta tensión acumulada en el espacio que el más mínimo roce nos haría arder, una urgencia atrevida que nos empujaba a dar el siguiente paso, rompiendo por fin todas nuestras defensas
Editado: 21.10.2026