Llevo ya días atrapada en el intenso bucle de mi rutina. Hace tiempo que me invade una profunda sensación de angustia por no sentirme realmente plena con mi vida. Casi no me queda tiempo para disfrutar de esas tardes de sol que antes me encendían el alma. Aquellos instantes que me hacían sentir tan especial se esfumaron en los años como por arte de magia. Ahora mi vida se reduce a cumplir con cosas importantes, y eso es, justamente, lo que últimamente me asusta.
Recientemente, recibí una propuesta interesante, y a partir de ese momento tuve la sensación de que me encontraba frente a la posibilidad de cambiar mi vida para siempre. Necesitaba un cambio, algo fuera de lo común que me llenara de fuerzas una vez más para continuar. La propuesta consistía en transformarme al menos por un día en otra cosa, dejar de ser un humano; experimentar una vivencia nueva y única sin realizar el menor esfuerzo. Claro que había ciertas condiciones y restricciones. No era fácil; pero como una simple aventurera me lancé sobre mis más íntimos deseos.
Cierta voz que venía de mi interior me había dicho que solo un día antes iba a ser protagonista de un sueño. Me explicó que la meta era recorrer un largo camino, el cual elegido correctamente me llevaría a encontrar algo maravilloso al final. “La prueba no es nada fácil” me había dicho, “casi nadie ha logrado superarla, pero te aseguro, vuelven más contentos a su vida”. Y me enumeró las siguientes condiciones que debía cumplir:
Después de oír el disparatado discurso me eché a reír como nunca, ¿Quién no superaría la famosa prueba?, me dije. Al fin y al cabo, las tres condiciones son totalmente ridículas, nada nuevo para mí. Pero ¡por favor!, ¿de eso se trataba simplemente cambiar de vida? Algo tan sencillo y que muy pocos logran, ¡qué extraño! Me acosté plácidamente sobre la cama, traté de conciliar el sueño, no podía, algo tan sencillo y yo no podía lograrlo, qué extraño, ¿no?