La princesa mística

Capítulo 6

Astra

"Reina. Nadie toca a nuestra Reina". Me cubro la cara de verguenza en cuanto tengo todas las miradas expectantes de los presentes. Le dije tantas veces que no me llamara de esa forma y tal parece que no hablamos el mismo jodido idioma.

—¿Reina? —El hombre suelta una carcajada grave—. ¿Reina? ¿Ella? —Vuelve a reirse tan fuerte y exagerado que siento como me hierve la sangre—. Podra ser demasiadas cosas, pero jamás una Reina—pone enfasis en la última palabra para verme y reír más fuerte. Como si minutos atrás no se estuviera muriendo de miedo—. Es un alma imperdonable para los dioses, tanto para los míos como para los tuyos, elfo...

Observo las miradas confundidas que aún ven a Tharás. Es normal tener pánico. Es un miedo que ya circula en nuestra sangre desde que llegaron; ojála nos los hubieramos descubierto. Aparto los pensamientos para ver a mi alrededor. Las líneas purpuras y azul luminoso invaden cada muro de roca a la perfección, sin duda es un maestro del rayo, ¿será su único elemento? De ser así, tengo que tener cuidado.

—Todos tenemos un pasado que nos será juzgado en nuestro momento. No entiendo por qué lo haces tú si no eres más que un humano.

Ahora el ámbiente pasa del asombro a la humillación. "No eres más que un humano" Quizá solo se refirio a que no es un dios, aunque nuestro orgullo lo interpreto de otra forma.

El hombre aprieta la quijada—. ¡¿Te crees superior?! —reta—. ¿Mejor que yo?

—Lo soy—contesta Tharás tranquilo, sin dejar de perder el control del rayo que aún se mueve sobre su brazo como si de una serpiente se tratara.

Una corta risa se me escapa mientras me incorporo aún con las extremidades temblorosas. Hace mucho tiempo deje de recibir descargas. Estas dolieron, pero no se comparan con un verdadero rayo, mientras no se le ocurra dar varias seguidas estaré bien.

—Dejala libre—ordena Tharás.

El otro retrocede—. ¡Verek! —llama—. ¿En verdad vas a ayudarlos a cambio de promesas vacías? Ese no es el Silas que conozco. Cambiaste viejo amigo.

—¡Silencio Wonder! Cuestionas lo que no te concierne.

Wonder abre mucho los ojos mientras inhala profundo. Esa sensación es terrible; traición. Siempre viene de quien menos te lo esperas y... de quien más duele.

<<—¡Liberala! —exige—. ¡Obedece Wonder! —grita al no ver movimiento.

Muy lento lleva una mano al cinturón. Se sobresalta cuando Tharás lo amenaza con el rayo. De nuevo se mueve Wonder, hasta sacar un pequeño aparato con un único botón.

Tharás vuelve más gruesos todas las líneas que nos encierran. Espero no tenga la idea de freirnos vivos.

—Ni se te ocurra. —creo que murmura.

Todo queda en silencio.

Wonder sonríe—. ¿Qué? —pregunta juguetón—. Acaso, ¿no querias que la liberara? Lo haré, a mi manera.

Un escalofrío me recorre el cuerpo.

Tharás suelta un rayo que me ciega por un instante antes de que un terrible dolor me invada todo el cuerpo. Siento como me desgarra y quema por dentro. Me retuerzo y grito. Luego mi temperatura regresa poco a poco en cuanto obligo al agua a responderme y cubrirme el cuerpo. Me quejo. Aguanto el impulso de volver a ceder ante los rayos continuos que suelta la jaula. Toco la tierra.

Debo salir viva de esta. Nalle depende de mí.

El elemento escucha mis plegarias porque genera una esfera capaz de cubrirme—. Mmm. —Intento controlar el cansancio, el ardor, y no la furia.

De nuevo ardo. El calor abunda en el corto espacio apunto de explotar. Tiemblo de solo pensar en terminar con la vida de esa maldito. Nadie me encierra. !Nadie tiene poder sobre mí!

El fuego racciona. La piedra estalla y con ello, la jaula queda hecha pedazos. El fuego se queda conmigo alrededor de mi piel sin quemarme—. ¡Wonder! ¡Pelea de verdad! —Lo voy a hacer pedazos.

—Reina—se acerca Tharás cauteloso—. ¿Estás bien? —Retrocede al instante cuando me ve. Levanta las manos—. No lo hice yo.

Parpadeo confundida. De repente soy conciente del humo, de la destrucción y..., de los heridos.

El calor desaparece—. Tharás, ¿fui yo?

—Nadie esta de gravedad. —Aparece Silas todavia agitando la mano por el denso humo—. Unos cuantos golpes o raspones, una desmaya también. Lo normal.

El aire me regresa a los pulmones—. ¿Wonder?

Tharás asiente rápido—. Ya me encargue. —Señala—. No pude evitar a tiempo que generara las descargas, lo siento.

Silas hace un gesto al mirar detrás de mi espalda. Giro hacia un cuerpo que permanece quieto, totalmente hervido por dentro—. Oh. —gesticulo—. ¿Tharás?

El elfo encoge los hombros—. Ibas a matarlo de todas formas.

Le doy un golpe en las costillas. Se inclina.

—No estaba en mis planes que alguien muriera. Menos tu mano derecha. —Veo a Silas que sigue con el rostro neutro—. Si tienes otra condición para el mapa, la aceptare.

Vuelve a mirar el cuerpo de su amigo—. Eso sucede cuando alguien no escucha las advertencias. —Extiende el mapa—. Astra.

Nuestras miradas se encuentran. Lo noto. Lo siento. Esa sensación de que saben más cosas que tú—. Habla.

—No te mueras.

Enderezo la espalda. ¿Silas Verek acaba de pedirme que no me muera? Cuando él intento matarme durante años. Sería la noticia del año si todavía tuvieramos métodos rápidos de comunicación.

Sonrío con el poco esfuerzo que me queda—. Creeme, moriras tú antes que yo.

—Ja, mocosa engreída.

Una mano en el hombro me hace dar la vuelta de forma tan brusca que casi caigo.

—Santo cielo—Coloca su palma en mi frente—, ¿estas herida? —Inspecciona cada parte—. ¡Literalmente recibiste rayos y ardiste en llamas!

La agarro de los hombros—. Janet, enfocate. —Permanece quieta—. Estoy bien, en verdad.

Niega o eso creo, pues la visión comienza a traicionarme. Agito la cabeza. Todo me da vueltas. Janet sigue hablando, pero no la escucho del todo. Sujeto el mapa con fuerza. Tenemos que salir de aquí o se aprovecharan de mi debilidad. Continuamos en la cueva de la bestia Verek. Una tos ronca me ataca de repente y veo en el suelo gotas rojas.




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