Yo
*CAPÍTULO 4:*
La primera semana después de la llamada, no salí de mi cuarto.
No por Dante. Ya no.
Era por mí. Me veía al espejo y no me reconocía. Tenía ojeras, el pelo todo amarrado, la misma pijama de tres días. ¿Esa era yo? ¿La Blanca que siempre quería todo perfecto?
Mi mamá me tocaba la puerta todas las mañanas.
- Hija, ya desayuna algo. Por ti y por el bebé.
El bebé. Esa palabra me levantaba, aunque fuera a rastras.
El sábado me levanté. Me bañé con agua bien caliente. Me paré frente al espejo y me vi de verdad.
Tenía 21 años. Estaba embarazada. Estaba sola. Sí. Pero también estaba viva. Y dentro de mí, había un corazón latiendo que era mitad mío.
Agarré unas tijeras de la cocina.
Mi pelo largo siempre le había gustado a Dante. Él decía que era lo que más le gustaba de mí. Pues ya no.
Me corté el pelo hasta los hombros. Chueco, mal cortado, pero me lo corté yo. Y con cada mechón que caía al suelo, sentía que también se caía un recuerdo.
Luego abrí mi closet. Saqué todos los vestidos que me ponía para gustarle a él. Los doblé y los metí en una bolsa para regalar.
Me puse una playera grande, unos tenis, me hice una colita con mi nuevo pelo corto y me fui a caminar.
No a llorar al parque. A caminar al mercado. A comprarle ácido fólico. A preguntar en la clínica cuánto costaba mi primer ultrasonido.
En la noche, saqué la libreta.
La libreta donde habíamos escrito nuestros sueños con Dante. La casa, el viaje, los nombres.
La abrí en la última página. Y con pluma negra, bien fuerte, taché todo. Todo lo que decía "Dante y Blanca".
Y en una página nueva, en blanco, escribí solo una frase, con mi letra más bonita:
_Plan de Blanca y Bebé._
1. Terminar la universidad.
2. Ser la mejor mamá.
3. Comprar una casita chiquita pero nuestra.
4. Nunca más rogar amor.
Cerré la libreta y la abracé contra mi pecho. Por primera vez en un mes, sonreí de verdad.
No porque no me doliera. Me dolía muchísimo todavía.
Sino porque por primera vez, el futuro no me daba miedo. Porque ya no estaba esperando que alguien viniera a salvarme.
Me iba a salvar yo solita.
Me puse la mano en mi vientre y le dije:
- Bienvenida, nueva Blanca. Ahora sí vamos a empezar.