Monoliths: La isla

Cap, 2 Parte I

Capítulo II

Primero Comemos...

Nadie dijo nada durante unos segundos.

Elian seguía mirando la estructura desde el mismo lugar donde se había detenido al llegar. A esa distancia todavía era difícil distinguir sus detalles, pero no hacía falta acercarse para darse cuenta de que aquello no se parecía a ninguna formación natural que hubiera visto antes.

Varias piezas de piedra se elevaban alrededor de una sección central. Algunas tenían un tono gris oscuro; otras reflejaban un verde apagado bajo la luz de la mañana.

Lo que más le molestaba no era su forma.

Era recordar perfectamente aquel lugar vacío.

Matías se había sentado allí el día anterior para ponerse la zapatilla. Pipe había estado a su lado. Iván les había indicado desde ese mismo sector por dónde podían bajar.

Y ninguno había visto aquello.

Pipe fue el primero en romper el silencio.

—¿Dónde carajos terminamos?

Lo dijo más bajo de lo habitual. No parecía estar esperando una respuesta.

Vilma se adelantó un par de pasos. Entrecerró los ojos detrás de los lentes y ladeó ligeramente la cabeza, intentando observar la estructura desde otro ángulo.

—No tengo idea —dijo—. Pero eso es algo digno de investigar.

Iván apartó por fin la mirada del monolito.

—Espera, espera.

Vilma se volvió hacia él.

—¿Qué?

Iván hizo un gesto hacia el refugio, aunque desde allí quedaba oculto tras los árboles.

—Apenas conseguimos pasar una noche. No tenemos comida, seguimos tomando agua directamente de un cauce y dormimos debajo de ramas que se cayeron la primera vez que intentamos ponerlas. ¿Y tú quieres ir a investigar eso ahora?

Vilma se acomodó los lentes con un dedo.

—Sí.

Iván pareció esperar algo más.

—¿Sí?

—Sí. —Vilma volvió a mirar hacia la estructura—. No digo que corramos hacia allá sin pensar, pero apareció una construcción enorme en un sitio donde ayer no había nada. ¿Qué quieres que haga? ¿Que finja que no está?

—Quiero que primero pensemos si tenemos algo que comer esta noche.

Vilma bajó la mirada un instante y después volvió hacia él.

—Me dedico a la arqueometría, Iván. Si encuentro algo que no debería existir frente a mí, evidentemente voy a querer verlo.

—Y yo evidentemente quiero seguir vivo para que puedas estudiarlo mañana.

Matías, que hasta entonces había permanecido apoyando casi todo el peso sobre una pierna, levantó una mano.

—Yo estoy con Vilma.

Pipe giró hacia él.

—Tú estás con sentarte.

Matías frunció el ceño.

—Puedo caminar.

—Hace cinco minutos tuviste que apoyarte en mí para subir la última parte.

—Porque esto está lleno de piedras.

—Y porque tienes el pie hecho mierda.

Matías bajó la vista hacia su zapatilla.

—No está hecho mierda.

Probó apoyar con un poco más de fuerza. La expresión que hizo duró poco, pero fue suficiente.

Pipe alzó las cejas.

—Ajá.

Matías retiró parte del peso.

—Dije que puedo caminar. No dije que fuera agradable.

Elian dejó escapar una sonrisa, aunque su atención volvió enseguida hacia el monolito.

—¿Y por qué estás con Vilma?

Matías señaló la estructura.

—Porque es verde.

Pipe se quedó mirándolo.

Iván también.

Matías recorrió sus caras.

—¿Qué?

—¿Tu argumento es que es verde? —preguntó Iván.

—No es mi único argumento.

—Todavía no escuchamos el segundo.

Matías resopló y señaló nuevamente el monolito.

—En los juegos, el verde suele significar curación, recuperación, vegetación... cosas así. Normalmente no ponen algo verde brillante para decirte «ven aquí a morir».

Iván tardó un momento en responder.

—Mati, esto no es un juego.

—Ya sé que no es un juego.

Esta vez Matías contestó sin bromear. Se acomodó contra el tronco del árbol para descansar el pie.

—No estoy diciendo que lleguemos, lo toquemos y aparezca una barra de vida encima de nosotros. Digo que incluso fuera de los juegos usamos los colores para representar cosas. Verde es salud, naturaleza, seguridad... no sé. La gente lleva haciendo esas asociaciones desde antes de que existieran los videojuegos.

Iván cruzó los brazos.

—También hay animales venenosos verdes.

Matías abrió la boca, pero no respondió inmediatamente.

—Bueno... sí.

Pipe soltó aire por la nariz.

—Se derrumbó la teoría.

—No se derrumbó. Perdió un poco de fuerza.

Vilma sonrió.

—Además, estamos suponiendo que quien construyó eso relacionaba los colores de la misma forma que nosotros.

Matías la señaló.

—¿Ves? Eso es investigar. Ya estamos avanzando.

—Todavía no hemos avanzado ni un metro —dijo Iván.

—Metafóricamente.

Elian levantó ambas manos.

—Okey. Ya.

Los otros lo miraron.

Elian buscó las palabras antes de continuar. Le resultaba extraño que todos esperaran algo de él, aunque fuera únicamente porque había interrumpido.

—Los dos tienen razón.

Iván hizo una mueca.

—Eso generalmente significa que nadie tiene razón.

—No, escúchame. —Elian señaló hacia los árboles—. Estoy contigo en que tenemos problemas más urgentes. No tenemos comida. No tenemos dónde guardar agua. El refugio funciona mientras no llueva y todavía no conseguimos hacer fuego.

Miró a Matías.

—Y Mati apenas puede caminar.

—Ey.

—Apenas.

—Sigo caminando.

—Sí, ya te vimos.

Matías murmuró algo que Elian decidió ignorar.

—Pero Vilma también tiene razón. Ayer despertamos sin saber cómo llegamos aquí. Ninguno recuerda venir a esta isla y ahora tenemos una construcción gigante que apareció durante la noche.

Se giró hacia el monolito.

—No podemos pasar los próximos días mirando hacia otro lado y esperando que todo empiece a tener sentido solo.




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