Monoliths: La isla

Cap. 3 Parte II

Elian despertó con la cara contra la tierra.

Durante unos segundos no intentó moverse. Tenía los dedos cerrados alrededor de una raíz y recordaba haberla buscado antes de caer, pero no recordaba haber llegado al suelo. Más allá de su mano, una franja de luz atravesaba la explanada. Los bloques del monolito estaban inmóviles.

Escupió la tierra que le había entrado en la boca y levantó la cabeza.

—¿Vilma?

Ella continuaba junto a uno de los bloques, sentada con la espalda apoyada en la piedra. Tenía los lentes torcidos. Al oírlo, abrió los ojos y miró alrededor antes de encontrarlo.

—Estoy aquí. ¿Los demás?

Elian vio a Pipe tendido a pocos pasos de Matías. Iván estaba al pie de un árbol, con una mano extendida sobre las hojas. Los llamó. Pipe respondió primero, llevándose los dedos a la frente mientras se incorporaba. Iván abrió los ojos poco después.

Matías permaneció quieto.

Pipe se arrastró hasta él y le tocó el hombro.

—Mati. Necesito que me respondas.

—Te escucho —murmuró Matías, sin abrir los ojos—. Estoy intentando decidir si levantarme es una buena idea.

—De momento, basta con que abras los ojos.

Matías obedeció. Su mirada se detuvo en los bloques y luego bajó hasta la férula. Se sentó con cuidado, apoyó una mano en el suelo y se puso de pie antes de que Pipe alcanzara a decirle que esperara.

Cargó el peso sobre la pierna sana. Después apoyó la otra.

Se quedó mirando su pie.

—¿Uh?- Murmuró Matías

—¿Qué pasó?- Respondió Pipe preocupado

—No me duele.

Pipe se levantó junto a él.

—Puede que hayas descansado mientras estábamos inconscientes. Siéntate un momento y veamos cómo está antes de que empieces a caminar.

Matías dio un paso corto. Probó el apoyo otra vez, esta vez con más peso, y su expresión pasó de la cautela al asombro.

—No, Pipe. Ayer me molestaba incluso estando sentado. Hoy me dolió todo el camino, y antes de caer casi no podía apoyar sin sentirlo. Ahora no hay nada.

Se volvió hacia el monolito. El sol de la tarde alcanzaba una de las vetas verdes y la hacía resaltar entre las caras oscuras.

—Les dije que lo verde podía significar curación.

—Dijiste que podía significar algo bueno —respondió Iván desde el árbol—. También dijiste que podía ser venenoso.

—Preferí no descartar ninguna posibilidad.

Matías sonreía, pero había algo inseguro en la forma en que miraba su propia pierna. Flexionó la rodilla, como si esperara que el dolor apareciera al siguiente movimiento.

Pipe se agachó a su lado.

—Déjame revisar el tobillo. Que puedas apoyarlo no me dice qué pasó con la lesión.

Aflojó la parte superior de la férula. La zona seguía hinchada; incluso parecía más abultada que durante la subida, aunque ninguno había tenido ocasión de examinarla con calma antes de acercarse al monolito. Pipe palpó con suavidad alrededor de la articulación.

—¿Sientes mis dedos?

—Sí. Presión, calor… Sé perfectamente dónde estás tocando.

—¿Y aquí?

Pipe presionó en el punto que esa mañana había hecho que Matías retirara el pie de inmediato.

—Lo mismo. Presión.

Pipe soltó el tobillo y miró la inflamación antes de volver a ajustar la férula.

—No sé si ha mejorado algo por dentro. Por fuera sigue lesionado, así que no voy a pedirte que hagas más pruebas.

Matías apartó la vista del monolito.

—Puede que la hinchazón tarde en bajar.

—Puede ser. Mientras no sepamos qué cambió, necesito que camines como si todavía te doliera. Si pisas mal, ahora no vas a tener esa advertencia.

Vilma había seguido la conversación en silencio. Deshizo el nudo de la tela que cubría su palma. Una parte estaba pegada a la herida y tuvo que tirar dos veces para separarla. Dejó la mano abierta sobre sus rodillas.

—El mío tampoco duele.

Elian se acercó. El corte continuaba bajo la base del pulgar, con los bordes enrojecidos. Vilma tocó la piel junto a la herida y después, con más cuidado, rozó el centro.

—Siento el contacto —dijo—. Cuando saqué la tela, sabía que estaba tirando de ella. Pero no me dolió.

Miró a Matías. La satisfacción de él se había atenuado.

—Entonces no fue solo tu pie —añadió Vilma.

Elian pensó en su hombro izquierdo. Había logrado incorporarse sin reparar en la punzada que lo acompañaba desde que despertó en la playa. Elevó el brazo despacio. El movimiento seguía siendo limitado y notó resistencia al llegar a la altura del pecho, pero no apareció el dolor habitual.

—A mí también me pasa.

Pipe observó hasta dónde podía levantarlo.




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