Un Alma por Otra

Capítulo 8 - Alguien con Quien Compartir

Durante esa semana, Tais y yo pasamos mucho tiempo en la playa; era un lugar usual en el que nos reuníamos a charlar o pasar el rato.

—Ciro, ¿qué tal si vienes a comer a mi casa? Habías prometido probar mi comida, ¿lo recuerdas?

Me preguntó Tais mientras sonreía de forma lenta y afilada, haciéndome tragar saliva

—Claro… claro que lo recuerdo, pero… ¿Por qué sonríes así?

Al escuchar mi pregunta, su rostro cambió completamente, dándome una sonrisa que me hizo bajar la guardia y luego puso una mano en mi hombro

—¿Sonreír de qué forma?

—N-Nada, olvídalo, mejor vamos. —Ella se levantó de la arena y esperó a que yo hiciera lo mismo, llevando sus manos detrás de su espalda y seguía sonriendo

—¡Corre! ¡Vamos! A este paso llegaremos a cenar y no comer

—Calma, calma, ya voy

Mientras me levantaba, Tais empezó a caminar y yo caminé detrás de ella y luego me tomó por la muñeca y aceleró el paso, lo cual me hizo tropezar un poco antes de que pudiera seguirla

—Tienes mucha prisa, no hay necesidad de ir tan apresurados

—Lo dices porque no eres tú quien estará cocinando

—O tal vez solo eres impaciente

—Quizá eres tú el lento —me respondió de inmediato acompañado de una pequeña risa

Varios minutos después llegamos a la casa de Tais; era una pequeña casa de un piso. Me dijo que podía sentarme en una de las sillas de madera frente a una de las mesas y, mientras tanto, ella entró a una de las habitaciones y posteriormente salió hacia el patio junto a un brasero portátil con carbón y colocó algo de yesca fina sobre el carbón

—¿Quieres que vaya a pedir fuego?

—No tienes que hacerlo, mi padre me enseñó una técnica muy útil. —Ella tomó dos piedras en su mano; una era de un amarillo intenso y otra de un color gris muy cercano al negro

—Vas a hacer fuego golpeándolas, ¿no?

—Tienes razón. Eres más inteligente de lo que creí

—¿Se supone que es un halago?

—Mmmh, sí, ja, ja

Tais se acercó al brasero y se inclinó con las piedras en la mano y se quedó frente al brasero durante varios segundos sin hacer nada y luego me volteó a ver y se acercó con las piedras en la mano pegadas a su pecho

—Oye… ¿Puedes prender tú el brasero?

—Claro… ¿Por qué no? —le respondí mientras tomaba las piedras de su mano y ella miraba al suelo con una sonrisa torcida

—Gracias… es que hace poco me quemé con las chispas y no quiero volver a quemarme…

—No imaginé que unas chispas te dieran miedo —dije mientras sonreía y me acercaba al brasero

—¿Sabes lo doloroso que es? No lo entenderías aunque te lo explicara —refunfuñó Tais observando hacia otro lado

—Solo tengo que golpearlas hasta que la chispa prenda el carbón y es todo, ¿no?

—Y tienes que soplar para que las brasas crezcan

Empecé a golpear las piedras una con la otra cerca de la yesca, esperando a que una chispa las prendiera

—¿Estás bien? ¿No te has quemado? —me preguntó Tais asomándose sobre mi hombro

—No te preocupes, todo está controlado

Finalmente, una chispa cayó, prendiendo un poco la yesca; soplé para que la llama se extendiera y le levante

—Listo, ya está el fuego

—Muchas gracias por eso…

—¿En qué más te ayudo?

Ella se llevó las manos a la cintura y sonrió con orgullo para luego señalarse ella misma con el pulgar

—En nada, yo puedo hacerme cargo de lo demás; después de todo, mi madre me enseñó a cocinar

—¿De igual forma en que tu padre te enseñó a prender fuego? —Tais entrecerró los ojos y me vio fijamente, acercándose un poco

—¿Qué insinúas?

—Nada, solo era un comentario, ya sabes, no pensé que tus padres te enseñaran tantas cosa

—Haré como que te creo…

Tais cocinó después de que prendiera el fuego, colocó agua a hervir junto a unas lentejas y, mientras tanto, picó cebolla y ajo de forma muy fina, echándolas junto a las lentejas para luego agregar comillas de cilantro trituradas, sal y aceite de oliva, y lo dejó ahí, sentándose frente a mí.

—Se te da muy bien la cocina

—Solo son unas lentejas

—Las cuales a mí se me quemarían

—¿Es posible hacer eso?

—Bueno, si soy yo, no tengo dudas —le respondí rascándome la nuca

—Entonces será mejor que te mantenga lejos del brasero…

Tais se levantó y colocó cilantro a las lentejas y, tras unos minutos de cocción más, los sirvió en unos platos hondos y cortó algo de pan para que lo comiéramos junto a las lentejas. Tomé una de las rodajas del pan y lo remojé en el caldo y le di una mordida

—Está muy bueno, de verdad

Tais terminó de masticar su pan y me hablo

—¿Quién más crees que cocinó? Obviamente, quedó bien

—Si cocinas así, me verás en tu casa muy seguido

—No estaría mal alguien con quien compartir la comida



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En el texto hay: fantasia, amor, mitologa griega

Editado: 30.09.2026

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