Verum: La Verdad del Dragón

CAPITULO 4: El Ascenso de las Sombras

CAPÍTULO IV: 그늘 (geuneul) El Ascenso de las Sombras

Dong Goo levantó la mirada, visiblemente asombrado por la franqueza de su tío.

—La forma en que toda esa gente se reúne en secreto, al amparo de la noche... parece que estuvieran planeando algo oscuro —se atrevió a decir con la voz temblorosa.

Do Kyung soltó una carcajada que resonó en la estancia, desprovista de cualquier rastro de malicia aparente.

—He servido fielmente al Rey durante muchos años, sobrino. ¿Por qué cometería una traición ahora? —le cuestionó, mirándolo con una fingida decepción que hizo que Dong Goo bajara la mirada, aunque la respuesta no lo dejó del todo conforme.

El Consejero se inclinó hacia adelante, bajando el tono de voz como si compartiera el secreto más sagrado del reino.

—Solo estamos protegiendo a Su Majestad, y también al príncipe Hyun Woo —aseguró con gravedad

—. Hemos descubierto que hay personas influyentes que desean terminar con la descendencia real y planean un ataque inminente.

Dong Goo alzó la mirada de golpe, con el pulso acelerado.

—¿Planean... planean asesinar al Rey?

Do Kyung asintió con la cabeza de manera pausada y tranquila, dejando que el miedo hiciera el resto del trabajo en la mente del joven.

El tiempo transcurría de manera monótona en el palacio. De vez en cuando, Dong Goo asistía a las reuniones secretas y reportaba minuciosamente cada movimiento del Jungbang, tal como se le había ordenado. Por lo general, en aquellos encuentros no se discutían temas que comprometieran directamente el trono del Rey Joo Wol; más bien, parecían simples reuniones sociales entre personas que compartían intereses comunes, lo que mantenía a Dong Goo en una calma tensa.

Sin embargo, un día, el Consejero Real invitó a su sobrino a tomar el té en su residencia privada. En la estancia, rodeados por el aroma del incienso y el silencio de las paredes de madera, solo permanecieron ellos dos.

—Consejero Real, quisiera hacerle una pregunta... —comenzó Dong Goo, manteniendo la mirada fija en el fondo de su taza de porcelana, incapaz de mirar a su tío a los ojos.

—¿Acaso piensas que estamos tramando cometer una traición? —se adelantó Do Kyung con una voz gélida y calmada, mientras tomaba un bocadillo dulce del plato con una parsimonia que helaba la sangre.

—¿Quiénes son esas personas? ¿Por qué el General Kim no está enterado de esto ni es partícipe de la defensa? —cuestionó Dong Goo, tratando de encontrar una lógica en su razonamiento.

—Ni Su Majestad ni el General Kim pueden conocer esta información; alertarlos solo complicaría las cosas —respondió Do Kyung con un suspiro calculado—. El Rey, por algún motivo, se ha sentido ansioso últimamente y sufre de insomnio con frecuencia; no podemos darle más preocupaciones.

—¿Pero cómo podemos proteger a Su Majestad sin saber quién está conspirando en su contra?

—La nacida bajo la estrella del Dragón tal vez sea quien lo proteja... —el consejero hizo una pausa dramática—, o tal vez el Rey caiga bajo el filo de su propia espada.

—¡Sé que Seo Yun nunca haría algo así! —exclamó Dong Goo, defendiéndola instintivamente—. Ella nació para proteger al monarca.

—Ya veremos qué bando toma cuando se revele la Espada del Dragón. Es un arma de un poder inconmensurable, sobrino. Pero aún más poderoso es el sentimiento de superioridad que otorga. Quien porta esa espada puede arrasar con todo un reinado sin dejar rastro... y el poder suele corromper hasta el alma más pura.

—Ella es de corazón noble, nunca haría tal cosa —insistió Dong Goo, aferrándose a la última imagen pura que conservaba en su mente.

El Consejero Real dibujó una sonrisa cargada de sarcasmo en su rostro.

—El General Kim servía al anterior monarca, pero curiosamente nunca dio con el responsable del envenenamiento. El príncipe heredero sufrió el mismo síntoma, aunque no fue letal. Unos meses después de que el rey Joo Wol ascendiera al trono, el General Kim fue nombrado con su cargo actual. Lo realmente extraño —añadió Do Kyung, bajando la voz— es que el anterior general fue ejecutado por traición, y en tres días de tortura no pudieron obtener una sola declaración de él. Fue entonces cuando la reina consorte decidió inculpar al príncipe Min Joon.

Dong Goo procesó la información con el rostro pálido.

—Visto así... parecería que la reina consorte asesinó al anterior rey para asegurar el trono —concluyó Dong Goo, con la voz quebrada por el peso de la sospecha.

—Todo apunta a eso —confirmó Do Kyung con una gravedad fingida.

—¿Pero por qué la reina consorte haría algo tan atroz? —cuestionó Dong Goo, sintiendo que los pilares de su mundo se desmoronaban.

—Al parecer, el rey estaba profundamente enamorado de su concubina y pasaba la mayor parte del tiempo con ella, relegando a la reina.

—Pero eso no debería ser un motivo para un asesinato... —reflexionó Dong Goo, tratando de aferrarse a la lógica.

—Piénsalo bien: todos los beneficios de la corona recayeron sobre la reina consorte; ella pudo gobernar desde las sombras. Además, el General Kim ascendió de puesto de forma meteórica; él siempre fue un allegado íntimo de la familia real.

—De todos modos, el General no le haría daño al Rey... son amigos desde que eran niños —confesó Dong Goo, en un último intento por defender a su mentor.

Do Kyung sonrió mientras tomaba la taza de té, observando la porcelana de cerca, con una meticulosidad casi obsesiva.

—Hasta la porcelana más fina, esa que parece perfecta a simple vista, desarrolla grietas con el uso prolongado. Todo cambia con el pasar del tiempo, sobrino. Absolutamente todo.

—Parece que todas sus sospechas estuvieran dirigidas hacia el General Kim —señaló Dong Goo, con una nota de temor en la voz al verbalizar lo que tanto temía.




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