Arcángeles Infernales

Capítulo 5

Al momento en que se abre la puerta rústica de nuestra nueva y primera casa, siento un nudo de sentimientos atorados en la garganta.

—¡Tantas horas después, por fin han sido válidas! —mi papá estalla de emoción con una gran sonrisa en su cara.

Y contenerme de quejas estúpidas y lloriqueos por dejar la ciudad lo han válido para verlo así.

No puedo evitar sonreír.

—Yo necesito ir al baño o un lavabo, ¡O, aunque sea una bolsa! —mi mamá sale disparada adentro de la casa, haciendo que se enciendan instantáneamente las luces.

—Suzanne, siempre de precipitada a la hora de viajar—se pasa la mano por la cara aun sonriendo.

—¿Los nervios, quizás? —me muevo sonriendo.

—Mal hábito más bien, como dejar a medias el equipaje—se pone las manos en el cuello, tenso.

¿Necesitará ayuda? Quedan aún más maletas en el taxi que está estacionado hace como 10 minutos.

—Seguiré cargando cosas...

—¿Quieres que te ayude? —me doy la vuelta para ayudarle sin necesidad de que me responda, pero me detiene.

—Ayúdame cargando las maletas acá dentro y viendo si necesita algo tu mamá, por favor—me suelta al terminar de decirlo.

Asiento sonriendo.

—Está bien—me alejo para cargar en cada mano una pesada maleta y dirigirme adentro de la pequeña casa. Yéndonos en caminos distintos.

Camino pasando el pórtico de madera un poco rechinante, cruzando al tapizado de alfombra café que inunda el color de la casa. Es más grande que nuestro pequeño e iluminado departamento, pero a simple vista no es tan grande en su comparación.

El mobiliario ya está incluido y parece un poco usado, aunque sus colores no pasan del café y rojo. Todo está tan bien combinado que me hace pensar que mi mamá puso sus gustos en amueblar. Es tan... Acogedor. Es la única palabra que se me viene a la cabeza al ver cada detalle que contiene. Hasta tiene una chimenea con unos grandes sillones.

—¡Jane! —la voz de mi mamá me hace tirar de golpe las maletas.

Volteo al instante para verla sonriendo de oreja a oreja haciéndome una seña con la mano para que vaya rápido.

—¡Tienes que ver esto! La cocina es una joya.

Asiento caminando rápido retomando la tarea de cargar las maletas y dejándolas lo más cerca de los sillones para dirigirme a la entrada de la cocina. Elevo la cabeza viendo el segundo piso muy iluminado con el cancel de madera, se ve muy lindo. No me había dado cuenta de que había un candelabro de cristal colgando en medio de la sala. Me está gustando mucho este lugar, tiene su toque "clásico" que tanto me gusta.

Una fuerza me jala adentro de la cocina, entendiendo que es plan de la emoción de mi mamá haciendo práctica en mí.




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