Arcángeles Infernales

Capítulo 10

Los murmuros y pequeñas risas vuelven a ser presentes al quedarnos en silencio.

—Pareces perdida, tal vez pueda ayudarte a instalarte—parece darse cuenta porque mira a los lados de forma discreta y después vuelve a mí, con una mirada seria.

—¿Se nota tanto? —sonrío acercándome a él y dejando que me guíe.

—Parecía que me pedías un tour a gritos por mi aterrizaje al puesto de información escolar—comienza a caminar adentrándose en la escuela.

Río.

—Puede ser—me pongo a su paso, mirando a nuestro alrededor la estructura increíble que voy viendo en la escuela.

Por dentro todo parece muy reducido, pero con largos pasillos llenos de gente de un lado a otro. Hay globos de colores en las esquinas y más puestos de distintas temáticas, pero con el mismo fin de informar. Todo parece muy bien ordenado.

—¿Vas a pedir informes o ya estás inscrita? —me pregunta al concluir por mi indagación a los lados.

—Ya estoy inscrita—lo veo al decírselo. Desde la primera semana en que mis papás comenzaron a ordenar todo el traslado detalladamente y me dicen que me relaje con el orden, diálogo que quisiera comentarle, pero no lo amerita.

Se queda pensando por unos segundos con una expresión extraña.

—No te vi en las inscripciones—me ve el rostro pareciendo que está analizándome.

Puede ser porque no sabía de este lugar y menos había puesto un pie aquí antes. El internet hace milagros a distancia.

Río levemente al verlo tan concentrado.

—Vengo de Detroit. Fue inscripción en línea hace unas semanas atrás, recién llego aquí.

—Oh, una chica de ciudad—sonríe moviendo las manos con exageración de asombro.

Sonrío negando.

—No hay nada de interesante en eso. A pesar de que no sabía de este lugar antes, luce más agradable que el ruido de los coches todas las mañanas y el smog en el aire—cruzo los brazos, sonriendo un poco.

Ríe.

—Eso creo...

—¡Neitan! —una chica rubia llega corriendo para echarse en sus brazos con total euforia que me hace poner distancia, antes de ser de nuevo arrasada con tirarlo.

Parece saber instantáneamente quién es porque ríe en conjunto a ella y la abraza muy fuerte.

Los veo pensando en que son muy lindos juntos. Cassie me recibía así después de un verano juntas y videollamadas todos los días hasta regresar a clases. Irónico, pero demasiado lindo.

—Oh, ella es Jane, mi nueva turista—se despegan, enfocando atención en mi antes de que me sienta melancólica.

¿Turista? Debe ser al agregar brevemente nuestro encuentro tan peculiar.

Sonrío viendo a la rubia con ojos cafés acercándose muy alegre, sonriéndome de vuelta.

—Cinco minutos tarde y ya Neitan se convierte en un donjuán—ríe mirándonos por turno. —Anya Adkins, su mejor amiga y tu cuñada en un futuro.

¿Cuñada? Eso, no.

Me quedo muda sin saber cómo tomarme eso.

Neitan luce inquieto y su risa suena demasiada falsa. Yo igual finjo una sonrisa, incómoda.

—¡Es broma! —se acerca a tomarnos por el brazo y estrecharnos contra ella.

Su risa me motiva a reír también, aliviada.

—Me alegra saber que hay nuevos rostros por aquí—nos suelta poniendo sus cabellos detrás de la oreja.

Yo comienzo a pensar lo mismo.

—En mi caso, hay muchos nuevos—sonrío viendo alrededor.

—Sí, demasiados. Pero no todos tienen el interés para crear nuevos vínculos. Todos aquí nos conocemos desde la primaria, es aburrido—Anya rodea los ojos al decirlo.

Debe ser por el tamaño y geografía del lugar.

—Es interesante conocer a nuevas personas, aunque, algunas están muy absortas en sus cosas como para hacerlo—apunto con la barbilla a un ejemplo de personas riéndose entre sí. Grupos sociales hay donde quiera.

—Por supuesto, conforme pasa el tiempo aquí, la exigencia y las amistades aumentan—dice Neitan. Parece tener más conocimiento sobre este lugar, espero que sea así para ver si puede ayudarme en adaptarme un poco.

—Como en todo, supongo—regreso a mirarlos. —Tampoco es que me caracterice por ser de muchas amistades que digamos—sonrío comentándoles un hecho de mi vida en resumido. A decir verdad, he sido muy aislada de las personas. Por los cursos de verano no he tenido problema con socializar, pero sí en crear amistades más a fondo.

Ambos me sonríen.

—Ya nos tienes a nosotros—Anya se adelanta al decirlo.

—Pues, muchas gracias—le sonrío agradecida. Es demasiado genial.

Duramos sonriéndonos unos segundos hasta que la campana suena, exaltándome.

Me muevo inquieta mientras ellos permanecen intactos.

¿Por qué no se mueven?




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