Cómo Ama Un Vampiro

Capítulo 1: Dos en el tablero

Vincent releía una y otra vez el correo en su teléfono, como si hacerlo pudiera cambiar las palabras. Soltó un suspiro, esta vez más largo y cansado.

«Aviso de pagos atrasados».

Lo miró por un largo instante apreciando el rojo vibrante de la advertencia, esperando inútilmente —en un arranque de mucha fe o simplemente de mucha estupidez— que eso pudiera cambiar la realidad. Sintió el peso de la deuda encorvarle los hombros, como una sombra que cada vez era más difícil de ignorar, sus dedos temblaban un poco.

Cerró los ojos y se masajeo el puente de la nariz; sabía que no podía seguir posponiéndolo, necesitaba conseguir dinero rápido.

La sala de orientación, llena de estudiantes recibiendo instrucciones. Voces bajas, papeles que crujían, nervios que flotaban en el aire como electricidad antes de una tormenta. Vincent apenas escuchó cuando el profesor lo llamó.

—Vincent Dawson, ¿verdad? —dijo el hombre, con una sonrisa amable mientras le extendía el sobre con las instrucciones para su proyecto grupal de inicios del quinto semestre.

El profesor era un hombre viejo, pero jovial, insistía en que los chicos de ahora todo dejaban a la tecnología, solía mencionar en sus peroratas que necesitaban seguir ese contacto con lo análogo, trabajar un poco al estilo clásico, que la información se retiene mejor cuando esta va de la mano con la motricidad del propio cuerpo.

Vincent asintió torpemente, se encaminó a la salida y, viendo a las demás personas ir y venir por el pasillo, sintió la textura del sobre como si llevara algo mucho más pesado que unas simples hojas de papel. Un retorcijón en el estómago le hizo salir de su perplejidad, era tarde ya, la hora de comida casi terminaba, su siguiente clase no era una que debía tomarse con el estómago vacío, no para soportar al profesor Gautier que, este semestre, cubría esa clase. Gautier parecía colegiala enamorada de Baldor. «¿Quién demonios seguía viendo problemas de Baldor en la universidad?», pensaba Vincent y todo el cuerpo estudiantil que tenía que tratar con Gautier.

Las vacaciones tan próximas como un pestañeo, los días se alargaban en un azul desbordado de sol, y el calor del verano caía grosero sobre las personas, implacable, pegándose a la piel, hiriendo e hirviendo la paciencia.

Para Vincent, el verano era un engaño de promesas de las películas juveniles.

Caminaba entre la multitud de estudiantes como un espectro perdido, demasiado cansado para imaginarse con playas o tardes perezosas. Cada paso era una carga más, cada bocanada de aire caliente, un recordatorio de su existencia. Una existencia que pesaba como costal de piedras.

En su mente, la palabra «verano» comenzaba a evocar el concepto de: horas de trabajo, más deudas sin pagar, más sueños remendados con torpes hilos de esperanza.

El mundo seguía girando alegre a su alrededor, pero él sentía que se hundía cada vez más en un mar de días idénticos, donde el único alivio sería, tal vez, simplemente detenerse.

—Si te quedas callado mirando a la nada como mártir de ópera, lo único que van a pensar los demás es que quieres que te den primeros auxilios —interrumpió Noah, dejando uno de los vasos desechable con café frente a él mientras se sentaba en la silla del otro lado de la mesa—. Ya Karina y Nico se unieron al chat grupal.

Vincent fijo la vista hacia el vaso con café, lo rodeo con las manos, dejo que la temperatura cálida le llenara las palmas hasta que se le pusieron rojas y dolían. Algunas personas dicen que beber algo caliente en días calurosos ayuda con la temperatura del cuerpo, quizá sólo sean personas masoquistas.

El mundo alrededor de la mesa donde se encontraban sentados era grande, frío... e implacable.

Frente a él, Noah, su amigo de siempre, ese tipo de boca y mirada coqueta con estilo de primadonna, se inclinó con una sonrisa torcida y le entrego un menú arrugado de cafetería.

Vincent hizo un esfuerzo por enfocar su vista, tomo el menú y comenzó a leerlo, mientras más tiempo le dedicaba no podía evitar hacer gestos de incomodidad y asco.

«Postres clásicos: Susurro de medianoche, Melancolía de vainilla...

Bebidas especiales: Primer Beso, Corazón Tardío, Eterno Retorno...»

Y como quien no quiere la cosa, deslizo la hoja de regreso a Noah.

—Noah...

—Mira, sé que no es tu sueño dorado, ni el mío, pero para un trabajo de medio tiempo la paga es buena, y de tiempo completo en vacaciones, mejor aún —se apresuró a decir cruzando los brazos—. Conozco al gerente de esta cafetería, es... curiosita —añadió, bajando la voz y girando la cabeza como para asegurarse que nadie los espiaba—, pero buena gente. Le convencí de que necesitaban a alguien que no se quejara por trabajar más de la cuenta y que fuera más pasablemente guapo, eso atrae clientela.

Vincent giro los ojos y medio sonrió.

—No sé si califico para eso último.

—Por favor, con esa carita de «no sé si rio o lloro», vas a tener propinas dobles.

Vincent se cubrió la cara con una mano, sonriendo de verdad esta vez.

—¿Dónde me apunto?

Noah tomó un gran sorbo de café, se agacho para sacar de su mochila su celular. Su cabello rubio había pasado de lacio a ondulado, para Vincent a veces era increíble como no se quedaba calvo. Noah tomo su celular y tecleo algo rápidamente, mientras le daba miradas como evitando que se fuese a escapar.

—Próxima semana, así que prepara tu mejor sonrisa... o al menos una cara que no parezca que has visto un fantasma y te vas a desmayar en cualquier momento.

Vincent bajo la mirada a su café aun intacto y ardiente, el corazón latiéndole con fuerza, una mezcla de nervios, esperanza y ese pequeño terror que se siente cuando se empieza de nuevo, pero también, por primera vez en mucho tiempo, sintió algo más, una oportunidad. Tenía rato buscando, pero hasta el momento ninguna puerta se había abierto, ahora Noah le habría la ventana. Eso tendría que bastar, por ahora.



#1062 en Fantasía

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Editado: 08.11.2026

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