El clima era un caos, algunos días el sol se presentaba altivo, con cielos de un azul tan limpio que hasta era sospechoso de ver, otros tantos las nubes se revelaban y se alineaban, como sombreros protectores de los rayos de sol, a veces los días parecían tan tristes que hasta los colores de la vida se iban opacando.
Para los habitantes del campus faltan muy pocos días para el inicio de la temporada de vacaciones, la mayoría de los estudiantes que viven en los edificios habitacionales de la universidad se notaban exaltados, persiguiendo profesores de clase en clase, pidiendo por ese punto extra que nos les permitía aprobar el parcial, Noah era uno de ellos.
había transcurrido una semana desde esa reunión en el restaurante, ya era viernes y Vincent intento comunicarse con Noah para saber más de esa «vacante» en la cafetería, el pobre chico había estado muy ocupado haciendo tareas extras y persiguiendo personas como para prestarle atención, lo entendía en cierta medida.
Vincent también había estado ocupado con presentaciones, tareas y demás, sus preocupaciones no eran igual a las de Noah en cuanto a estudios se trataban, pero los malditos mensajes y correos de pagos atrasados comenzaban a agitarle el corazón cada vez que la notificación sonaba en su celular.
Trató de hablar con su padre de ello, era difícil, su padre le tenía rotundamente prohibido hablarle cuando él estaba en horario laboral, los mensajes si bien los leía, y únicamente respondía con un «Ok», «Está bien», «Lo hablamos cuando esté en casa». Eso último era casi un milagro, ver al hombre llegar a casa era un evento parecido al cometa Halley.
Aunque ayer su padre había llegado relativamente temprano a casa, a eso de las ocho de la noche, le dijo que no tenía tiempo, solamente había llegado a cambiarse y saldría de nuevo, tenía una cena con sus compañeros de trabajo, era casi como si estar cerca de Vincent fuese un fastidio.
Ahora en su recámara ,contemplaba el techo mientras escuchaba, desde su celular, las notas de voz de Karina y Nico sobre el proyecto y otras cosas sobre las vacaciones, en eso recordó lo que habló en el comedor del campus. Era como decía Noah, no era su sueño dorado trabajar en una cafetería, al menos podría pagar lo relacionado a sus estudios.
Tomó su celular, busco el contacto de Noah en su lista y le marco.
—Noah, oye sobre el trabajo...
No terminó de hablar cuando Noah le interrumpió.
—¡Hey! Nop, no tengo trabajo hasta el.... lunes, creo, ese día, sí, acompáñame y hablamos con la gerente. —respondió Noah, su voz no sonaba del todo confiable.
—No sé por qué, pero empiezo a creer que la encargada del lugar ni siquiera ha de recordar o saber que están buscando personal ¿verdad?
—Te digo que sí, tú tranquis —respondió, luego hizo una pausa tan extensa que el sonido de tecleo desde su lado de la llamada era audible, al parecer se encontraba estudiando —. Mira, tú pásame tu currículum, yo le pongo filtros bonitos, brillitos y esas cosas, si alguien pregunta, digo que eres un artista incomprendido.
—Ja, ja, ja, muy bien, muy bien. Gracias... cada propina que gane la gastaré pensando en ti.
—¡Van a querer contratarte, aunque no sepan para qué!, ya verás. —bromeó Noah hasta que un grito los interrumpió.
La hermana de Noah había entrado a su habitación vociferando.
«—¡Tú! ¡Bestia traicionera de poros abiertos! ¡¿Qué has hecho con mis santos elixires de juventud?! ¡¿Dónde está mi sérum de ácido hialurónico?!
—¿Mi qué de qué ácido? Suena como algo ilegal.
—¡Mi contorno de ojos! ¡Mi gel de pepino! ¡Mi esencia de rosas milenarias! ¡Mi protector solar coreano que tardé TRES MESES en importar! ¡Todo ultrajado por tu insalubre ser!
—Hermana, entiende... uno también quiere brillar como camarón recién hervido... La piel me susurró... «Hidrátame o pereceremos»
—¡¿Brillar, dices?! ¡Eso era para mi cita del sábado, monstruo cutáneo!».
La pelea parecía no tendría fin, Vincent decidió que ya era demasiada información, esa discusión no terminaría hasta que uno de los dos consiguiera alguna herida menor, así que corto la llamada, le envió un mensaje a Noah deseándole suerte en su contienda.
...
El lunes siguiente en la universidad, Vincent repasó el correo en su teléfono, era como si la persona que los enviaba —si es que lo hacían de forma manual— se esmerase cada vez más en el diseño, le parecía muy bonito como ahora colocaban la frase en letras grandes y mayúsculas de un rojo vibrante, casi fosforescente. «AVISO DE PAGOS ATRASADOS». Lo miró por un largo rato, soltó un suspiro al ver el final de la notificación en la pantalla, con todos esos iconos de advertencia.
Un segundo mensaje, apenas un instante después, irrumpió en la quietud: «Citación a entrevista laboral». Era del Café Sanglante, la cafetería donde Noah trabajaba y lo había recomendado, no era el trabajo soñado, pero era una posibilidad; un hilo tenue al que aferrarse en medio del naufragio.
Lo citaban el jueves a medio día. Con manos temblorosas y un corazón cansado, Vincent se obligó a prepararse. Sabía que, de no conseguirlo, la universidad cerraría sus puertas para él, y el futuro que había intentado construir se convertiría en nada más que polvo arrastrado por el viento.
Los días pasaban con cansancio, aunque ya la mayoría de las clases habían terminado y quedaba una semana antes de las vacaciones, algunos profesores se aferraban a seguir impartiendo su materia hasta el último día, el último minuto.
Cuando llego el tan ansiado jueves, para suerte de Vincent, ese día sólo había tenido una clase por la mañana.
—¡Hoy es el gran día! —exclamó Noah, mientras caminaba fuera del salón, él dramatizaba como si estuviera presentando a un ídolo. Todos en el pasillo voltearon a verlos.
Vincent tomó a Noah de los hombros y empujo todo el camino fuera del edificio rumbo al área de fumadores, que no era más que atrás del edificio de la biblioteca, área que los mismos estudiantes decidieron sería para fumar a escondidas, estaba prohibido dentro del campus.