Cómo Ama Un Vampiro

Capítulo 9: Sonríe, que el desastre apenas comienza

—¿Te diste cuenta de que esta mesa está floja... como mi estabilidad emocional? —le interrumpió Noah apoyándose un poco sobre esta, la mesa comenzó a tambalearse ligeramente.

Al menos por ese día, por la siguiente hora no era él quien estaría detrás del mostrador fingiendo que la vida no apesta. Por los siguientes cincuenta y nueve minutos, Vincent era sólo un observador cínico en su hora de comida, con un café amargo en la mano y todo el tiempo del mundo —sus ahora cincuenta y ocho minutos— para mirar cómo el resto del planeta se arrastraba.

—¿Vas a limpiar o están escribiendo una telenovela ambientada en una cafetería? —se quejó Eva, dejando caer un trapo en el regazo de Noah, quien acaba de tomar asiento al lado de Vincent.

—El chico guapo de la mañana me dijo que mi delantal le recordaba a su abuela... y ni siquiera le gusta su abuela. —respondió Noah bebiendo del café de Vincent y acariciando su delantal verde.

—¿Por qué diablos sonríes como idiota? —pregunto Eva tomando asiento en la otra silla libre.

—No lo entenderías pequeña Eva, este sentimiento de amor, la chusma no suele entenderlo. Como las fugaces personas que somos debemos aprovechar al máximo el tiempo, no hay que desperdiciarlo en lágrimas, como dice la canción «Thank you next».

En algo de lo que decía Noah era cierto, el tiempo de las personas era finito, y llorar por la leche derramaba era una pérdida del mismo.

—Esta mañana llegaste todo cabizbajo, y después de que ese chico, según tú, coqueteo con tu delantal te fuiste a llorar al baño. Qué manera tan interesante de aprovechar al máximo tu tiempo fugas.

—Sabes, Eva...Mastica bien esa envidia, no te vayas a atragantar. Vin, necesito apoyo moral aquí, hola.

—Eva, no seas tan dura con él, Noah sólo esta defectuoso... de fábrica, nada más. —añadió Vincent con pereza.

Noah le lanzo una mirada entrecerrada, Vincent se encogió de hombros. ¿Qué más podría decir en su defensa? Quería mucho a Noah, pero el hombre en serio necesitaba dejar las novelas turcas y mexicanas.

—¿Quién demonios está atendiendo la caja hoy? —exclamo Michael, saliendo del mostrador y tomando asiento alrededor de la mesa donde estaba Vincent y compañía.

—Subjefecito... ¿Usted también fue hermoso y destrozado en sus años mozos?

—Por todos los Cielos, Noah, apenas es martes, pero si, de hecho, hay un trauma que explica mi dificultad para expresar mis emociones...2009, café irlandés en pleno mediodía, el frio azotaba el pequeño pueblo...

El fuerte golpe de una puerta interrumpió la charla de Michael e hizo a las pocas personas en el local saltar de sorpresa. Noah casi derrama el café sobre Vincent.

Desde la oficina de Minerva salía aquella presencia fúnebre, con un gesto torcido, parecía la encarnación del mismísimo demonio envuelto en un fino traje de tres piezas de tono gris rata, camisa blanca, corbata terracota y gabardina negra, como su estado de ánimo.

—¿Cuándo demonios llego Jeremiah? —susurró Michael inclinándose discretamente donde Eva.

—Oí a Minerva decir que algo salió mal en la reunión del sábado...

Noah y Vincent compartieron una mirada, no entendían qué tenía que ver una cosa con la otra y también se cuestionaban en qué momento entro el hombre al local, no recordaban verlo entrar.

Jeremiah caminaba con pasos furiosos y pesados, aun así no perdía su elegante, pero medida presencia, a medio camino fijo su mirada en la mesa donde estaba todo el personal del Sanglante, sentados cómodamente ignorando sus puestos de trabajo —como si la vida simplemente fuese tomar café y decir «Hola, qué va a llevar, el cappuccino está en descuento si compra un pastel individual de durazno», su mirada los recorrió veloz hasta que llego a Vincent, luego a Noah, una mirada rápida, un gesto de disgusto y un resoplido demasiado sonoro para ser ignorado.

Silencio.

—¿Soy yo o el tipo es tan caliente como ver a Henry Cavill en tanga mientras monta a caballo? —balbuceo Noah sin dejar de ver la puerta de salida.

—Que gustos de mierda tienes, el tipo no te lanzaría ni una piedra aunque le ofrecieras toda tu fortuna, que por cierto no tienes, aun me debes lo que te preste la semana pasada para tu pasaje de autobús. —se burló Eva, espantando las moscas imaginarias a su alrededor.

—Déjalo Eva, llorar en horas de trabajo y desilusionarse del amor es su pasatiempo favorito, quejarse es como su motivación. —dijo Vincent viendo que su taza vacía.

—Vincent tiene razón, al menos no falta. Llega tarde, sí, pero no falta al trabajo y aprovecha para llorar en horas pagadas, eso llamo yo: administración del tiempo. Excelente Noah. —aplaudió Michael.

—... Estaría feliz de recibir hasta una piedra del suelo si es de él. —suspiro Noah acariciando su delantal.

Michael, Eva y Vincent hicieron gesto de hartazgo y con movimientos pesados se levantaron dejando solo a Noah en la mesa con sus maquinaciones pervertidas.

...

El turno de Vincent estaba por acabar, el sonido de una notificación de celular interrumpió a Noah que no para de hablar para convencerlo de salir a un nuevo antro.

—Espera, Noah, deja respondo este mensaje es... Julián.

—¿Aun te pide que lo llames así? —cuestiono Noah

—No, pero tampoco me dice que no lo haga, no lo hago.

—Al menos no te cobra renta, viejo tacaño.

Desde que su madre falleció hacia ocho años el hombre le había dicho a Vincent que no lo llamara padre, que simplemente lo llamara por su nombre, Julián, al principio Vincent no entendía, cuando le pregunto él simplemente respondió que necesitaba tiempo «¿Tiempo para qué?» quería saber Vincent.

El mensaje era sencillo, aun así, Vincent se impresiono, era la segunda vez que escribía algo más que «está bien».

«Tenemos qué hablar, esta vez en serio, regreso el viernes, quédate en casa, es necesario que hablemos, no olvides tomar tu medicamento».



#1062 en Fantasía

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Editado: 08.11.2026

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