Cronicas De Un Secuestro En Carretera

La llamada

Un nuevo día. Amaneció nublado, lluvioso y helado. El clima había cambiado de un día para otro y, en el fondo, Mili sabía que ella también había cambiado.

Se levantó de la cama y miró por la ventana las gotas de lluvia. Por un momento, sintió pena por el Mutante, que aún permanecía en cuidados intensivos.

No puedo permitirme estos sentimientos de pena. No, no, no. Por ahora, no; tal vez después. Hoy tengo que agradecer que está estable y sé que está en buenas manos. Ahora, lo importante es salir de este lío en el que estoy metida. Así que voy a arreglarme y llamaré a mi abogado.

Respiro produndo y suspiro,.

Guau, por un lado, tener un abogado como Teo… ¡es increíble!

Mili sacó de su cartera la tarjeta que él le había dado. La observó durante unos segundos y volvió a sonreír.

—Cuando esté lista, lo llamaré —se dijo.

Una vez arreglada, se miró al espejo y se retocó las mejillas con un poco de rubor rosa.

—Me veo muy bien, mejor de lo que pensé —susurró, satisfecha con su reflejo.

Se dispuso a ir a desayunar. Al llegar a la cocina, encontró a su mamá con el café listo. El aroma a café recién hecho inundaba toda la casa. Era el aroma favorito de Mili. Despertarse con ese olor le producía una sensación tan placentera que, por unos instantes, los problemas pasaban a segundo plano.

—¡Mili, buen día! ¡Vaya sorpresa! Ya estás arreglada. Imagino que vas a llamar al abogado. Ahora lo más importante es solucionar tu situación, hija.

—Sí, mamá. Ahora lo llamo. ¡Al mal paso, darle prisa!

—¿Qué mal paso? ¡Buen paso, querrás decir! Ese chico es lo mejor que nos pudo haber pasado. Nos ahorró tiempo y dinero.

—Me refiero en el sentido que debo apurar todo para verme libre de esta confusión. En fin, ya lo voy a llamar.

Mili tenía el teléfono en las manos, pero se quedó pensando.

¿Estará bien que lo llame o será mejor enviarle un mensaje antes?… Mejor lo llamo. Si le envío un mensaje, puede demorar en contestarme. Además, Teo entenderá que lo llame. Él mejor que nadie sabe en qué problema estoy metida.

Cuando se dispuso a marcar el número, notó que le temblaban las manos.

¡Dios! Estoy nerviosa, estoy temblando. Eso no me pasó ni cuando me asaltaron… O tal vez sí, pero no lo recuerdo en este momento.

Mili se sentó en el sofá. No se sentía realmente nerviosa, pero, al ver que le temblaban las manos, supo que aquello no era normal en ella. Seguramente era ansiedad. No estaba segura de qué le sucedía; de lo único que estaba segura era de que debía llamarlo de una vez.

Se levantó, respiró profundamente y marcó su número. Pensó que, de pie, podría mantener mejor el control.

Mientras esperaba que le contestara, sintió un nudo en el estómago.

— Si buenos dias..Se escuchaba la voz de Teo al telefono.

— Hola muy buenos dias habla Mili.

—Hola, buen día, Mili. ¿Qué tal, mi doctora favorita? —respondió Teo.

Mili se alegró y se sonrojó, pero mantuvo la calma. Con una mano, se echó el cabello hacia atrás.

—Buen día, Teo. Gracias por contestarme. Tú también eres mi abogado favorito. En realidad, no tienes competencia… ¡porque no conozco otro!

Teo se echó a reír a carcajadas al otro lado del teléfono. Mili lo escuchó divertida.

—Me encanta tu sinceridad —dijo él, todavía risueño—. Espero que hoy seas igual de sincera conmigo cuando tengas que contarme todo lo que te sucedió para terminar metida en este problema.

Mili sintió una punzada en el estómago. No podía contarle todo… Ni una palabra sobre el Mutante. Eso complicaría aún más las cosas. Teo le parecía una buena persona; sin embargo, todavía no lo conocía lo suficiente como para confiarle semejante secreto.

¡Mili, cabeza fría!,

—¡Pero, por supuesto que sí, mi querido abogado! —contestó con voz dulce y firme—. Para eso lo llamaba, para ponernos de acuerdo. ¿A qué hora puede atenderme y adónde debo ir? Así podré darle mi versión de los hechos con lujo de detalles. Y, claro, también para hablar de sus honorarios. Soy una persona responsable, ¿sabe?

—¡Señorita Sanz, qué responsabilidad la suya! No olvida mis honorarios en ningún momento.

—¡Pues claro que no los olvido! De eso depende el préstamo que tenga que pedir al banco… — dice Mili.

—Está bien, Mili. Nos vemos hoy a las quince horas en mi oficina. Te enviaré la dirección por mensaje, ya que veo que lo más importante para ti no es contarme todo, sino saber cuánto te costarán mis honorarios —dijo entre risas—. Pero tranquila, seré generoso. No tendrás que endeudarte tanto...

—Perfecto. Nos vemos allí. Estaré puntual. ¿Sabes? Esa es una de mis cualidades: la puntualidad ante todo —respondió Mili,




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