Cronicas De Un Secuestro En Carretera

UNA EXTRAÑA CONEXION

Mili conducía a toda velocidad por la carretera. El motor rugía mientras mantenía ambas manos

firmes sobre el volante. Detrás de ella, su madre la seguía en la camioneta.

Cada segundo contaba.

Mili miró por el espejo retrovisor.

El mutante seguía tendido en el asiento trasero, cubierto con una manta. Su rostro estaba pálido y

apenas se movía.

“Aguanta... por favor, aguanta.”

De pronto, divisó un peaje a pocos metros.

Había varios vehículos detenidos y algunos policías controlando el tránsito.

Mili sintió que el corazón le daba un vuelco.

—No ahora... —murmuró.

Redujo la velocidad y respiró profundamente. No podía llamar la atención.

La camioneta de su madre pasó por el carril contiguo sin problemas.

Mili mantuvo la mirada al frente.

“Tranquila. Compórtate como si nada.”

El vehículo avanzó lentamente por el peaje.

Entonces, uno de los policías miró hacia el interior del automóvil.

Su mirada se detuvo en el asiento trasero.

Vio al hombre cubierto con una manta.

—¡Señorita! ¡Detenga el vehículo!

Mili sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

“No.…” Frenó.

El policía se acercó y le hizo una señal para que bajara el vidrio.

Mili miró rápidamente por el retrovisor.

Su madre ya había pasado.

Le hizo una pequeña señal con la mano para que continuara.

La señora Maite entendió inmediatamente. Asintió y siguió por la carretera rumbo al hospital.

Mili volvió la mirada hacia el policía. Tenía que mantener la calma.

El oficial se acercó a la ventanilla.

—Buenas tardes, señorita.

—Buenas tardes, oficial.

Mili intentó sonreír, aunque sentía las manos heladas.

—¿Me permite sus documentos y los del vehículo?

—Sí, claro.

Buscó rápidamente los documentos y se los entregó.

El policía los tomó y comenzó a revisarlos.

Después señaló hacia el asiento trasero.

—¿A quién lleva ahí?

Mili sintió que la garganta se le cerraba

—Es mi primo.

El policía miró hacia atrás.

—¿Qué le pasó?

—Se cayó y sufrió una fractura en la pierna. Está bastante grave y lo estoy llevando al hospital más

cercano.

El oficial frunció el ceño.

—¿Tiene los documentos de su primo?

Mili miró el reloj.

Cada segundo parecía una eternidad.

—No, oficial.

El policía levantó la mirada.

—¿No?

—Cuando lo encontré estaba herido. Solo pude inmovilizarle la pierna y subirlo al auto. No tuve

tiempo de buscar sus documentos.

El oficial observó nuevamente al hombre del asiento trasero.

Mili tomó aire.

—Soy médico —agregó con urgencia—. Está en una situación delicada y necesito llegar al hospital

cuanto antes. Por favor.

El policía permaneció en silencio unos segundos.

Mili sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Entonces el oficial le devolvió los documentos.

—Está bien. Continúe. Todos sus documentos están en orden.

Mili soltó el aire que había estado conteniendo.

—Muchas gracias, oficial.

—Que todo salga bien.

—Gracias.

El policía se apartó.

Mili esperó apenas unos segundos. Luego volvió a pisar el acelerador.

El automóvil salió nuevamente a toda velocidad por la carretera.

Mili miró por el espejo retrovisor.

—Tranquilo... ya falta poco.

El mutante apenas reaccionó.

—Solo respira profundo. No te duermas.

movió débilmente la cabeza-.

Mili volvió la vista hacia la carretera.

—Eso... sigue conmigo.

Finalmente llegaron al Hospital La Concepción.

Mili estacionó el vehículo prácticamente frente a la entrada de Urgencias.

Antes de apagar el motor, ya había personal médico esperando con una camilla.

Dos paramédicos corrieron hacia el automóvil.

—¡Paciente herido! —gritó Mili mientras bajaba—. ¡Está en riesgo vital!

Los paramédicos abrieron las puertas traseras y rápidamente comenzaron a sacar al mutante.

Mili corrió hacia Sandy y su madre.

Sandy la recibió con el rostro lleno de preocupación.

—¡Mili! ¡Gracias a Dios llegaste! Tu mamá y yo estábamos muy preocupadas.

Mili respiró profundamente.

—Por fin...

Por primera vez desde que había encontrado al mutante, sintió que podía respirar. Pero la

sensación duró apenas un instante.

Miró hacia la camilla.

—Sandy, por favor. Necesito que lo estabilices.

—Vamos a verlo inmediatamente.

Las dos corrieron hacia el paciente.

Sandy comenzó a revisar sus signos vitales mientras Natacha preparaba el material necesario.

—Presión arterial baja —dijo Sandy—. Taquicardia y dificultad respiratoria.

Miró al paramédico.

—Necesitamos controlar la pérdida de volumen y mantenerlo estable mientras coordinamos el

traslado.

Mili observaba atentamente.

—¿Qué tiene en la pierna?

Sandy retiró con cuidado la improvisada férula.

Al ver la herida, se quedó inmóvil durante un instante. La fractura era grave.

—Una fractura expuesta de tibia —respondió Mili.

Sandy tragó saliva.

Se inclinó hacia Mili y le habló en voz baja.

—Amiga... está muy grave.

—Lo sé.

Mili miró al Mutante.

—Tenemos que trasladarlo lo más rápido posible.

Sandy asintió.

—De acuerdo. Natacha, prepara todo para el traslado. Hay que mantenerlo estable hasta llegar al

Hospital Regional.

El personal comenzó a trabajar rápidamente.

Mili ayudó a limpiar y cubrir la herida mientras preparaban la inmovilización.

Sandy se acercó al paciente.

—¿Eres alérgico a algún medicamento?

El mutante abrió lentamente los ojos.

—No... Su voz apenas era audible.

—Perfecto.

Sandy continuó dando indicaciones al equipo para mantenerlo estable durante el traslado.

El mutante parecía un poco más consciente, pero su estado seguía siendo crítico.




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