Cronicas De Un Secuestro En Carretera

Entre sospechas y miradas

En la comisaría, Mili permanecía sentada en una silla, esperando a que alguien le explicara el motivo de su detención. Su madre y Sandy todavía no llegaban.

Aunque intuía lo que estaba sucediendo, prefería esperar a conocer todos los detalles antes de sacar conclusiones. La camioneta había sido denunciada por robo, pero ella no tenía ninguna responsabilidad en aquello. Mientras estuvo secuestrada, los delincuentes habían utilizado el vehículo para sus propios fines, y ahora le correspondía aclarar esa situación.

—¡Oh, Dios! Justo lo que me faltaba —murmuró, suspirando mientras se acomodaba en la silla.

Lo que menos deseaba era perder más tiempo en una comisaría cuando. Sin embargo, sabía que discutir o apresurarse no resolvería nada. Lo mejor era mantener la calma, escuchar las explicaciones de la policía y contar lo que realmente había sucedido.

Se quedó pensativa unos instantes, repasando mentalmente los acontecimientos. Había sobrevivido a un secuestro y conseguido salir de aquella pesadilla. No permitiría que una denuncia por robo, de la que era completamente ajena, la hiciera perder la cabeza.

En ese momento, la puerta se abrió y un policía apareció en el umbral.

—¿La señorita Mili?

Ella levantó la mirada y se puso de pie con tranquilidad.

—Sí, soy yo. ¿Podría explicarme qué sucede y por qué me han traído hasta aquí?

—Siéntese, por favor, señorita Mili. Ya le explicaré su situación —anunció el oficial.

Mili se sentó tranquilamente, dispuesta a escuchar lo que tenía que decirle.

—Su camioneta fue vinculada a una serie de robos en carretera denunciados por cinco personas hace dos días. Según sus declaraciones, fueron interceptadas por cuatro hombres que las despojaron de dinero y algunas pertenencias personales. Las víctimas nos proporcionaron una descripción de la camioneta blanca y el número de la placa. Al verificar los datos, comprobamos que el vehículo está registrado a su nombre y que no existe ninguna denuncia por robo.

Mili se quedó pensativa. Su intuición no había fallado. Sin perder la calma, comenzó a ordenar sus ideas antes de responder.

Tengo que explicarlo bien y ser breve. Si hablo más de la cuenta, cualquier cosa que diga podría utilizarse en mi contra. Bueno, eso dicen siempre en las películas cuando se llevan a alguien preso. Y todavía estoy sola… Sandy y mi mamá no llegan.

Después de unos segundos, levantó la mirada hacia el oficial.

—Señor oficial, le explicaré lo que sucedió. Fui secuestrada hace dos días. Me imagino que fueron esos mismos cuatro hombres, quienes se llevaron mi camioneta y algunas pertenencias personales. No me hicieron daño físico. Cuando les expliqué que era médico y que tenía turno al día siguiente en el hospital, finalmente me dejaron en libertad.

Mili hizo una breve pausa antes de continuar.

—Me mantuvieron secuestrada desde aproximadamente las siete de la mañana hasta algún momento de la noche. No sé exactamente a qué hora me soltaron. Después estuve deambulando por la carretera durante horas, hasta que un conductor se detuvo para ayudarme y me llevó a la comisaría. Allí solo alcancé a decir que me habían secuestrado y pedí un teléfono para avisarle a mi mamá.

Miró al oficial directamente, manteniendo la serenidad.

—Como comprenderá, después de todo lo que viví, estaba en estado de shock. No me encontraba en condiciones de declarar con claridad lo sucedido ni de explicar todos los detalles.

—¿Y por qué no denunció también el robo de su camioneta? —preguntó el oficial, observándola con atención.

Mili lo miró y respondió con tranquilidad:

—No denuncié el robo de la camioneta porque no tuve tiempo, oficial. Todo ocurrió hace dos días. Además, estaba en estado de shock y tenía un turno de veinticuatro horas en el hospital La Concepción. Cuando terminé mi turno y salí con mi mamá, encontré la camioneta…

Se detuvo de golpe.

¡Oh, Dios! ¿Por qué dije eso?

Mili guardó silencio unos segundos, repasando mentalmente sus últimas palabras.

Creo que hablé demasiado. ¡La embarré! Ahora va a querer saber dónde y cómo encontré la camioneta. Y yo que había decidido ser breve…

Por fuera, mantuvo la compostura. Sin embargo, en su cabeza ya estaba intentando encontrar la mejor manera de responder a las preguntas que, estaba segura, vendrían a continuación.

El oficial abrió los ojos y arqueó una ceja.

—Señorita Mili, ¿cómo encontró su camioneta?

—La encontré cuando me dirigía a casa con mi mamá. La vimos abandonada a un lado de la carretera —respondió ella.

Hizo una breve pausa, intentando recordar cómo explicar lo sucedido sin complicar aún más su situación.

—Me bajé y vi que estaba abierta y tenía las llaves puestas, como si la hubieran abandonado a toda prisa. Eso fue lo que me pareció.

El oficial la observó con expresión escéptica.

—Qué casualidad que haya encontrado su camioneta intacta y tan pronto.

Mili sostuvo su mirada.

—Gracias a Dios, señor oficial. Estoy viva y recuperé mi camioneta. Después de lo que me sucedió, eso es lo que más importa.

El oficial no respondió de inmediato. Había algo en aquella historia que no terminaba de convencerlo. Mili aseguraba haber sido secuestrada, pero las circunstancias en las que había recuperado el vehículo le parecían demasiado extrañas. No podía sacar conclusiones todavía, aunque tampoco estaba dispuesto a descartar la posibilidad de que ella supiera más de lo que estaba contando.

Finalmente, tomó unos documentos y volvió a mirarla.

—Señorita Mili, le recomiendo que consiga un abogado. Su caso pasará a los tribunales. Por ahora, puede esperar sentada mientras preparo su declaración para que la firme.

Mili sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. A esas alturas, casi estaba acostumbrada a aquella sensación, pero lo que vino después sí era nuevo: un molesto dolor de estómago.




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