Dejame Entenderte - Jeon Jungkook.

Capítulo 3

Salí al pasillo, el aire se sentía distinto, como si de repente fuera más pesado, solo dí un par de pasos hasta que me detuve a unos metros de la puerta del consultorio.

“Sé honesta contigo.”

Apreté el bolso con más fuerza, como si eso me hiciera recuperar el control que había perdido, pero no funcionaba de esa manera, esas palabras no eran nuevas para mí.

Años atrás

—Siempre haces eso.

—¿Hacer qué? —Levanté la mirada del cuaderno, molesta.

Jungkook estaba recargado en el respaldo de la silla frente a mí, girando un bolígrafo entre los dedos con esa facilidad que siempre me irritaba.

—Convertir todo en una lista —respondió—. Como si así fuera más fácil.

—Lo es.

—No —negó sin dejar de girar el bolígrafo—. Solo parece que lo es.

—No todos improvisamos la vida como tú.

—No es improvisar —replicó—. Es no fingir que todo está bajo control cuando no lo está.

—Yo sí tengo control.

Solté el bolígrafo con más fuerza de la necesaria, este rodó hasta el borde de la mesa.

—Y gracias a eso, no pierdo el tiempo, Juju.

—No me digas así —respondí sin levantar la vista.

—…no todo en la vida se puede planear.

—Claro que sí.

Jungkook se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los antebrazos en la mesa.

—Entonces planea esto —dijo, más serio de lo habitual—. ¿Qué pasara cuando algo no salga como quieres?

Me quedé en silencio, no a falta de respuesta, sino porque no me gustaba esa pregunta en particular.

—Siempre encuentras la forma de evitarlo —añadió— o de no sentirlo.

—No sabes de qué hablas —levanté la mirada de golpe.

—Sí sé, solo que no te gusta que alguien más lo note.

—¿Te doy un consejo? —repliqué—. Deja de meterte en lo que no te importa.

—Ese es el problema, Juju… Todo te importa. Solo que no quieres admitirlo.

—Deja de hablar como si me conocieras —volvi mi vista a lo que estaba haciendo, evitando recaer en el hecho de que odiaba que estuviera tan cerca de mí, pero no de la manera en que yo quería.

—Pero si te conozco —dijo acercandose más.

Sentí su presencia antes de verlo. El calor de alguien que se acerca sin invadir, pero que podría hacerlo si quisiera. Y por un segundo —un segundo ridículo, peligroso— desee que cruzara esa línea, pero no pude evitar recordar sus palabras: «Ninguna de las chicas de aqui me gusta, no estan a mi nivel».

—No seas rídiculo —tomé mis cosas y salí de ahí.

Presente

Volví al presente, parpadeé un par de veces, mire el pasillo mientras mis dedos seguían tensos alrededor de mi bolso.

Enderecé la espalda y di un paso al frente, dispuesta a salir de ese lugar cuanto antes… cuando una voz llamó mi atención.

—¿Está todo bien?

Giré ligeramente la cabeza, encontrándome con la misma enfermera que me había acompañado hasta el consultorio.

—Sí, solo… ya me voy.

—El doctor ya casi llega, si gusta esperar unos minutos más

—No es necesario —la interrumpí con una sonrisa educada—. Reagendaré.

La enfermera asintió, aunque su expresión no terminaba de convencerse.

Antes de que pudiera avanzar, otra puerta se abrió a unos metros de mí. Una mujer salió del consultorio contiguo llorando, pero no era un llanto escandaloso sino en silencio, de esos que no puedes ocultar. Un hombre salió detrás de ella, intentando alcanzarla.

—Amor, espérame… —dijo en voz baja.

—No… no puedo… —Ella negó con la cabeza, cubriéndose el rostro, mientras que el hombre la tomó del brazo con cuidado.

—Lo vamos a intentar otra vez, ¿sí? El doctor dijo que hay opciones…

—Ya no quiero opciones —respondió ella, quebrándose—. Estoy cansada… no puedo seguir pasando por esto una y otra vez.

El hombre la abrazó, yo solo cerré los dedos con más fuerza alrededor del bolso. Algo incómodo se instaló en mi pecho.

—Señorita… —la enfermera volvió a llamarme con suavidad.

—Sí —respondí, casi automático.

—¿Desea reagendar su cita?

Miré a mi alrededor. El pasillo de pronto parecía más largo. La mujer seguía llorando en los brazos de su pareja. Las puertas blancas, los tonos neutros, el silencio controlado… nada de eso transmitía calma ahora.

Asentí.

—Sí, por favor —dije finalmente saliendo a la zona de recepción acompañada de ella.

—¿Para cuándo?

Abrí la boca para responder, pero no pude.

No tenía una respuesta inmediata, nada había salido acorde a mi plan y no sabía que hacer con exactitud en ese momento.




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