Esa noche Jungkook se quedó hasta tarde…otra vez, me preparó una cena ligera, para que compensara que no había comido nada desde el desayuno.
—¿Ya te tomaste la medicación? —preguntó sirviendome un vaso de agua.
—Sí, me siento menos inflamada que ayer y el dolor ya casi se fue por completo, solo me siento cansada…
—Te dije que debias descansar.
—Y yo te dije que tenía cosas pendientes que hacer. No puedo permitirme fallar ahora que me han subido de puesto. Me esforcé mucho para llegar hasta aquí…
Jungkook dejó el vaso sobre la mesa y me miró durante unos segundos.
—¿Y crees que descansar significa fallar?
—No dije eso.
—Pero lo estás pensando.
—No me conoces lo suficiente para saber lo que estoy pensando—. Aparté la mirada.
—Tal vez no —admitió—. Pero llevo suficiente tiempo aquí para saber cuándo estás fingiendo que estás bien.
Solté una pequeña risa, más por nervios que por diversión.
—Estoy bien.
—Claro.
—¿Qué?
—Nada—. Ese «nada» me molestó más de lo que debería.
—Si tienes algo que decir, dilo—. Jungkook se apoyó contra el respaldo de la silla y cruzó los brazos.
—Solo digo que no tienes que demostrarle nada a nadie justo ahora.
—No estoy demostrando nada.
—Entonces, ¿por qué sigues trabajando hasta tarde cuando ya todos se han ido?
Abrí la boca, pero no encontré una respuesta inmediata.
Porque tenía que hacerlo.
Porque no podía permitirme detenerme.
Porque si me detenía, aunque fuera por un momento, empezaba a pensar demasiado. Y pensar demasiado nunca terminaba bien.
—Porque hay personas contando conmigo —respondí finalmente y su expresión cambió ligeramente.
—¿Y quién cuenta contigo cuando tú eres la que necesita ayuda?
No supe qué contestar ante esa pregunta, solo bajé la mirada hacia mis manos, era una pregunta muy sencilla, pero aun así no supe responder. Jungkook tomó el vaso de agua y lo acercó un poco más hacia mí.
—Come un poco más.
—Ya comí.
—Tres cucharadas no cuentan.
—No tengo más hambre —dije en voz baja.
Esta vez no insistió, simplemente asintió y retiró el plato.
—¿Eso es todo? —pregunte observandolo levantarse, él giró lentamente la cabeza hacia mí.
—¿Quieres que insista?
Sentí que mis mejillas se calentaban.
—No.
Una sonrisa pequeña apareció en sus labios.
—Entonces no voy a hacerlo.
Y volvió a la cocina. Lo miré alejarse, completamente consciente de que acababa de hacer exactamente lo mismo que unas horas antes.
。·:*:·゚★,。·:*:·゚☆。·:*:·゚★,。·:*:·゚☆
Al día siguiente, mi madre llamó poco después del mediodía, mientras revisaba las propuestas para la nueva campaña con los productos de NutriMom.
—¿Estás ocupada? —preguntó con voz suave.
Miré los documentos que tenía abiertos sobre el escritorio.
—Siempre —dije con calma y escuché su pequeña risa al otro lado de la línea.
—Tu padre y yo estaremos cerca esta tarde. Pensábamos pasar a verte.
Me quedé en silencio unos segundos.
—¿Hoy?
—Sí. ¿Hay algún problema?
—No, claro que no.
Era mentira, claro estaba, pero no porque no quisiera verlos. Era justo lo contrario. En ese momento no estaba segura de tener la energía suficiente para enfrentar las preguntas de mi madre o las miradas silenciosas de mi padre.
—Entonces nos vemos más tarde —dijo ella—. Y no inventes ninguna excusa para escaparte.
—No prometo nada.
—Jieun —dijo con voz firme que no acepta negativas, así era ella.
—Está bien, nos vemos esta tarde —dije apenas con una ligera sonrisa.
Colgué y me quedé mirando la pantalla del teléfono, había cosas que podía contarles, y otras que aún no podía, no era el momento, y la situación en la que me encontrraba era… probablemente la más importante de todas.
A estas alturas no sabía cómo decirles que había decidido convertirme en madre, que no necesitaba estar casada para hacerlo, ni que no estaba esperando conocer a la persona indicada, ni que aquella decisión no era consecuencia de una decepción amorosa.
Era una decisión mía y de nadie más. O al menos de eso me estaba intentando convencer.
Mis padres llegaron poco después de las seis, yo ya estaba en mi departamento. Mi madre entró primero, cargando una pequeña bolsa con comida y una expresión que desapareció apenas me vio.
—Jieun.
—Hola, mamá.
Se acercó para abrazarme y, antes de soltarme, me sostuvo de los hombros.
—Estás más delgada.
—No lo estoy.
—Sí lo estás.
—He estado trabajando mucho, eso es todo.
Mi padre apareció detrás de ella y dejó las llaves sobre la mesa.
—Eso no es ninguna novedad.
—Exactamente.
Intenté sonreír, pero mi madre seguía observándome.
—¿Has estado durmiendo bien?
—Sí.
—¿Comiendo?
—Sí.
—¿Estás segura?
—Mamá.
—Solo pregunto.
—Estoy bien —dejé escapar un suspiro ligero, mi padre no dijo nada, solo me observó en silencio, y eso era lo peor, conocía muy bien esas miradas. —¿Qué? —pregunté.
—Nada.
—Papá.
—Solo te estoy mirando.
—Eso es exactamente lo que me preocupa —dije mirandolo y una sonrisa apareció en su rostro.
—Sigues siendo igual de susceptible.
Mi madre negó con la cabeza y caminó hacia la cocina.
—Traje comida. Y antes de que digas que no tienes hambre, vas a sentarte a comer con nosotros.
—No tengo mucha hambre —respondí caminando tras ella hacía la cocina.
Mi madre se detuvo y me miró por encima del hombro.
—Eso ya me lo dijiste la semana pasada.
Fruncí el ceño.
—¿La semana pasada?
—Y la anterior.
No recordaba haberlo hecho. O quizá sí.
Últimamente parecía que mi cuerpo estaba enviándome señales que yo me empeñaba en ignorar.