Jungkook decidió acompañanrme hasta mi departamento, caminó a mi lado hasta que me dejó en la puerta.
—¿Puedes quedarte? —mi voz sonó mas debil de lo que quería, me sentia más fragil. —Al menos un rato…
Jungkook me miró un segundo. Luego asintió.
—Claro —esa simple palabra me dió alivio mientras entrabamos a mi departamento.
Todo estaba a oscuras y en silencio, pero con su compañia no sentí la soledad al encender las luces. Dejé mi bolso en la entrada mientras me quitaba los zapatos y me dirigí hacia la sala, recostandome en el sofá.
Jungkook se quedó de pie un momento, mirando a su alrededor con calma.
—¿Quieres algo? —preguntó—. Agua. Té. Lo que sea.
—No —respondí—. Solo... siéntate.
Se sentó en el otro extremo del sofá, a una distancia prudente. La distancia exacta para que yo decidiera si quería acercarme o no, mientras el silencio nos envolvía de nuevo.
Mientras nos sumiamos en el silencio, mi telefono vibró en mi bolsó, pero lo ignoré, no quería saber nada del mundo en este momento.
—¿Por qué no contestas? —preguntó con calma.
—No es importante.
—¿Sohyang?
Lo miré de reojo, apenas un instante ¿cómo podría saberlo?
—Te vio salir de la gala de tu nombramiento… —explicó despacio—. Me preguntó por ti. Le dije que no sabía nada.
—¿Y por qué le dirías eso? —Me incorporé un poco para verlo.
—Porque era verdad. No sabía nada de ti. Hasta que apareciste en mi consultorio.
—No le he dicho nada —admití—. A nadie, ni siquiera a mis padres…
—¿Por qué?
—Porque si se los digo, van a preguntar. Y si preguntan, van a opinar. Y si opinan, van a intentar ayudar. Y si intentan ayudar, van a querer involucrarse. Y yo no... —me detuve para respirar hondo—. No quiero que nadie se involucre, esto es mío, es mi sueño…
—¿Ni siquiera yo?
Lo miré a los ojos por primera vez desde que entramos al departamento.
—Sobre todo tú.
Jungkook no se inmutó. Solo me sostuvo la mirada.
—¿Por qué "sobre todo yo"?
—Porque tú eres el único que puede hacerme daño de verdad —dije, y la frase salió antes de que pudiera detenerla.
Él no respondió de inmediato. Solo me miró, como si pesara cada palabra que acababa de decir.
—Eso es mucho poder —dijo al fin.
—No te lo pedí.
—Lo sé.
—Y no quiero que lo uses.
—No lo voy a usar.
—Eso dijiste la última vez.
El silencio se cortó. Jungkook respiró hondo, como si acabara de recibir un golpe que no esperaba.
—Tienes razón —dijo—. Lo dije y no lo cumplí.
—Entonces, ¿por qué debería creerte ahora?
—No deberías —admitió— pero puedo quedarme aquí, en este sofá, sin pedirte nada, hasta que amanezca. Y mañana, si quieres, me voy. Y si no quieres, me quedo. Pero la decisión es tuya, no mía.
Lo miré, el rencor seguia ahi, en mi pecho, solo deje escapar un suspiro antes de responder.
—¿Por qué te fuiste? —pregunté con algo de temor por su respuesta, pero tambien queria la verdad—. La verdad, por favor.
Jungkook se recostó en el sofá con la mirada al techo.
—Porque me dijiste que no querías nada serio.
—¿Yo?
—Sí. En la biblioteca, una tarde me dijiste que no tenías tiempo para relaciones. Que tu prioridad era tu futuro. Que no querías que nadie te estorbara en el camino.
Fruncí el ceño. Recordaba esa conversación, pero no la recordaba así.
—Yo dije eso porque tú dijiste que no querías una relación —respondí ligeramente a la defensiva—. Tus amigos lo comentaban. Que no te interesaba nada serio, ni ataduras,que eras “un alma libre”.
Jungkook giró la cabeza hacia mí.
—¿Mis amigos?
—Sí. Lo escuché en la cafetería. Le dijiste a Park que no querías novia. Que no era el momento y sobre todo que ninguna valía la pena porque ninguna de las chicas de la preparatoria estaba a tu nivel.
Él se quedó en silencio un momento.
—Eso lo dije —admitió—. Pero no lo dije por ti.
—¿Entonces por quién?
—Por mí —dijo—. Porque tenía diecisiete años y no sabía cómo manejar lo que sentía. Y cuando te escuché decir que no querías nada serio, pensé que me habías ganado de mano. Que ya habías decidido que yo no valía la pena.
Lo miré con el rencor que empezaba a mezclarse con algo más, con esas emociones que me desbordaban ultimamente o el pasado.
—Entonces los dos decidimos por el otro —dije—. Y los dos nos equivocamos.
—Sí —admitió—. Los dos.