La mansión Devereaux había quedado atrás.
Por primera vez en años, Amara sentía que podía respirar.
Pero la victoria no se sentía como había imaginado.
Había conseguido lo que quería.
Su familia estaba siendo investigada.
Sus secretos habían salido a la luz.
Y aun así, algo seguía faltando.
Daniel.
Lo encontró esperándola frente a su apartamento.
—¿Viniste a despedirte? —preguntó Amara.
—No.
Él se acercó.
—Vine a pedirte que te detengas.
Amara soltó una pequeña risa.
—¿Ahora?
—Ya tienes suficiente.
—No.
Amara negó con la cabeza.
—Todavía falta una persona.
Daniel supo inmediatamente de quién hablaba.
—Tu madre.
—Ella fue quien comenzó todo.
—Es tu madre.
—Y aun así intentó destruirme.
Daniel tomó su mano.
—No tienes que convertirte en ellos para ganar.
Amara retiró la mano.
—No sabes lo que siento.
—Sí lo sé.
—No.
Ella lo miró.
—Tú sabes quién era la Amara de antes. Pero esa mujer murió hace cinco años.
Daniel se acercó.
—Yo no lo creo.
—Deberías.
—No puedo.
Amara bajó la mirada.
—Daniel, si continúo, puedo destruir a mi propia madre.
—Entonces no lo hagas.
—¿Y si ella merece pagar?
—Que pague por lo que hizo. Pero no por tu odio.
Amara guardó silencio.
Daniel levantó suavemente su rostro.
—Te amo.
Ella se quedó inmóvil.
Nunca había esperado escuchar esas palabras.
—No digas eso.
—¿Por qué?
—Porque voy a tener que elegir.
Daniel la miró.
—¿Entre qué?
Amara sintió lágrimas en los ojos.
—Entre la mujer que quiero ser…
Hizo una pausa.
—Y la mujer que necesito ser para terminar esto.
Daniel le acarició el rostro.
—Entonces elige a Amara.
Ella cerró los ojos.
Por primera vez, la venganza no parecía suficiente.
Pero antes de poder responder, su teléfono vibró.
Un mensaje desconocido.
“Si perdonas a tu madre, morirás.”
Debajo había una fotografía.
Daniel y Amara juntos.
Tomada esa misma noche.
Amara abrió los ojos.
La persona que los estaba vigilando seguía cerca.
Y esta vez había dejado claro que no quería negociar.
Amara guardó el teléfono.
Miró a Daniel.
—Lo siento.
—¿Por qué?
Ella dio un paso atrás.
—Porque ahora sí tengo que terminarlo.
Daniel comprendió.
Amara había elegido.
No había elegido la venganza.
Tampoco había elegido el amor.
Había elegido sobrevivir.
Y para hacerlo…
tendría que enfrentarse a la última persona que podía destruirla.
Editado: 03.09.2026