En medio del caos

Capítulo 7

ATENEA

Terminé mi primer sesión de terapia, y admito que ha sido mejor de lo que pude llegar a imaginar algún día, no creí que profesionales tan buenos existieran, si soy sincera, pensé que todos eran como mi antigua psicóloga, me alegro haberme equivocado, estaba envuelta en llanto cada que la sesión avanzaba, conté todas mis penas, absolutamente todo, desde las veces que intenté suicidarme, mis problemas con la comida, y mis problemas en casa, sabía que no debía hablar de más y que quizás debía tratar todo el tema con más calma, pero me fue imposible no comenzar a sollozar y balbucear incoherencias de mi vida, asombrosamente, ella me entendió, me extendió un pañuelo y me motivó a continuar, y ahora finalmente fuera de su consultorio, con mis ojos totalmente rojos y lágrimas secas en mis mejillas, sonreí, porque a pesar de que todos estos años me sentía como alguien anormal por estar tan triste, tan deprimida, por primera vez me siento relajada, como una persona común, sé que voy a tener recaídas, lo sé porque la terapeuta me lo ha dicho, todo indicaba que tengo un cuadro depresivo, depresión severa, según sus propias palabras, no estoy contenta por eso, sino por la pizca de esperanza que había en mi pecho ahora, porque vendré a terapia y después de unas cuantas sesiones y preguntas, intentarían darme antidepresivos si es que los llegaba a necesitar, me explicó todas las consecuencias de estas, pero aceptaría esas consecuencias si con ello podía salvarme, dejar de estar triste y de sentirme como me siento, aceptaría cualquier cosa por desaparecer esa rabia en mi pecho cuando entraba en lo más profundo de mi furia.

No quiero estar triste.

Y sé que nadie en el mundo entero lo quiere, aunque el propio cerebro se programe constantemente para hacernos creer que sí, que lo merecemos, que lo queremos.

Pero en el fondo, nadie quiere sentirse así.

Lo sé porque yo lo estoy viviendo, ahora me doy cuenta que nunca quise sentirme de esta manera, y que nunca me he merecido esto.

Así que cuando llegué hasta donde mi padre y Lucas esperaban sentados por mí, les sonreí enormemente, a pesar de tener mis ojos vidriosos y mi respiración entrecortada, les brindé la sonrisa más sincera que pude formar, quería demostrar con ello lo agradecida que me encontraba por estar aquí, porque le pusieron pausa a sus vidas para acompañarme hoy en esto, y estoy agradecida de que finalmente comenzara a hacer todo esto por mí misma. Por mí.

—Todo salió muy bien. —musito informándoles sobre mi estado, dirijo una breve mirada a mi padre y señalo el consultorio— ella quiere hablar contigo sobre unas cuantas cosas.

—Bien, volveré enseguida. —se levanta de su asiento y me deposita un suave beso en mi cabellera, después se aleja rápidamente a dónde lo están esperando.

—¿Fue bueno? —pregunta Lucas volviendo su atención hasta mí, luce un poco preocupado.

—Lo fue. Mejor de lo que esperaba. —susurro incrédula— Sé que es demasiado pronto para decirlo, pero siento que voy a mejorar, Lucas, es una increíble terapeuta y a pesar de que me hizo llorar a mares, ahora me siento un poco más libre.

—Y con el tiempo llegará el día en el que te sientas completamente bien, y esperemos ese día sea pronto, Atenea.

Tomo asiento a su lado y mantengo mi sonrisa serena sobre mis labios, dejo caer mi mejilla sobre su hombro y me relajo completamente, él logra ese efecto en mí, me tranquiliza, y me presta atención, mucha, tanto que se había ganado mi absoluta confianza, confío en él plenamente. Quizás es pronto para hacerlo pero me demuestra tanto con acciones y con su amistad que confío más en él que en cualquier otra persona.

—Tu padre te ha dejado ir conmigo esta tarde. —lo escucho murmurar a mi lado.

—¿Realmente lo convenciste? —sueno asombrada, realmente lo estoy, no hay manera de ocultarlo, aunque hacía mucho que mi padre no ha recibido una petición como esa, me asombra que apenas conociéndolo accedió fácilmente.

—Te dije que lo haría.

—Lo hiciste. —respondo en un susurro— ¿A dónde iremos?

—Es una sorpresa.

—Claro, como siempre. —mascullo apenas, después guardo silencio cuando observo a mi padre regresar hasta nosotros, mantiene una sonrisa en su cara, una apenada, a pesar de eso sus ojos se encuentran vidriosos, entonces me levanto de mi sitio y no me da tiempo de reaccionar cuando él me jala para envolverme entre sus brazos, por unos breves segundos me quedo estática, no sé como reaccionar ante su muestra de afecto, sin embargo, lo abrazo con fuerza de regreso.

—Siento mucho no haberlo notado antes hija. —su voz se entrecorta y lo abrazo con mucha más fuerza.

—Está bien, papá, no pudiste haberlo sabido.

—Perdóname. —suplica en un susurro.

—Te perdono, lo hice hace mucho tiempo. —musito entre sus brazos porque es así, lo hago, realmente perdoné la situación, perdoné que no lo supiera, perdoné que estuviera en el trabajo tanto tiempo y no pasara tanto tiempo conmigo, lo hago porque él también se sentía culpable por esa noche, y ninguno de los dos merecía sentirse así, ya no quería sentirme así, entonces lo dejaba ir, toda esa furia en contra de él, la dejé irse.

—Lucas me dijo que irán a un sitio hoy, sólo no vuelvas tarde, ¿está bien? —murmura cuando nos nos separamos de nuestro abrazo conmovedor. Mi mirada se eleva asombrada hasta el rostro de mi padre, después me giro a observar a Lucas, y así una y otra vez hasta que finalmente asiento emocionada.

—Gracias por dejarme ir. —menciono observando a mi padre a los ojos, él simplemente asiente con la cabeza suavemente, no necesito más pues sus ojos me dicen todo lo que necesito escuchar.

Te mereces un poco de diversión.

—Nos vemos en casa, papá. —murmuro despidiéndome de él.

—Nos vemos, señor. —dice Lucas.

—Diviértanse.

Tras su simple comentario salimos rápidamente en dirección al estacionamiento, no esperamos mucho para subirnos al auto de Lucas, una vez dentro, por última vez le hecho un vistazo al auto de papá, y cuando vamos saliendo del estacionamiento me despido con la mano, él me devuelve el saludo antes de perdernos ambos por las calles de la ciudad, Lucas se dedica a conducir sin parar por las calles de nuestra hermosa ciudad.




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