En medio del caos

Capítulo 8

ATENEA

Ha pasado una semana completa desde aquella noche estrellada junto a Lucas, una semana llena de actividades inimaginables, me ha llevado a un museo real, y todos los días siguientes tuvimos un picnic diferente en cada rincón de la isla, Lucas me hace sentir cosas que creí no volver a sentir jamás y me tiene realmente conmovida por completo su actitud y su presencia. Además, había estado practicado tantos movimientos de defensa personal a lo largo de la semana que estoy asombrada de que él aún no tenga ningún solo morado sobre su cuerpo.

Ahora estoy dentro de su casa una vez más, las clases terminaron hace horas, y mi padre parece estar bien con que mis tardes las pase con Lucas y no en casa, lo que aún me cuesta mucho acostumbrarme.

Lucas es mi amigo.

Cada que repito esa frase en mi cabeza suena irreal, no creí lograr la mitad de las cosas que he logrado ahora, no creí pasar un día más allá de aquel día en el patio trasero de la escuela, pero sobre todo, no creí verme a mi misma queriendo vivir un poco más.

Estamos recostados sobre su gran sofá reproduciéndose los créditos de una película sin parar en el televisor, acaba de terminar la película que él había elegido para mí, me gustó tanto de principio a fin que ahora mismo estoy completamente callada procesando la información y llorando por su final.

—¿Como puede dolerme tanto la muerte de un perro? —susurro finalmente girándome a observarlo, su mirada brilla levemente demostrando que también le ha dolido el final.

—Porque tienes corazón, Atenea. —susurra en respuesta.— que duela es señal que aún sientes.

—Pero murió. —sollozo sin poder contenerlo un segundo más, tengo que cubrir mi boca con mi puño para lograr sofocar mi sufrimiento.— Marley murió.

Puedo ver un hallazgo de ternura pasar en sus ojos antes de jalonearme entre sus brazos y envolverme en ellos, lo que provoca otro sollozo y más lágrimas. No puedo evitar pensar en lo patética que parezco, estoy llorando por un perro que no conozco, por una película. ¿Cómo es posible que mis lágrimas pasaran de lo que eran a esto?

Antes mi llanto parecía tener un poco más de sentido.

—Tranquila, todo está bien. Vivió una vida plena. —murmura acariciando mi cabello, ante eso, suelto una carcajada entre mis sollozos, mi llanto se corta y comienzan a salir carcajadas en su lugar.— Ya no te entiendo. —confiesa en un susurro.

—Tampoco yo lo hago. —musito pasando mis dedos por debajo de mis ojos y secando mis lágrimas.

—Me complace saberlo. —admite con tono divertido.— Al menos ya no estás llorando.

—¡Oh, claro que lo hago! —confieso soltando otra carcajada, siento sus manos sobre mis hombros y me separa de su pecho mientras me observa detalladamente, analizándome como si me hubiese descompuesto.

—¿Cómo es posible que estés llorando al mismo tiempo que ríes?

—Defecto de fabricación. —suelto una risa al mismo tiempo en el que siento como las lágrimas siguen saliendo de mí, me niego a ver la televisión nuevamente así que me levanto del sofá con prisa.— No menciones más la película, tengo que procesar.

Doy vueltas por la sala un par de veces, intentando olvidarme de la película, respiro un par de veces hasta que logro calmarme por completo.

Es una película.

Me lo repito un par de veces hasta que lo sostengo en mi mente, siento un flash directo hasta mí que termina por iluminar toda la sala, me giro a donde proviene encontrándome a Lucas con su cámara en las manos.

—Olvidé quitar la luz. —admite en voz baja, pero no parece estar avergonzado.

—Estoy vulnerable, no debes tomarme fotografías así. —me quejo cruzando mis brazos sobre mi pecho, una sonrisa genuina escapa de su boca antes de hablar.

—No pude contenerme, realmente luces bonita así.

—Estoy llorando. —chillo incrédula por sus palabras, obligué a mi mente a ignorar la palabra bonita saliendo de su boca.

—Lo sé, poca gente se ve tan bien llorando, tenía que capturarlo. —susurra— sólo no llores más, prometo no ponerte más películas de perritos que mueren al final.

—¡Lucas! —gruño su nombre ofendida, las lágrimas vuelven a nublar mi visión y tengo que cerrar los ojos inhalando profundo antes de volver a abrirlos, la cámara sigue apuntando hasta mí sacándome otro gruñido del pecho.

—Creo que debemos comenzar la sesión fotográfica, muero por capturarte más justo aquí. —señala su cámara.

—¿Justo hoy?

Asiente con la cabeza antes de señalar la puerta trasera.

—Tendrás el honor de conocer mi patio trasero.

Es todo lo que necesita decir para convencerme, sigo sin rechistar sus pasos y en silencio, cuando llego a la puerta, él ya ha salido por ella, y me apunta directamente con la cámara, sé que captura mi reacción exacta, mi boca se abre ligeramente y mi corazón se acelera sintiendo todo el amor y emoción que soy capaz de reunir, su jardín es precioso, el césped es tan verde que causa sensaciones incomparables, está tan cuidado que es simplemente poco creíble que alguien al que no le interesan tanto las flores pudiera lograr algo como esto.

Entonces una luz volvió a cegarme.

—Debes parar de hacer eso. —mascullo realmente sin importancia, estoy más concentrada intentando ponerle nombre a cada una de sus plantas.

Uno de mis sueños está frente a mí.

Quizás dos de mis sueños.

—Cuándo aceptaste ser fotografiada, aceptaste esto también. —menciona sin dejar de tomar fotografías, decido que tiene razón, pero por esto lo obligaré a posar un par de horas para mí.

—Estoy intentando decidir cuál de tus plantas me robaré este día. —susurro con burla.

—Esa es la razón por la que este lugar ha estado encadenado en tu presencia.

Suelto una carcajada ante su confesión, probablemente es lo mejor, estoy segura que podría caer rendida ante la belleza de su jardín y terminaría disfrazada de duende para poder permanecer aquí.

—Debo decir que no esperaba que supieras cómo cuidar un jardín. —murmuro burlándome un poco, su risa es acompañada con una sonrisa divertida.




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