Escuela para Jóvenes Artistas: Ilusionistas y Hechiceros.

Lo impredecible de las estrellas fugaces es lo que las hace especiales.

ADRIK ALZAK

Lo que me gustaba de Nala era esa energía: mágica, fuerte, guerrera. Tenía sentido común aunque no sintieran empatía por nadie en particular. Lo opuesto a su hermana, esa costeña insoportable que se creía mejor que los krishi solo por sus rasgos vaken; aunque de sus labios salieran palabras de odio dignas de alguien del otro lado de esa cordillera.

¿Los sovende eran prácticamente inútiles en la batalla? Claro que sí. Teníamos de ejemplo a July. ¿Eran débiles? Indudablemente, de nuevo, teníamos de ejemplo a July. Pero aún así buscaban su forma extraña y poco realista de intentar ayudar. Cómo July. Su tecnología era indispensable y su cerebro era conveniente en la guerra.

En el entrenamiento naval las capacidades físicas se nivelaban, el agua las diluía y mostraban el núcleo de todo ser, fuera vaken o sovende.

Mi grupo remaba con fuerza al golpe de tambor de Sven. No era muy fan suyo, pero compartíamos pelotón, así que ya me había hecho a él. Sven adoraba darle al tambor y adoraba aún más ver la expresión de agotamiento de mis cadetes.

Era divertido, tampoco lo iba a negar. Pero yo no estaba haciendo eso con los suyos. Bueno, no del todo. Sonreí al encontrar su mirada, golpeando mi propio tambor con más rapidez. ¿Se apuntaba a una carrera?

Él sonrió, peligroso, con esa cara fruncida y norteña, correspondiendo más rápido incluso. Solté una carcajada.

—¡El primero en llegar al acantilado de Ignur y volver! —gritó el rubio.

Yo me giré al grupo que me había tocado. En principio yo solo tenía asignados para hoy los grupos de lucha y hechicería, pero tuve que cubrir a un compañero que en ese momento se presentaba ante el consejo.

—Está bien, me juego mucho aquí, así que me importa poco que sintáis vuestros brazos arder. Os quiero remando como si huyérais del enemigo.

¡Bom!

Mi equipo remó, algunos ya me miraban como si fuera demasiado.

—¡Venga! ¿Eso os parece fuerte? Pienso subir al menos a 4 o 5 nudos.

Las naves no eran demasiado grandes, solo para los diez remeros y un líder. En circunstancias normales yo era más de ser el primer remero, pero si me tocaba este puesto tendría que aguantarme. La madera de roble sostenía la estructura con tablas superpuestas, lo que les daba flexibilidad y resistencia. La proa estaba ornamentada con un virdrath tallado que se alzaba rompiendo las olas, sus ojos dotados de runas vaken brillaban como dos esmeraldas, imponentes y misteriosos.

A cada metro de agua ganábamos velocidad, las corrientes que antes se mantenían en calma golpeaban el casco zarandeándonos de un lado a otro como si las mareas sintieran la batalla y quisieran participar en el juego. Miré adelante, la bruma marina humedecía mi sonrisa a medida que la velocidad aumentaba, haciéndome disfrutar de la sensación de no sobre preocuparme por aquello que estuviera pasando en el norte. Mientras, Sven me salpicaba con bolitas de agua sacadas del mar a través de un hechizo.

¿Debería tomar más responsabilidad de estos chicos? A mí me parecía que se aprendía mucho más sobre la marca. Saldríamos a remar más a menudo, estaban muy flojitos por lo que veía. Somos hashnakianos, tenía que notarse. Esos bracitos podrían compararse con los del otro sur y no notaría la diferencia. Vi claramente como Sven fruncía el ceño al quedar atrás, sonreí más si cabía, observando a los integrantes de su barca. Callum resoplaba, bajando el ritmo y entorpeciéndolos. July no parecía estar mucho mejor, pero sovendes y vaken no tenían diferencias aquí, Nala y los otros estaban tan incómodos como el resto.

Dí una palmada girándome a mis remeros, sus caras no eran mucho mejores, pero yo hoy iba a comer ración doble así que debía animar a las tropas.

—¡Adelante, la recompensa será merecida!

—¿Qué recompensa? —murmuró sin aliento el único sovende.

Yo alcé las cejas.

—Oh, nada para vosotros, pero yo me quedo con su ración de comida.

Bajaron el ritmo con hastío, fruncí el ceño golpeando más fuerte el tambor.

Al otro lado Sven empezaba a incrementar las pulsaciones.

El agua helada del norte rugía a nuestro paso, o susurraba, porque las naves no eran demasiado grandes.

Eso no impedía que disfrutara de la carrera, así que pensaba exagerar esta historia cuando la contase en la cena.

Gotas salpicaban mis brazos mientras me alzaba como comandante naval supremo. Una corriente submarina ralentizó su barca y Sven me miró enrabietado mientras nos alejábamos de ellos.

Con el viento a favor, la vela cuadrada bordada con runas de velocidad se hinchó mientras los remeros contenían el aliento. El aire frío llenó mis pulmones, olía a victoria anticipada. Al acercarse a la escuela, el agua se tornó violeta y espesa; no era zona de barcas así que sentimos en la madera bajo nuestros pies la resistencia mágica. Giré el timón bruscamente, rodeando la barrera protectora apenas a unos metros de distancia.

En el giro, la inercia casi volcó la nave antes de que la quilla flexible se adaptara a la corriente encantada. Habíamos llegado a Ignur, era hora de rodearlo. La vela cayó y los diez remos rompieron la superficie impulsando el barco de vuelta. Era una lucha, nuestro turno de retroceder, la magia residual nos empujaba en dirección contraria; los músculos ardían, pero la costa se acercaba. Iríamos a 3 o 4 nudos, la torpeza de los principiantes nos hacía flaquear y vi a lo lejos cómo desde la ventana del tercer piso una vaken rubia que reconocería en cualquier parte empezaba a conjurar algo a sus pies. Nuestros ojos se encontraron y yo alcé las cejas retándola. ¿Qué estás haciendo Thyra? Miembros del mismo pelotón o no, eso era rastrero.

El tirón en las aguas casi me hace caer del agua. Estaba frenando mi nave.

Vaya, siempre había sabido que esos ojos escogerían a Sven antes que a mí mil veces pero verlo reflejado tan pronto, ahh, ay Thyra, que rápido escogió sus vínculos.

—No aflojéis, el agua podrá parecer plomo pero lo bueno de estas barcas es que son más ágiles. ¡Demostrad lo que valéis!




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