Diez guivernos cubrían el cielo nocturno.
Sus alas batían sobre sus cabezas en medio de la noche, mientras el hedor a cenizas comenzaba a invadir el aire.
Lucrecia sabía cuánto le costaría detenerlos.
Muchos años de vida por cada criatura. Diez bestias significaban treinta años incluso más dependiendo del tamaño de cada una.
Miró al hombre que amaba, luchando por mantenerse en pie. La sangre le cubría el rostro y, aun así, sostenía la lanza entre las manos, como si todavía pudiera protegerla de las criaturas que amenazaban con destruirlos.
—¡Támadás! —gritó el general desde su guiverno.
El fuego se cernió sobre ellos en un abrir y cerrar de ojos.
Esta vez no podrían huir.
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Editado: 12.10.2026