El jueves llegó con la puntualidad implacable con la que llegan las cosas que uno preferiría evitar. Sander se había despertado a las seis de la mañana, había planchado su camisa tres veces porque en las primeras dos le pareció que las arrugas todavía eran visibles, y había practicado frente al espejo del baño una expresión que, según él, transmitía "estabilidad emocional y profesionalismo sereno" y que, según Samantha, solo lo hacía parecer estreñido.
-Dilo otra vez -le pidió Samantha desde la puerta del baño, con una taza de café en la mano y una sonrisa que luchaba por no convertirse en carcajada-. La frase que vas a decirle a la doctora.
-"Buenos días, doctora Salcedo, gracias por recibirme. Sé que el reporte que motivó esta evaluación contiene ciertos... elementos hiperbólicos, pero le aseguro que gozo de perfecta estabilidad mental y emocional."
-Suena como si estuvieras leyendo un comunicado de prensa.
-¡Es que básicamamente estoy dando una conferencia de prensa! ¡Voy a tener que defender mi cordura frente a una profesional que probablemente ya leyó un reporte donde mi suegra menciona bolsas de basura industrial tres veces!
-Cuatro veces -corrigió Samantha, dando un sorbo a su café-. Anoche volví a leer el chat familiar. Mi mamá le agregó una cuarta mención cuando le escribió a mi tía Consuelo contándole "los detalles completos del incidente".
Sander cerró los ojos y respiró profundamente, como si estuviera a punto de despegar en medio de una tormenta eléctrica sin visibilidad.
-Voy a perder mi trabajo, Samantha. Voy a llegar a esa oficina, la doctora va a leer el reporte de tu madre, y en cuestión de minutos voy a estar firmando papeles de incapacidad permanente mientras alguien más pilotea mis rutas a Cancún.
-No seas dramático, es solo una evaluación de rutina. Seguramente le preguntan cosas normales, como "¿duerme bien?", "¿tiene pensamientos negativos recurrentes?", cosas así. No creo que empiecen preguntando directamente sobre bolsas de basura.
-Tú no conoces a la doctora Salcedo. En la aerolínea le dicen "la Detective" porque una vez descubrió que un copiloto estaba fingiendo estrés postraumático para conseguir semanas libres extra, solo por la forma en que el tipo parpadeaba al mencionar la palabra "turbulencia".
-Eso suena más a leyenda urbana corporativa que a un dato verificado.
-¡Es un dato completamente verificado! ¡Todos en la aerolínea le tienen pavor!
Samantha se acercó y le acomodó el cuello de la camisa, un gesto pequeño pero cargado de una ternura que llevaba días -desde el incidente del falso cadáver- reapareciendo entre ellos con una frecuencia que ninguno de los dos comentaba en voz alta, como si nombrarla pudiera espantarla.
-Vas a estar bien. Eres el piloto más responsable, más aburrido en el buen sentido, y más estable emocionalmente que conozco. El único momento de tu vida en el que has actuado como un potencial criminal fue cuando decidiste fingir un desmayo para darme una lección, y honestamente, eso dice más sobre tu amor dramático hacia mí que sobre tu salud mental.
-Eso, viniendo de la mujer que intentó esconder mi "cadáver" con bolsas de basura y cinta adhesiva, no es precisamente un testimonio que vaya a tranquilizar a la doctora.
-Buen punto. Tal vez deberíamos evitar mencionar mi participación en esta historia.
-Samantha, tu madre ya envió un reporte escrito. Con fecha. Y hora exacta del incidente.
-Cierto. Olvida lo que dije. Estamos condenados.
Ambos se rieron, esa risa cómplice que, en los últimos días, había empezado a reemplazar gradualmente a los gritos y los portazos que habían dominado su matrimonio durante los meses anteriores. Sander tomó su maletín, se despidió de Bruno con una caricia rápida en la cabeza, y salió hacia la clínica de evaluación psicológica de la aerolínea con la actitud de un hombre que camina hacia su propia ejecución.
La oficina de la doctora Salcedo estaba ubicada en un edificio corporativo cerca del aeropuerto, con paredes de un beige tan neutro que parecía diseñado específicamente para no provocar ninguna emoción en los pacientes, lo cual, pensó Sander mientras esperaba en la sala de espera, era irónico considerando que su propósito era precisamente evaluar emociones.
-¿Sander Castillo? -La voz que lo llamó pertenecía a una mujer de mediana edad, cabello corto y gris, lentes de marco delgado, y una expresión tan neutral que resultaba prácticamente imposible de leer-. Soy la doctora Salcedo. Pase, por favor.
El consultorio era pequeño, con dos sillones frente a frente, un escritorio ordenado con precisión militar, y en las paredes, diplomas enmarcados que Sander no tuvo tiempo de leer porque estaba demasiado ocupado calculando mentalmente cuántas de sus palabras podrían ser malinterpretadas en los próximos cuarenta y cinco minutos.
-Doctora Salcedo, antes de comenzar, quisiera aclarar que el reporte que motivó esta evaluación probablemente contiene ciertas exageraciones de parte de...
-Sander -lo interrumpió la doctora, sin levantar la vista de la carpeta que tenía frente a ella-, llevo veinte años haciendo este trabajo. He evaluado a pilotos que reportaron avistamientos de ovnis durante vuelos nocturnos, a copilotos convencidos de que su comida estaba siendo envenenada por sindicatos rivales, y en una ocasión memorable, a un capitán que insistía en que su avión estaba embrujado por el fantasma de un pasajero fallecido en un vuelo de 1987. Le prometo que "fingí un desmayo para darle una lección a mi esposa" no es, ni de lejos, lo más extraño que he escuchado esta semana.
Sander sintió que una pequeña fracción de la tensión en sus hombros se disolvía.
-Eso es... extrañamente reconfortante.
-Debería serlo. Ahora, sentémonos, y cuénteme, con sus propias palabras, qué fue exactamente lo que ocurrió el martes por la tarde.
Sander tomó asiento, respiró hondo, y procedió a narrar la historia completa: la discusión por el aniversario olvidado, la maleta estratégicamente colocada, su decisión de fingir un desmayo, el pánico genuino de Samantha, la llegada de Valentina con la cinta adhesiva y la bolsa industrial, la intervención del señor Ferreira, y finalmente, el reporte de su suegra a la aerolínea que había desencadenado toda la situación actual.