Horizonte 0

CAPITULO 9. BÚSQUEDA PARTE 2

En la luna de un lejano planeta, Nergel logró derrotar a las tropas Kry que custodiaban las instalaciones.
—Hemos tomado el control de las instalaciones —informó Memphis.
—Perfecto. Lleva a los psicodrones a cada rincón. Necesito todos los aditamentos rápido, antes de que lleguen las tropas de apoyo —ordenó Nergel.
—¡Pero es una instalación lejana! —le increpó Memphis.
—No para ella —respondió Nergel, mirando al cielo mientras pisaba el cadáver de un Kry.
—Sí, maestro.
Un grupo de soldados enormes, con trajes oscuros que les cubrían todo el cuerpo, caminaba detrás de Memphis como sombras sin rostro.
Unos minutos después, el Akmir recibió una débil señal de auxilio.
Ely y el resto del grupo estaban a bordo de la nave cuando la captaron.
—Capitán, tenemos una señal de auxilio del territorio Kry. Es una nave sin registro —anunció Werllin.
—¿Nergel? —preguntó Uran.
—Al parecer los guardias lograron grabar a una especie de soldados del mismo tamaño y complexión que nosotros.
—¡Nos vemos! ¡A toda velocidad! —exclamó Thayana.
La nave encendió motores y rasgó el espacio rumbo a un nuevo destino.
Gilian observaba las fotos de los soldados, desconcertado.
—Esas armaduras los cubren literalmente de pies a cabeza… pero se parecen a las de la era de la Gran Guerra.
—Sabe demasiado. ¿Desde cuándo estará activo y no nos dimos cuenta? —se preguntó Thayana en voz baja.
—¿Serán otros híbridos como Nergel? —sugirió Ely.
—Posiblemente —respondió Uran.
—Pero quisiera saber si actúa solo o no. Es decir… ¿de dónde obtuvo naves y soldados? —añadió Thayana, visiblemente preocupada.
—Como sea, debemos alistarnos. Ely, tendrás la acción que tanto querías —dijo Gilian, sonriendo.
—Espero ser útil.
—Y tú, cariño, recuerda que siempre me tendrás cuidando tus espaldas —añadió Gilian, dirigiéndose a Thayana.
—Eso espero —contestó ella con voz cortante.
Tras un veloz viaje, el Akmir emergió de un vórtice de energía frente al planeta. Para su sorpresa, la nave principal de Nergel ya no estaba. Se había escapado antes de su llegada. Además, se dieron cuenta de que no podían recibir ni enviar señales.
—Imposible… estamos en un campo de anulación de comunicaciones —dijo Werllin.
—¿Entonces por eso no llegaron las tropas de apoyo Kry? —preguntó Thayana.
—Estamos rodeados por una especie de campo de distorsión. Incluso si salen de la nave no podremos comunicarnos —añadió Hutan, preocupado.
—Thayana, ¿qué hacemos? —preguntó Uran.
—¿Hay firmas de vida?
—Sí. Seis sobrevivientes y cincuenta desconocidas en las instalaciones… aunque podrían ocultar más.
—Entendido. Hay sobrevivientes. Gilian, prepara un grupo de rescate. Tenía pensado atacar desde aquí, pero con sobrevivientes no puedo hacerlo.
—Enterado.
Una tropa de asalto descendió en tres naves de carga hasta aquella luna. No encontraron apoyo aéreo enemigo como la vez anterior, lo cual levantó sospechas.
—¡No tiene aposho aéreo! —exclamó Mina.
—Es como si él… como si Nergel quisiera que viniéramos a buscarlo —murmuró Thayana.
Al bajar a unos mil metros del suelo, las naves fueron recibidas por disparos. Una de ellas cayó a tierra, mientras las otras dos lograron aterrizar a duras penas.
—¡Bajen, rápido! —ordenó Thayana.
—Bueno, a esto vinimos, niños. Mina, baja el tanque —dijo Ely.
—¡Listo!
Los recibieron tiradores con armas de energía, ocultos detrás de los escombros de la instalación atacada. Frente a ellos se alzaban soldados del mismo tamaño y complexión de un naru, con armaduras que les cubrían el cuerpo herméticamente. Se veían más como máquinas que como seres orgánicos.
El pelotón de humanos y soldados naru se abalanzó sobre ellos.
—¡Kalir! ¡Escudos! —gritó Gilian en su lengua.
—¡Activen escudos de energía! —ordenó Sasha a los suyos.
—¡Sí, ya entendí, no necesitas gritar! —protestó Arthur.
—¡No seas maleducado, Arthur! —le reprochó Thomas.
—Esto me trae recuerdos. Jhan, busca un lugar alto y cúbrenos. Mina, trae el tanque —dijo Ely.
—¡Seguro!
Al activar los escudos de energía se protegieron de los disparos. Durante el combate lograron acercarse hasta estar a pocos metros.
Gracias a los implantes, los soldados humanos lograron plantar cara a aquellos extraños seres. Con destreza y el apoyo de los naru, fueron arrinconando a los enigmáticos enemigos. Thayana avanzó al frente y guardó su arma.
—Acabemos con esto rápido.
Con un solo salto llegó hasta los soldados enemigos, embistiéndolos como si no pesaran nada. Al intentar embestir a uno, se alejó un poco del resto de su equipo.
—Thayana, ¿dónde estás? —preguntó Uran por el comunicador.
—Dame un momento.
Al intentar golpear al extraño enemigo frente a ella, este logró frenar su embate en seco. Entonces escuchó una risa leve colándose en su comunicador. Era la voz de Nergel. Se había puesto un traje igual al de sus subordinados.
—Hola, Thayana —dijo con voz sombría y burlona.
La empujó con fuerza hasta hacerla chocar contra unas rocas, rompiéndolas.
—¡Mierda! ¡Escuchen, es Nergel!
Aún luchando, Gilian la escuchó.
—¡Vamos por ti!
—No. Es peligroso. Vayan por los sobrevivientes. Tengo algo que terminar con este tipejo —ordenó con voz de mando.
—Enterado. Ely, ayúdame. Terminemos con esto rápido.
—Ya voy. Mina, dispara con todo.
—¡Ya voy!
Los disparos del cañón les dieron ventaja mientras el número de enemigos disminuía.
—Carajo… mal día para dejar la espada —murmuró Ely.
—Vayan, yo los cubro —dijo Jhan, mientras disparaba protegiendo a su equipo.
Con disparos certeros se abrieron camino, demostrando sus habilidades de combate y derribando a aquellos extraños soldados.
Uran sabía que tenía que ayudar a Thayana y entró al combate para apoyar al resto.
—¡Espérenme, los ayudo! Debemos ir por ella, deprisa —dijo, preocupado.
Mientras tanto, Thayana y Nergel, frente a frente, discutían.
—¿Por qué me persigues? —le preguntó ella con desprecio.
—Yo no te persigo. Eres tú la que vino a buscarme.
—Estás loco. ¿Qué tanto quieres de mí?
—Darte una última oportunidad de unirte a mí. Dame tu genética. Ayúdame a purgar el cosmos de la plaga.
—¡No somos una plaga! —gritó ella, furiosa.
En un combate cuerpo a cuerpo quedaron igualados, hasta que la capitana logró darle un golpe en el vientre que lo mandó lejos. Nergel se incorporó y, con el guante que llevaba, evitó un golpe cargado de energía que Thayana intentó descargar sobre él.
—¿No te cansas de esconderte detrás de esa cosa?
—¿Y tú no te cansas de quererme matar? —respondió él, burlándose.
Nergel intentó devolver el golpe, pero ella lo detuvo. Ambos forcejearon, quedando igualados, hasta que el villano logró golpearla contra unas rocas.
Sin mediar palabra, la valiente capitana usó su control sobre la materia. Hizo que dos rocas detrás de él levitara y lo golpearan, derribándolo.
—Es una lástima… pudimos crear una nueva raza —dijo Nergel, tirado en el suelo.
—Voy a acabar con tu miseria —respondió Thayana, sacando una daga de su costado.
—No son ningunos santos, como ellos creen. He visto a tu gente destruir planetas para formar sus amadas colonias. Lugares con vida han perecido por su deseo de tener más.
—¡Basta! —exclamó ella, acercándose.
Nergel, aún en el suelo, intentó levantarse mientras la señalaba con una mano.
—¿Acaso ya le dijiste a los Brill sobre qué fundaron sus veintiocho colonias?
—Solo era vida básica, no… —fue interrumpida.
—¡Pero era vida! ¿Acaso el sufrimiento de otros no les importa? —gritó con odio.
Thayana se dio cuenta de que, con la otra mano, Nergel oprimía un pequeño botón en su pecho.
—¿Qué… qué hiciste?
—Solo reactivé la señal. Ahora los hijos de Brill saben la verdad —dijo, y su risa llena de odio se extendió por el comunicador.
Thayana quedó atónita. Todo había sido una trampa: desacreditar como héroes a los naru frente a los humanos. Todos los que estaban en la superficie y la nave escuchaban.
—Esta fue tu última oportunidad de ayudarme a purgar el cosmos… pero no la aceptaste —añadió Nergel con sarcasmo.
Aún con la daga en la mano, Thayana reaccionó con rapidez.
—Tus hombres están perdiendo. Ahora te toca morir también —dijo, confusa, sin saber del todo cómo reaccionar.
Cuando intentó apuñalarlo, Nergel usó la energía emanada por el guante para detener la daga.
—Solo compré tiempo.
Furiosa, Thayana cargó un golpe de energía en uno de sus puños y golpeó el vientre de Nergel, quien apenas logró evitar caer.
Como si se tratara de un espectro, la nave principal de Nergel emergió del hiperespacio cerca de la superficie de la luna. La ráfaga de la salida sacudió a todos los presentes, casi como una tormenta de polvo y escombros. En la confusión, la nave de carga que había usado para atacar las instalaciones en Próxima Centauri bajó, aprovechando la poca visibilidad, a rescatarlo.
Thayana, cuya fuerza era superior, logró mantenerse de pie, cubriéndose con los brazos cruzados de la ráfaga de escombros. Vio la nave de carga descender y a Nergel dirigirse hacia ella.
—Debo irme. Por ahora estamos atrapados en un bucle de persecución… pero prometo acabar esto la próxima vez —dijo él con voz entrecortada por el golpe.
Thayana intentó ir por él, pero dos disparos provenientes de aquella nave la obligaron a retroceder.
Solo pudo ver cómo dos de aquellos extraños soldados lo ayudaban a subir.
—Werllin, ¿me escuchas?
—Sí, capitán. Parece que el enemigo devolvió la comunicación.
—Dispara. Carga masiva —ordenó por el comunicador.
—Negativo. Están muy cerca. La explosión los mataría también —respondió rápidamente.
La enorme masa de metal se levantó mientras, en el Akmir, Werllin ordenaba una serie de disparos leves.
—Está a mayor altura. Ya es seguro disparar —informó Hutan.
—Serie de disparos continuos. Batería principal.
Los cañones del Akmir descargaron ráfagas de energía. Los escudos de la nave enemiga evitaron el daño directo, dándole tiempo a escapar y sacudiendo la superficie de nuevo.
—Se fueron… pero eran escudos viejos. ¿Cómo pudieron evitar el daño? —se preguntó Hutan.
Dentro de los oscuros y fríos pasillos, Nergel era llevado entre brazos, apenas soportando el dolor. Frente a él se presentó de nuevo Memphis.
—Fue justo como lo dijo, maestro. Ella vendría por usted.
—Vamos… tengo más tareas para ti… —se quejó Nergel, con dolor.
Los soldados lo ayudaron a quitarse la armadura, dejando su cuerpo descubierto. Memphis se dio cuenta del golpe en su estómago: se veía una herida contundente y penetrante.
—Tienes suerte… mi genética xarnai evitó que me licuara los intestinos —habló Nergel con dificultad, jadeando—. Prepara la cápsula médica. No sé cuánto podré soportar así. Vamos al sistema Ranul. Tengo más misiones para ti.
—Sí, maestro —respondió Memphis, inclinándose.
De tanto en tanto, el cuerpo de Memphis se sacudía un poco, como quien intenta luchar contra algo en su interior, mientras Nergel era llevado a una cámara contigua.
De regreso con los protagonistas, la situación se puso tensa.
—Werllin, prepara la nave. Debemos seguirlo —dijo Thayana, molesta.
—Espera. Hay heridos y además tenemos a los sobrevivientes Kry. Debemos llevarlos a asistencia médica —intervino Uran.
—¡Haaaaaaa! —gritó Thayana, furiosa, mientras golpeaba una roca, dejando un agujero de varios centímetros—. De acuerdo. Vamos. Pero necesito muestras de los enemigos caídos. Gilian, encárgate.
Ely interrumpió la comunicación.
—Uran, ven deprisa. Logramos atrapar a dos vivos, pero el cuerpo de uno de ellos se hinchó y se comprimió. No sé… mejor ven a ver.
Apresurados, el resto llegó hasta la ubicación de Ely, mientras un grupo de narus llevaba a los sobrevivientes Kry a una nave de rescate que había aterrizado.
—¿Y el otro? —preguntó Gilian.
—¡Arthur, tráelo! —ordenó Jhan.
—¡Ya voy!
Arthur y Thomas arrastraron al enorme ser encadenado, pero este empezó a convulsionar frente a todos. Intentaron controlarlo, pero era en vano.
—¡Thomas, sujétalo bien!
—¡Eso intento!
El cuerpo de aquella criatura se hinchó dentro del traje como un globo, casi rompiéndolo, y luego se comprimió.
—Gilian, que tus soldados vean cómo están los demás caídos —dijo Sasha.
Gilian ordenó a los soldados naru revisar al resto de los enemigos. Estos le confirmaron que todos habían pasado por lo mismo: se estaban disolviendo.
—¿Qué mierda pasó, boludo? —exclamó Mina, sorprendida.
En voz baja, Thayana soltó una frase:
—Espero que no sea lo que pienso…
—¡Líquido fernil! —respondió Uran, sorprendido.
—¿Pero quién demonios es Nergel? —se preguntó Thayana.
Cada vez la cabeza de la joven capitana se llenaba de más incógnitas.



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Editado: 22.10.2026

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