De regreso en la nave, tras analizar los restos, tanto Uran como Thayana se dieron cuenta de que el ADN de aquel ser era naru. Eso les dio nuevas pistas.
Thayana cruzó los brazos, pensativa.
—El líquido fernil no debería existir. Se prohibió después de la guerra.
Thomas la miró con curiosidad.
—Perdón la pregunta, pero… ¿para qué servía ese líquido?
Gilian respondió con voz grave:
—Era una mezcla de toxinas única. Los espías de ambos bandos la usaban como último recurso si eran capturados o no tenían forma de escapar. Se inyectaban una dosis en la sangre y el líquido los carcomía por dentro, por así decirlo.
Mina frunció el ceño, horrorizada.
—Es terrible… ¿Y también los hacía explotar como a estos?
—No —contestó Gilian—. Este parece más concentrado. El original dejaba inconsciente a la persona al instante y disolvía las vísceras por dentro hasta llegar al cerebro. Así no podían sacarle información.
Mina lo miró sorprendida.
—¿Me estás diciendo que solo con el cerebro bastaba?
—De hecho, algunos les cortaban la cabeza a oficiales de alto rango y extraían información de las neuronas —explicó Gilian—. Fue una guerra salvaje en los últimos años.
Arthur, sin mucha cautela, intervino:
—Con tanta tecnología… ¿y no pudieron terminarla rápido?
Ely lo amonestó con seriedad.
—¡Eh! Con respeto.
—¡Perdón! —murmuró Arthur.
Uran tomó la palabra:
—De hecho, hubo alguien que pudo haber terminado la guerra al principio: el Gran Mariscal Borel. Llevó ese título durante sesenta y ocho años… bueno, unos veinticinco años de su mundo . Arrinconó a las tropas rebeldes con fuerza, pero sus métodos brutales hicieron que el emperador le pidiera retirarse del puesto.
Jhan levantó una ceja.
—Espera… ¿no lo dejaron terminar su trabajo? ¿Qué sentido tiene eso?
—No olvides que, al fin y al cabo, eran nuestro propio pueblo —respondió Uran—. Después de su salida designaron a un sucesor con políticas más pacíficas, y eso solo alargó la guerra. Créanme: los últimos sesenta años fueron los peores.
Thayana asintió con gravedad.
—Borel es recordado hasta nuestros días como un héroe del Imperio. A veces, si es necesario, hay que ensuciarse las manos. Hay quienes dicen que fue un error pedir su retiro.
Gilian, al escuchar aquellas palabras, solo pudo apartar la mirada.
Sasha aprovechó el silencio.
—Hablando de ensuciarse las manos… ¿qué hay de lo que dijo Nergel sobre las colonias?
Thayana bajó la mirada un momento.
—Ah, eso. Se refería a que, después de restaurar NIM, tuvimos que usar el Bio Núcleo para terraformar planetas. Pero créanme: no matamos a nadie. Solo fueron planetas con organismos básicos… agua, bacterias, algunas plantas.
Jhan frunció el ceño.
—¿Y qué buscaba entonces con eso?
—Tal vez ganar tiempo… o dejarlos como monstruos ante nosotros —sugirió Ely—. No lo entiendo del todo.
Mientras discutían, la puerta se abrió. Entraron Hutan y Werllin con expresión seria.
—Señora —dijo Werllin, nerviosa—, tenemos dos anuncios importantes.
Hutan activó un teclado portátil. Un holograma de ADN apareció frente a ellos.
—Primero: analicé los restos de los soldados enemigos y no encontré ningún registro reciente.
Ely se tensó.
—¿Qué?
—En efecto —continuó Hutan—. No corresponde a los registros actuales. Que yo sepa, solo hubo fugas de información antes de la Unificación.
Uran lo miró incrédulo.
—¿Entonces esos sujetos tienen… miles de años?
—Para ser exactos, sí. En tiempo humano, unos once mil cuatrocientos noventa y ocho años aproximadamente.
La respuesta les heló la sangre.
Hutan siguió:
—Además, analicé los escudos de la nave enemiga. Descubrí que están hechos con un sistema rústico de capas.
—Por eso resistieron los impactos —murmuró Thayana.
—Los nuestros son un solo escudo grueso —explicó Hutan, con un deje altanero y juguetón—. Pero estos son láminas de energía superpuestas. Yo podría mejorarlos… y hasta mejorar el sistema de disparo para romperlos.
Thayana lo miró con firmeza.
—Pues hazlo. Pero nada de arriesgarte. Les prometí a tus padres llevarte de vuelta en una pieza.
Hutan sonrió.
—No hay problema.
Werllin tomó la palabra de nuevo.
—Por otro lado… he recibido indicaciones del Gran Mariscal Urukan de volver a NIM.
Thayana se incorporó, molesta.
—¿Cómo? ¡No he terminado aquí!
—Enviarán una flota pequeña para vigilar la sección —explicó Werllin.
Gilian preguntó:
—¿Qué solicitarán ahora?
—Al parecer habrá una reunión del Consejo. Está esperando comunicación personal con usted en su camarote.
Thayana, frustrada, solo pudo aceptar.
—Bien. Regresemos. Espero que sea rápido.
Durante el viaje de regreso a NIM, Thayana contemplaba en solitario el agujero de gusano que los llevaba a casa. Uran se acercó y se detuvo detrás de ella.
—¿Dowkan Salik? —preguntó en su idioma—. ¿Qué piensas?
—Salika Pferden vork no dis —respondió ella—. Pienso en usar el implante.
Uran se tensó.
—Eka, Bashtwe ni Farwin Kodesh. No. Vas a arriesgar tu vida.
Thayana giró el rostro, la voz cargada de furia contenida.
—¿Nirk Sha Bülir? ¿Qué quieres que haga?
—Eigi Dever Sholan, Ku Destra. Recuerda cómo terminaron los tres anteriores.
Uran la abrazó por detrás. Sintió la frustración de Thayana latirle en el pecho.
Ella respiró hondo, intentando calmarlo.
—Mnolav Nik, Saber Nadek Okgar Norfite NIM. Necesito tiempo. Podré usarlo. Te diré todo en NIM.
A escondidas, Hutan escuchaba la conversación sentado en un rincón, tratando de comprender lo que sucedía.
---------------------------------------------------------------------------------------------
El Akmir llega a NIM en un destello del portal. Al llegar a palacio el grupo fue recibido en el palacio por el emperador Alban y el Supremo Capitán Brall.
—Capitanes, sean bienvenidos de nuevo —dijo Brall—. Antes de que reproche, capitana Ger, el motivo de traerlos de regreso es importante. Créame.
Alban se dirigió a Thayana con tono conciliador.
—Thayana, no dudamos de tus capacidades, pero el Consejo acordó una reunión de emergencia en NIM. Al parecer, después de mucho tiempo, han decidido formar una coalición para detener a Nergel.
Gilian dio un paso al frente.
—Su majestad, con todo respeto… nosotros somos capaces de acabar con él. Es un solo enemigo.
—Uno que ha demostrado tener suficientes hombres y recursos como para atacar a dos miembros del Consejo —replicó Brall.
Thayana apretó la mandíbula.
—Señor, solo quiero decirles que, tomen la decisión que tomen, puedo sola con esto. Créame: estoy cerca.
Hutan levantó la mano.
—Si me permiten hablar… he logrado rastrear los elementos de salida del portal por donde emergió la nave de Nergel.
Alban se acercó de inmediato, más como un joven curioso que como un soberano.
—¿Espera… se puede hacer eso?
Hutan le mostró la pantalla que llevaba en las manos.
—Sí. Cada rincón del Imperio tiene componentes diferentes, incluso el espacio exterior. Es por el polvo de las tormentas que emiten las estrellas cercanas y el rastro que dejan las atmósferas de sus planetas al moverse y…
Brall lo interrumpió con firmeza.
—Sin duda es interesante, pero debemos empezar la reunión. Coronel, puede acompañarnos si quiere.
Ely asintió.
—Entendido. ¿Pueden venir los demás conmigo, capitán?
—Claro. Considerando su actual posición frente al Consejo, no habrá inconveniente.
Jhan negó con la cabeza.
—Iremos de más. Mejor ve tú y nos cuentas luego.
—¿Seguros? —preguntó Ely.
—¡Sí, anda! —dijo Sasha.
Arthur se encogió de hombros.
—No me quiero aburrir. Mejor vaya usted, señor.
—Bien. Nos vemos luego.
Thayana se giró hacia Hutan.
—Espéranos aquí.
Brall miró al emperador.
—Su majestad, su rostro…
Alban suspiró, resignado.
—Sí, claro. Qué aburrido.