La luna y sus fases ocultas

No todo es lo que parece

Han pasado tres semanas desde aquella noche en la que mi mundo se derrumbó.

Desde esa noche no volví a acercarme al pergamino, muchas veces sentí la tentación, pero tenía miedo.

Pero aqui estoy hoy, sentada en el suelo, con la vela enfrente.

-Umbra.

De repente la luz anaranjada se volvió oscura.

Respiré hondo, solo una vez más, solo para entender qué vi, solo para demostrarme que fue mi imaginación, como dijo el profesor.

-Dolmaveth ithar, khaos enari, solveth mir dolun.

El mismo silencio denso de la otra vez, el mismo frío subiéndome por los brazos.

Entonces lo vi.

Ya no era una sombra sin forma. El grito me salió solo.

◆

Aria despertó de golpe.

Se quedó un instante inmóvil en la oscuridad, sin saber si lo había soñado.
La casa estaba en silencio, sus padres dormían al fondo del pasillo, Alistar una planta más arriba.

Se escuchó un segundo grito, el hechizo salió solo.

-Lumen.

Una pequeña luz apareció en la palma de su mano y salió corriendo al cuarto de valeria.

Abrió la puerta sin llamar.

Olía a algo extraño, a humo frío, si eso existía.

En el centro, al lado de una vela negra ya apagada, había un pergamino desenrollado.

Y Valeria estaba acurrucada en un rincón, con las rodillas contra el pecho y los ojos muy abiertos.

-¿Qué ha pasado?

-N-nada.

-¿Por qué estás ahí?

Valeria no respondió. Sus ojos se desviaron un instante - apenas un parpadeo - hacia el pergamino.

Aria siguió la mirada. Dio un paso hacia él, pero Valeria se levantó más rápido de lo que su cuerpo tembloroso parecía permitir y lo recogió antes de que pudiera verlo de cerca.

-No te preocupes -dijo, abrazando el pergamino contra el pecho-. Vuelve a la cama.

-Valeria...

-Estoy bien. De verdad.

No lo estaba las dos lo sabían.

Pero Aria conocía esa puerta cerrada, llevaba semanas chocando contra ella. Asintió despacio y salió de la habitación.

Esa noche tardó mucho en volver a dormirse.

◆

La mañana llegó con un sol tímido y el pueblo en plena rutina.

Las chicas salieron juntas hacia la academia, como siempre. Ninguna mencionó la noche anterior.

-Buenos días, niñas -saludó la panadera desde su puerta, con las manos enharinadas.

-Buenos días -respondieron casi a la vez.

Un vecino que arreglaba el tejado les hizo un gesto con la cabeza.

Dos mujeres que charlaban junto a la fuente bajaron la voz al verlas pasar, desde lo de Seraphina, las miradas de lástima todavía no habían desaparecido del todo.

Al doblar la esquina de la calle del sastre, lo vieron.

Caleb estaba en la puerta del taller, con los brazos en alto mientras el sastre le tomaba medidas de los hombros.

Al verlas, sonrió avergonzado.

-Ni una palabra -advirtió.

-¿Es para la graduación? -preguntó Valeria, con una sonrisa que le salió sola.

-Puede.

-Te van a hacer un discurso y todo -dijo Aria-.

El alumno perfecto.

-Seguid andando.

Las dos rieron, por un momento, todo pareció normal, como antes, como siempre.

Entonces Aria se giró hacia su prima.

-Adelántate, ahora te alcanzo, tengo que preguntarle una cosa a Caleb.

Valeria la miró un instante. Solo un instante.

-Claro -dijo. Y siguió andando.

◆

Aria esperó a que Valeria se alejara lo suficiente antes de acercarse a Caleb.

El sastre había entrado a por más alfileres.

-¿Qué pasa? -preguntó él, bajando los brazos.

-Anoche Valeria gritó. -Aria habló en voz baja, deprisa-. La encontré acurrucada en un rincón de su habitación, temblando, había una vela negra apagada y un pergamino en el suelo que escondió en cuanto intenté mirarlo.

Caleb frunció el ceño.

-¿Un pergamino?

-No sé qué es, pero olía raro, como a humo frío. Caleb, te juro que nunca la había visto así. Estaba aterrorizada.

Caleb se quedó un momento en silencio, con la vista en el suelo, pensando.

-¿De dónde lo habrá sacado?

-No lo sé.

-Pues eso es lo primero. -La miró-. Averigua qué es ese pergamino. Sin presionarla, si la acorralas se cerrará más. Pero un pergamino que hace gritar a alguien en mitad de la noche no es un pergamino cualquiera.

Aria asintió despacio.

-¿Y si es algo de... lo de su madre? El duelo, digo.

-Puede. -Caleb no parecía convencido-. Pero averígualo igual.

◆

Calle arriba, Valeria se había detenido a esperar.

Desde donde estaba los veía perfectamente.

Aria y Caleb, las cabezas juntas, hablando en voz baja. Él inclinado hacia ella, ella gesticulando con esa confianza que solo se tiene con alguien de toda la vida.

No podía oírlos. No le hacía falta.

Algo le subió por el pecho, el pinchazo de siempre, pero distinto, más caliente, más difícil de enterrar.

Esta vez no lo enterró del todo.

Se dio la vuelta y siguió andando sola hacia la academia.

◆

Esa tarde, al terminar las clases, Valeria no fue directa a casa.

Entró en la biblioteca del pueblo, un edificio estrecho y alto, con olor a papel viejo y polvo de siglos.

La bibliotecaria levantó la vista del mostrador y le sonrió con amabilidad.

-Valeria. Cuánto tiempo.

-Hola. -Valeria se acercó, un poco insegura de cómo decirlo-. Estaba buscando... ¿tenéis algo sobre lazos? O sea - hechizos para fortalecerlos. Entre personas.

La bibliotecaria la miró un momento.

-¿Fortalecer lazos?

-Con mi prima -dijo Valeria, y le salió más sincero de lo que pretendía-.
Últimamente siento que... no sé. Que nos estamos alejando. Y no quiero.

La mujer sonrió con ternura.




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