La luna y sus fases ocultas

Etera pide sangre?

Esa noche, Valeria no hizo ningún ritual. Solo leyó.

El libro era más antiguo de lo que parecía por fuera; las páginas amarillentas, la tinta desgastada en los bordes, una caligrafía apretada que obligaba a leer despacio.

Hablaba de lazos desde la primera página, de cómo la magia une a las personas, de cómo esos hilos invisibles pueden moldearse.

Pero había algo en la forma de decirlo que le resultaba... extraña.

Las palabras eran frías. Hablaban de los lazos como de algo que se maneja, que se moldea, que se libera. En ningún momento decía proteger. En ningún momento decía querer.

Valeria frunció el ceño en mitad de una página y releyó la misma frase tres veces.

Será el lenguaje antiguo, se dijo, los libros viejos hablan así.

El hechizo en sí era simple. Una vela, las palabras y una gota de sangre de cada persona unida por el lazo.

La sangre la hizo dudar un momento; ningún hechizo de Etera pedia sangre. Pero el libro lo explicaba con una lógica que parecía tener sentido: el lazo vive en la sangre, y solo la sangre puede alcanzarlo.

Valeria cerró el libro y lo abrazó contra el pecho. Mañana se lo pediría a Aria.

✦

La buscó por la mañana, antes de salir hacia la academia.

-Aria.

-¿Mmm?

-¿Me ayudarías con un hechizo?

Aria se giró, con una ceja levantada. Hacía semanas que Valeria no mostraba interés por nada; ni por las clases, ni por los hechizos, ni por el mundo en general.

-¿De qué es?

-Es solo... -Valeria bajó un poco la voz, casi con timidez-. Es para hacer más fuertes los lazos que nos unen.

Aria parpadeó.

-¿Los lazos que nos unen?

-Lo encontré en un libro de la biblioteca. -Valeria se encogió de hombros, como quitándole importancia, aunque sus ojos decían lo contrario-. Es una tontería, seguramente. Pero pensé que... no sé. Después de todo lo que ha pasado, me gustaría.

Aria la miró un momento.

Todo aquello era un poco extraño.

Pero su prima tenía un brillo en los ojos que llevaba semanas sin ver y Aria habría aceptado cualquier cosa con tal de no apagarlo otra vez.

-Vale -dijo-. ¿Cuándo?

La sonrisa de Valeria fue la de antes. La de siempre.

-Hoy durante el descanso.

✦

El descanso las encontró en el rincón más apartado del patio, detrás del muro bajo donde casi nadie iba. Valeria sacó una vela pequeña de entre los pliegues de la túnica y la encendió con un gesto. Luego desenrolló un trozo de pergamino donde había copiado las palabras.

-¿Has memorizado tu parte? -preguntó.

-Valeria, son dos frases.

-¿Las has memorizado o no?

-Que sí. -Aria contuvo una sonrisa-. Mandona.

Se sentaron una frente a la otra, con la vela en medio. Valeria sacó un alfiler. Aria lo miró.

-¿Eso para qué es?

-El hechizo pide una gota de sangre de cada una. -Valeria lo dijo deprisa, como quien pasa por encima de un detalle sin importancia-. El lazo vive en la sangre.

Aria se quedó mirando el alfiler un segundo más de la cuenta. Algo dentro de ella - algo pequeño y sin voz - se removió.

Pero entonces miró a Valeria, la ilusión en su cara, las ganas, la primera chispa de vida en semanas.

Extendió el dedo.

-Hazlo rápido.

El pinchazo fue apenas nada, dos gotas cayeron sobre la base de la vela, una junto a la otra, y se mezclaron despacio sobre la cera.

Valeria respiró hondo y leyó:

-Vinclar ennoth, sanguis duareth... Aria continuó con su parte:

-...solveth mir vinclar.

La llama tembló un instante y ya está.

Las dos se quedaron mirando la vela, luego se miraron entre ellas.

-¿Notas algo? -preguntó Valeria.

-No. ¿Y tú?

-Nada.

Silencio.

-Lo hemos hecho mal -dijo Aria.

-Imposible. Lo he leído veinte veces.

-Pues entonces tu libro no funciona.

Valeria abrió la boca para protestar y se le escapó la risa. Aria la siguió un segundo después. Y durante un momento, sentadas en el suelo detrás del muro con una vela medio derretida entre las dos, fueron solo dos primas riéndose de su propio desastre.

✦

Al otro lado del patio, Gael se quedó inmóvil a mitad de una frase.

Fue como un tirón; leve, casi imperceptible, como cuando un hilo se tensa en algún lugar profundo. Frunció el ceño y giró la cabeza hacia el patio, buscando algo que no sabía nombrar.

En el extremo opuesto, Elias también lo sintió.

✦

Cuando las clases terminaron, Gael apareció junto a Aria antes de que pudiera salir del aula.
-Quédate un momento.

Aria se quedó. Los demás alumnos fueron saliendo uno a uno, y cuando el aula quedó vacía, Gael la miró en silencio durante unos segundos que se hicieron largos.

-¿Qué ha pasado hoy? Aria parpadeó.

-¿Cómo?

-Ya os lo dije el primer día de clase. -Gael no apartaba los ojos de ella-.

-Estamos conectados por un lazo, siento un leve cambio en el tuyo.

El estómago de Aria se encogió.

-No... no sé de qué me hablas.

Gael la observó un momento más, Aria sostuvo la mirada como pudo, con el corazón golpeándole las costillas y la cara más quieta que pudo construir.

-Ya -dijo Gael al fin.

No insistió. No amenazó.

-Puedes irte.

Aria salió del aula intentando caminar a velocidad normal, en cuanto dobló la esquina del pasillo, echó a correr.

✦

Encontró a Valeria en la puerta del colegio, esperándola.

-Valeria. -Aria llegó sin aliento, mirando hacia atrás para asegurarse de que nadie las oía-. Gael lo ha notado.

-¿Qué?

-El lazo. Me ha dicho que siente un cambio en mi lazo. -Aria tragó aire-.

-Me lo ha preguntado directamente. No le he dicho nada, pero...

Se calló.

Porque Valeria estaba sonriendo.




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