Después del almuerzo, Urara regresó a su cuarto y pasó toda la tarde sin que ocurriera nada extraño; se la pasó echada en la cama, dándole vueltas a la teoría que se le había ocurrido y pensando en cómo podría ponerla a prueba. En medio de esas dudas, se acordó de sus amigos, por lo que estiró el brazo, agarró el celular y pensó en escribirle a Julián, su amigo de la infancia, para averiguar cómo estaban las cosas en el colegio tras el incidente del salón; sin embargo, no sabía exactamente cómo iniciar la conversación, ya que estaba segura de que él ya se había enterado de todo porque el chisme corría como pólvora en el instituto.
— Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estás? —decidió teclear finalmente.
— No creo que se lo tome muy bien si empiezo la conversación así —pensó con duda antes de enviar el mensaje.
Durante un minuto entero no hubo ninguna respuesta, por lo que Urara se cansó de esperar y se dispuso a salir de su habitación para estirar las piernas tras haber estado acostada tanto tiempo; pero, justo en ese instante, el celular vibró en su mano notificándole un nuevo mensaje.
— ¿Es en serio, Urara? ¿Eso es lo primero que vas a escribir? —le respondió su amigo Julián, dejando en evidencia su molestia a través de la pantalla.
— Ya sabía que no iba a reaccionar bien —se dijo Urara al leer la pantalla, antes de teclear su respuesta.
Bueno, es lo típico para empezar una conversación, ¿no? —respondió urara al mensaje de su amigo
Claro, sería lo normal si no fuera porque todo el colegio anda diciendo que terminaste en una clínica debido a una especie de paranoia en pleno salón —replicó Julián, dejando claro el tipo de rumores que le habían llegado.
Ay, Julián, tampoco exageres, no creo que fuera una paranoia, solamente era estrés —le respondió Urara para hacerle creer otra cosa; sin embargo, en cuanto vio lo que había enviado, se empezó a arrepentirse por dentro y pensó: «Creo que lo empeoré».
¿Cómo que estoy exagerando, Urara? Si me han dicho que has gritado en todo el salón que paren la broma, para luego dar un grito de una manera preocupante y salir corriendo desesperada hacia el baño de mujeres a encerrarte. Si eso no es paranoia, entonces no sé qué es; y lo peor es que terminas en el hospital, así que disculpa si crees que estoy exagerando —le respondió su amigo Julián.
— Ya sabía que se iba a poner así, no debí haber mandado ese mensaje —pensó Urara después de haber visto la respuesta de Julián.
Okey, me disculpo por el mensaje anterior, no exageraste, pero para mí era solamente estrés, no paranoia. Además, ya estoy en la casa recuperándome— le respondió urara.
¿En serio, Urara? ¿Eso es lo único que vas a decir después de todo lo que te he dicho? ¿No tienes algo más que decir? Y gracias por decirme todo esto y que ya estás mejor —le respondió Julián, todavía molesto, siendo evidente que había sido sarcástico en el último mensaje.
— No entiendo, Julián. ¿Qué quieres decirme? ya me disculpé y también te escribí para decirte que estoy mejor y para que no te preocupes —le respondió a Julián, porque todavía no entendía por qué él seguía molesto después de la disculpa.
— Bueno, ya que al parecer “mi querida amiga de la infancia” no entiende por qué sigo molesto, te lo diré. En primer lugar, en vez de enterarme por mi mejor amiga de que algo le había pasado, me entero al siguiente día en la mañana por el chisme de la escuela, y sin pensar en cómo se van a poner las personas cercanas a ella al escuchar eso. Y lo peor es que esa dichosa mejor amiga, cuando ya está mejor, no se pone en contacto con sus amigos y piensa que lo mejor es hacerlo también al día siguiente, pero ya casi a las 5:00 p. m. para escribir "¿qué tal cómo estás?" como si nada grave hubiera sucedido. Así que ahora, ¿ya has entendido, mi queridita amiga de la infancia, por qué estoy molesto? Y si me preguntas para ver cómo está el colegio después de lo sucedido, te juro que te dejo de hablar por un tiempo —le respondió Julián.
Urara se quedó mirando la pantalla fijamente, sintiendo cómo el estómago se le comprimía por completo; quiso escribir de inmediato, pero antes de que pudiera teclear una sola letra, vio que el estado de Julián cambiaba a desconectado.
— En serio la cagué... tiene mucha razón Julián —pensó, rota por la culpa, mientras dejaba el celular en la cama.
Se puso a pensar en cómo reaccionarían sus amigas, que habían estado más cerca del suceso, cuando ella les escribiera; si su amigo de la infancia se había comportado de esa manera, realmente no le sorprendería que sus amigas reaccionaran igual o peor, lo que le generó un miedo y una ansiedad enormes. Por un momento, solamente podía mirar el celular e imaginar diferentes escenarios donde el más grave era que sus amigas le dejaran de hablar por un buen tiempo; a pesar de ese sentimiento, decidió agarrar el teléfono y escribir en el grupo que tenía con ellas:
— Hola, chicas, ya me encuentro mucho mejor y mañana lo más probable es que vaya a la escuela.
— ¡Oh, ¡qué bueno, amiga! No sabes lo preocupadas que estábamos cuando te vimos en ese estado —le respondió de inmediato su amiga Susana, pues el mensaje fue leído por todas al instante.
— Sí, en serio, amiga, no sabes el susto que me disté cuando vi que estabas paranoica y más cuando al final te desmayaste. ¿Pero el doctor te ha dicho qué es lo que pasó? —indagó su amiga Carla.
— Sí, amiga, al parecer solamente había estado estresada y eso me había afectado mentalmente; por eso es que hoy día no fui al colegio, para poder descansar —le respondió Urara, a lo que Carla correspondió
Oh, entonces ahora no puedes estresarte mucho. Yo me voy a asegurar de eso, no quiero verte entrar en ese estado— le respondió su amiga carla.
— Gracias, amiga, pero no hay que preocuparse, no creo que pase de nuevo —le contestó.
Después de unos minutos, su amiga Cecilia recién respondió al mensaje largo que había dejado Urara en el grupo: